EN JOSÉ MARTÍ CULMINARON…

En José Martí culminaron todas las tradiciones cubanas de la palabra, cuyo esbozo y desarrollo vimos en épocas anteriores. Su figura recuerda lo que los místicos orientales llaman el alibi, capaz de crear por la imagen la realidad.[1] Su importancia rebasa los límites de nuestra frontera, para ser una figura universal en las perspectivas que proyecta. El desarrollo de Martí fue muy distinto que el de Casal. Martí retomó la tradición, profundizó el conocimiento de nuestros clásicos, se empapó de las zonas más creadoras de nuestra expresión. Fue un reavivador del idioma, es decir, el español, desde la época de los grandes clásicos, Santa Teresa, Quevedo, Gracián, no volverá a lucir tan ágil, flexible y novedoso como en Martí. Después de la muerte de Baltasar Gracián, el idioma español comenzó a languidecer; épocas de afrancesamiento, escritores más dados a la erudición que al sentido de la elegancia verbal, reacción contra los clásicos, habían llevado el idioma a una postración que se prolongaba con exceso. Dos escritores americanos en el siglo pasado, contemporáneos de Martí, habían comenzado a comunicarle al idioma nuevas posibilidades. Uno, el argentino Sarmiento, escribe en una prosa viva y escueta; el otro, Juan Montalvo,[2] conocedor hasta el arcaísmo del idioma, sus Catilinarias,[3] escritas contra los tiranos de su época, merecieron los elogios de Unamuno.[4] Pero Sarmiento escribía regido por su fuerte temperamento, sin preocupaciones de estilo, y Montalvo se demoraba en una labor de taracea, queriendo llevar el idioma más hacia el pasado que hacia los tiempos nuevos. Otro es el caso de Martí, que se apoderó de la herencia de los clásicos, pero para comunicarle nueva vida y esplendor.

     Martí retoma todas las tradiciones cubanas y las lleva a su plenitud. Desde aquella seda de caballo, que vimos que Colón consignaba en su Diario, mientras miraba el pelo de las indias, y que quedaba como símbolo de una fineza que tenía una increíble capacidad de resistencia, es llevada por Martí esa tradición al más alto grado de su realización, pues en la tenacidad con que persiguió los ideales separatistas, desde su niñez hasta su muerte, hay la más honda fineza y la más invencible resistencia. Martí puso al servicio de su causa los recursos más cautivadores del arte y de la inteligencia. Así como vimos aquella tradición de la palabra aparecer a fines del siglo xviii, alcanzando un inicial momento de dignidad verbal, en Martí alcanzó su plenitud. Como orador difícilmente se encuentra en los ámbitos del idioma quien pueda comparársele. Sus grandes oraciones,[6] como la que le dedicó a Simón Bolívar,[5] son piezas únicas, muy alejadas, por su concisión nerviosa y rápida y su manera peculiarísima, de las parrafadas castelarinas.[7] Su epistolario,[8] cartas escritas en la urgencia necesaria a cada instante, revelan la riqueza de su espontaneidad, de su naturaleza.

     Martí vive a plenitud tres posibilidades expresivas del hombre americano, la del barroco, la del romanticismo y la de la autoctonía. Parece estar en el centro mismo de esa triple tradición. Su conocimiento del lenguaje de la gran época clásica, el remolino de su vida que lo lleva a ser una figura esencial del romanticismo americano, al mismo tiempo que la inauguración de la verdadera autoctonía de lo que él llamaba Madre América,[9] le dan a su obra el primer rango entre los escritores de América. Martí llega a ser considerado como un maestro de la nueva expresión. Tanto en la prosa como en el verso, la deuda de Darío con Martí es grande.[10] Darío no le escatimó nunca su mayor admiración. Cuando Martí muere, Darío le dedica en La Nación, de Buenos Aires, un deslumbrador artículo.[11]

     La poesía de Martí tiene dos vertientes. Una, la de los Versos sencillos en los que vuelve a la poesía popular. Sobre esta sencillez de Martí se ha dicho, desde Gabriela Mistral[12] hasta Eugenio Florit,[13] lo que había que decir con justeza. Es una sencillez que reposa en un conocimiento natural, acendrado desde luego por las más diversas lecturas, pero logrando siempre como los más grandes poetas un efecto muy iluminado de la palabra. Pero también se adelanta, con sus Versos libres, a las posibilidades nuevas de la palabra. Aquí logra Martí, signo de la gran poesía, una expresión supraverbo, donde se borran las palabras y el silencio, para alcanzar el protón universal. Hasta la llegada de Martí, según ha reconocido el mismo Unamuno, el verso libre no había tenido semejante tratamiento.[14] Todo el Martí, clásico e innovador, está en esos versos. Ningún poeta del modernismo llegó a dominar el verso, liberado de escuelas, de ismos, de dogmatismos, como Martí, de tal manera que sus ganancias se muestran más por el propio temperamento que por ninguna condición de época o de simple influencia literaria. Ezequiel Martínez Estrada, el notable escritor argentino, quien dedicó los diez últimos años de su vida a estudiar su obra,[15] lo ha considerado la personalidad más señera que han dado las letras hispanoamericanas.[16]

     Fue suerte inefable para todos los cubanos que aquel que trajo las innovaciones del verbo las supiese encarnar en la historia. Fue suerte también que el que conmovió las esencias de nuestro ser fue el que reveló los secretos del hacer. El verbo fue así la palabra y el movimiento del devenir. La palabra se apoderó del tiempo histórico, como el pneuma ordenando y destinando las aguas. El que trajo las innovaciones del verbo fue el que regaló el espejo con la nueva imagen del ser y de la muerte.[17] En todos los comienzos de la espera trae la orden y la distribución de la batalla. Trae también la llave, después de recorrer los maleficios de la selva de álamos negros de Proserpina,[18] para penetrar en el castillo de los encantamientos.

Junio y 1964

José Lezama Lima

Tomado de José Lezama Lima: “Prólogo a una antología” (Antología de la poesía cubana, La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965, 3 t., t. I, pp. 41-42), La cantidad hechizada (1970), La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014 (edic. digital), pp. 315-319; Obras completas, introducción de Cintio Vitier, México, Aguilar, 1975-1977, 2 t, t. II, pp. 1036-1038; Martí en Lezama, compilación y presentación de Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2001, pp. 61-65.

Véase Bibliografía martiana de José Lezama Lima.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] “José Martí fue para todos nosotros el único que logró penetrar en la casa del alibi. El estado místico, el alibi, donde la imaginación puede engendrar el sucedido y cada hecho se transfigura en el espejo de los enigmas”. (José Lezama Lima: “Secularidad de José Martí”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1953, año X, no. 33, p. 3). Véase el poema de José Lezama Lima, “La casa del alibi” [1953], publicado por primera vez por Cintio Vitier en “Hallazgo de una profecía”, Casa de las Américas, septiembre-octubre, 1986, no. 158, pp. 30-38. Después apareció en su libro Demandando a la vida su secreto, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2021, pp. 27-42. Ese mismo ensayo donde aparece el poema de Lezama se reprodujo con el título “‘La casa del alibi’, en Obras 4. Crítica 2, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 434-449.

[2] Juan María Montalvo Fiallos (1832-1889). Véase Medardo Vitier: “Los siete tratados de Montalvo”, Del ensayo americano, México, Fondo de Cultura Económica, 1945, pp. 75-94.

[3] Las Catilinarias, 1880.

[4] Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936).

[5] Véase Américo Lugo: “El orador”, epíg. de “José Martí”, José Martí: Flor y lava (antología), prólogo de Américo Lugo, París, Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas, Librería Paul Ollendorf, [1910], pp. XIII-XV; Salvador García Agüero: “Martí, orador”, Vida y pensamiento de Martí, La Habana, 1942, t. II; Camilo Carrancá y Trujillo: “Martí y la oratoria”, El Nacional, México, 9 de febrero de 1953; Medardo Vitier: “Lineamientos formales e ideológicos de los discursos de Martí”, Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, julio-diciembre de 1954; Cintio Vitier: “Los discursos de Martí” (1964), en Cintio Vitier y Fina García Marruz: Temas martianos. Primera serie (1969), La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2011, pp. 83-114; Juan Marinello Vidaurreta: “Prólogo al libro Discursos de José Martí”, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1974; Luis Álvarez Álvarez: Estrofa, imagen, fundación: la oratoria de José Martí, La Habana, Ediciones Casa de las Américas, 1995; Joel James Figarola: “José Martí: comunicador social”, José Martí en su dimensión única, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 1997; José Lezama Lima: “Está el Martí de los discursos”, en Félix Guerra: Para leer debajo de un sicomoro. Entrevistas con José Lezama Lima, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1998, pp. 22-23; Roberto Fernández Retamar: “Discursos y cartas”, epíg. de “Naturalidad y novedad en la literatura martiana”, Introducción a José Martí, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 322-325; Pedro Pablo Rodríguez: “El orador”, en De todas partes, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2012, pp. 113-117.

[6] JM: “Discurso en honor de Simón Bolívar”, Nueva York, Sociedad Literaria Hispanoamericana, 28 de octubre de 1893, De la historia a las letras: Bolívar por Martí. Antología crítica, introducción, selección y notas de Lourdes Ocampo Andina, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Ediciones Boloña, 2012, pp. 101-113.

[7] Referencia a Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899).

[8] Véase Fina García Marruz: “Las cartas de Martí” (1968), La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2011, pp. 403-429; y Cintio Vitier: “Las cartas de Martí. (Contribución a un estudio integral de su obra literaria)”, Albur, órgano de los estudiantes del ISA, año IV, número especial, La Habana, mayo de 1992, pp. 3-56. [“Las cartas de Martí hasta 1881. (Contribución a un estudio integral de su obra literaria)” y “Las cartas de Martí de 1882 a 1888. (Contribución a un estudio integral de su obra literaria)”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1992 y 1994, nos. 15 y 17, pp. 198-216 y 237-259, respectivamente. También el “Capítulo XI. Cartas. III. 1889-1895”, Vida y obra del Apóstol José Martí, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2004, pp. 280-312].

[9] JM: “Madre América”, discurso en la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York, 19 de diciembre de 1889, OC, t. 6, pp. 133-140. Otros textos relacionados: “la virgen madre América” (“Una visita a la Exposición de Bellas Artes”, Revista Universal, México, 28 de diciembre de 1875, OCEC, t. 3, p. 137); “tierras de mi Madre América”: (“[Diario de Izabal a Zacapa, 26-29 de mayo de 1877]”, OCEC, t. 5, p. 75); “nuestra Madre América” (Patria y Libertad. Drama indio, Guatemala, marzo 1877-julio 1878, OCEC, t. 5, p. 115); “mi gran madre América” (“Carta a Valero Pujol”, [Guatemala], 27 de noviembre [de 1877], OCEC, t. 5, p. 191); “mi inmensa madre América” (“[Apuntes para las conferencias sobre América]”, [La Habana, 1879], OCEC, t. 6, p. 92); “la gran madre América” (Fragmentos, OC, t. 22, p. 85).

[10] Véase Osvaldo Bazil: “La huella de Martí en Rubén Darío” (1932), Antología crítica de José Martí, recopilación, introducción y notas de Manuel Pedro González, Universidad de Oriente, México, D. F., Publicaciones de la Editorial Cultura, T. G., S. A., 1960, pp. 237-245; Ángel Augier: “Presencia de Martí en Rubén Darío”, Acción y poesía en José Martí, La Habana, Centro de Estudios Martianos-Editorial Letras Cubanas, 1982; Ivan A. Schulman: “Martí y Darío frente a Centroamérica: perspectivas de realidad y ensueño”, Anuario Martiano, La Habana, Sala Martí de la Biblioteca Nacional, 1969, no. 1, pp. 59-93; Roberto Fernández Retamar: “Sobre Martí y Darío. En defensa de la poesía”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1983, no. 6, pp. 164-167; Regino Boti: “Martí en Darío: contribución crítica”, Crítica literaria, La Habana, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 1985, pp. 81-91; José Olivio Jiménez: “Martí, Darío y la intuición modernista de la armonía universal”, La raíz y el ala: aproximaciones críticas a la obra literaria de José Martí, Valencia, España, Pre-Textos, 1993; Juan Marinello: “Darío y Martí: un gran diálogo americano”, República de las Letras, Madrid, abril-junio de 1995; Fina García Marruz: Darío, Martí y lo germinal americano, La Habana, Ediciones Unión, 2001; Caridad Atencio: “Otra mirada a las coincidencias Darío–Martí”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2016, no. 39, pp. 117-120; y Osmar Sánchez Aguilera: “Martí en Darío hacia 1898”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2019, no. 41, pp. 183-194.

[11] Rubén Darío: “José Martí” (La Nación, Buenos Aires, 1º de junio de 1895), Antología crítica de José Martí, ob. cit., pp. 3-11.

[12] Gabriela Mistral: “Los Versos sencillos de José Martí” (1938), Anuario del Centro Estudios Martianos, La Habana, 1991, no. 14, pp. 244-257; La palabra viva de José Martí, selección, prólogo y notas de Carmen Suárez León, La Habana, Editorial Pablo de la Torriente, 2007, pp. 32-45. 

[13] Eugenio Florit: “Notas sobre la poesía de Martí”, Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, La Habana, octubre-diciembre de 1952; y Poesía en José Martí, Juan Ramón Jiménez, Alfonso Reyes, Federico García Lorca y Pablo Neruda: cinco ensayos, Miami, Eds. Universal, 1978.

[14] Miguel de Unamuno: “Sobre los Versos libres de Martí”, Archivo José Martí 11, al cuidado de Félix Lizaso, La Habana, enero-diciembre de 1947, pp. 7-9.

[15] Véase Roberto Fernández Retamar: “Desde el Martí de Ezequiel Martínez Estrada”, Fervor de la Argentina, La Habana, Ediciones Abril, 2013, pp. 117-138. (Conferencia leída en Bahía Blanca, Argentina, el 15 de abril de 1993 en el Primer Congreso Internacional sobre E. Martínez Estrada).

[16] Véase Ezequiel Martínez Estrada: “Sarmiento y Martí”, Cuadernos Americanos, México, año V, v. XXVIII, no. 4, julio-agosto de 1946; “Martí revolucionario”, Todo Martí, Lunes de Revolución, núm. especial, 30 de enero de 1961, no. 93, pp. 4-5; Martí: el héroe y su acción revolucionaria, Ciudad de México, Siglo XXI Editores, 1966; Martí revolucionario, 2da edición, prólogo de Roberto Fernández Retamar, La Habana, Casa de las Américas, 1974; y La doctrina, el apóstol, Bahía Blanca, Argentina, 2001.

[17] “Con las innovaciones del verbo, Martí nos trajo además maneras sencillas del ser, la altivez resonante cuando el aceite hervía contra la Isla, así como un modo límpido de pasar a difunto, abrazando la tarde con una constancia que ni las noches enmudecen”. [José Lezama Lima: “Pan diamantino para muchos otros amaneceres”, Para leer debajo de un sicomoro (1998), entrevistas de Félix Guerra a José Lezama Lima, prólogo de Roberto Manzano e ilustraciones de Amilkar Feria, La Habana, Sureditores, 2013, p. 152].

[18] Proserpina (Perséfone en griego). En la mitología romana es la diosa de la primavera, la vegetación y la reina del inframundo; hija de Júpiter (Zeus) y Ceres (Deméter)