Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645)

Célebre escritor español. Cultivador de varios géneros literarios.[1] Es famoso sobre todo por sus letrillas y sonetos, y por su novela de corte satírico Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos.

     Para José Martí, Quevedo es “tan grande como el que más, de los que lo fueron en su tiempo,—o más que todos”[2] y “ahondó tanto en lo que venía, que los que hoy vivimos, con su lengua hablamos”.[3] Pese a todos los reconocimientos antes citados y otros más que se puedan adicionar,[4] Martí llegó a considerar que a Quevedo le “sobró corte y le faltó pobreza, para ser tan grande como Cervantes”.[5]

     Véanse los ensayos de Juan Marinello: “Españolidad literaria de José Martí” (1941), 18 ensayos martianos, La Habana, Ediciones Unión y Centro de Estudios Martianos, 1998, pp. 61-63; de Fina García Marruz: “El idioma de Quevedo y los juicios de Martí”, Quevedo, México, Fondo de Cultura Económica, 2003, pp. 87-111;[6] y de David Leyva González, “Francisco de Quevedo y José Martí”, La sinuosa imagen grotesca en José Martí, Santa Clara, Ediciones Sed de Belleza, 2014, pp. 119-135. [Tomado de OCEC, t. 8, p. 223. (Nota modificada por el E. del sitio web)].

     Otros textos relacionados:

  • José Lezama Lima, “El centenario de Quevedo”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, invierno de 1945, año II, no. 8, pp. 46-47.[7]
  • David Leyva González: “Quevedo en Martí”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, no. 30, pp. 58-67.

Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] “Las mejores piezas de Quevedo existen más allá de la emoción que las engendró y de las comunes ideas que las informan. No son oscuras; eluden el error de perturbar, o de distraer, con enigmas. Son (para de alguna manera decirlo) objetos verbales, puros e independientes como una espada o como un anillo de plata. […] // Trescientos años ha cumplido la muerte corporal de Quevedo, pero este sigue siendo el primer artífice de las letras hispánicas. Como Joyce, como Goethe, como Shakespeare, como Dante, como ningún otro escritor, Francisco de Quevedo es menos un hombre que una dilatada y compleja literatura”. (Jorge Luis Borges: “Quevedo”, Páginas escogidas, selección y prólogo de Roberto Fernández Retamar, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2006, p. 199).

[2] JM: “El centenario de Calderón. Primeras nuevas”, La Opinión Nacional, Caracas, 15 de junio de 1881, OCEC, t. 8, p. 122.

[3] JM: “El centenario de Calderón. Últimas nuevas”, La Opinión Nacional, Caracas, 28 de junio de 1881, OCEC, t. 8, p. 131.

[4] Reynaldo González señala en su ensayo “El Siglo de Oro: destellos de una mortaja”, que Quevedo escribía “más con buril que con pluma y con una delicadeza firme y un sentido sabichoso que todavía deslumbran. Estableció en verso y en prosa lo que denominarían la forma barroca española, que implicaba un sentido rítmico, un tino verbal y un esplendor conceptual tan amplios como castigados por el rigor y la exigencia”.  (Espiral de interrogantes, La Habana, Ediciones Boloña, 2004, pp. 153-154).

[5] JM: “Cuaderno de apuntes no. 18” [1894], OC, t. 21, p. 383. Sin embargo, más adelante, en este mismo Cuaderno los enaltece a ambos: “Se ha de llegar por el conocimiento y serenidad supremos, a la risa de Cervantes, y a la sonrisa de Quevedo”. (Ibíd., p. 409).

[6] Letras Cubanas, 2006, pp. 20-35; La Isla Infinita. Revista de Poesía, La Habana, Editorial Letras Cubans, 2006, pp. 20-35.

[7] En Analecta del reloj aparece publicado bajo el título “Cien años más para Quevedo”, La Habana, Orígenes, Impresores Úcar, García, s. a., 1953, pp. 244-246.