SECULARIDAD DE JOSÉ MARTÍ[1]

José Martí fue para todos nosotros el único que logró penetrar en la casa del alibi.[2] El estado místico, el alibi, donde la imaginación puede engendrar el sucedido y cada hecho se transfi­gura en el espejo de los enigmas.[3]

     Su imaginación se ha vuelto cenital y misteriosa, y ha penetrado en su misión con el convencimiento de que quien huye de la escarcha se encuentra con la nieve. Arrostró esa escarcha; amarró su caballo en el tronco de cuerpo y aceite, y penetró alegremente en la casa del alibi. Las palabras finales de su Diario, uno de los más misteriosos sonidos de palabras que están en nuestro idioma, bas­tan para llenar la casa y sus extrañas interrupciones frente al tiempo.[4]

     En la soberanía de su estilo se percibe la mañana del colibrí,[5] la sombría majestad de la pitahaya,[6] y los arteriales nudos del ce­drón.[7] Podía hablar, dice Rubén Darío, delante de Odín,[8] rodeado de reyes.[9]

     Su permanencia indescifrada continúa en sus inmensos memoria­les dirigidos a un rey secuestrado; la hipóstasis o sustantivización de los alegres misterios de su pueblo. En sus cartas de relación nos describe para su primera secularidad una tierra intocada, sím­bolos que aún no hemos sabido descifrar como operantes fuerzas históricas.

     Et caro nova fiet in die irae. Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza.

     La majestad de su ley y la gravedad de sus acentos, nos recuer­dan que para los griegos mártir significa testigo. Testigo de su pue­blo y de sus palabras, será siempre un cerrado impedimento a la intrascendencia y la banalidad. Y si solo podemos creer, según la extraña sentencia de Pascal, a los testigos muertos en la batalla, es en las decisiones de su muerte donde nuestra forma como pue­blo adquirió su esplendor al unir el testimonio con su ausencia, dar una fe sustantiva para las cosas que no existen, o a la terrenal gravitación de las más oscuras imágenes.

     Orígenes reúne un grupo de escritores reverentes para las imágenes de Martí.[10] Sorprende en su primera secularidad la viviente fer­tilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes.

José Lezama Lima

Tomado de Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1953, año X, no. 33, pp. 3-4.

          Otros textos dedicados a Martí en este número de Orígenes consagrado a su centenario:

  • Eugenio Florit: “Mi Martí”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1953, año X, no. 33, 47-48.
  • Ángel Gaztelu: “Versos Patrios a Martí”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1953, año X, no. 33, 64-66.
  • Justo Rodríguez Santos: “Galope inacabado”(fragmento), Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1953, año X, 33, pp. 89-95.

Véase Bibliografía martiana de José Lezama Lima.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] “[…] la página introductoria [“Secularidad de José Martí”], de aquel número de Orígenes, página que, ella sola, fue el mayor homenaje y, sobre todo, el fogonazo profético que entonces nadie podía entender. No se trataba ya de las artes adivinatorias de Oppiano Licario […]. No se trataba ya de la ironía, sucedáneo del destino y buscadora de un logos inabarcable, sino del destino mismo como ausencia de telos, que era nuestra orfandad mayor. Se trataba, en suma, de lo inaudito, de entrar a tientas en el espejo oracular, casi diríamos nostradámico, donde la nebulosa de una imagen —la del ‘reconocimiento y resurrección’ histórica de José Martí— se dibujaba con puntas imantadas por un suceso inminente y desconocido”. [Cintio Vitier: “La casa del alibi”, Obras 4. Crítica 2, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 437-438).

“Todo Orígenes se hizo para que un día pudiera aparecer ‘Secularidad de José Martí’, la página más hermosa, más grande y más interminable escrita en la República. La que más nos compromete. Su perenne profecía”. (C. Vitier: “Palabras de apertura”, Coloquio Internacional Cincuentenario de Orígenes (Casa de las Américas, La Habana, junio de 1994), Obras 4. Crítica 2, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, p. 502. Sigue diciendo Cintio que “María Zambrano […] escribió la segunda página más esencial de Orígenes, ‘La Cuba secreta’, que injertó en nuestra oscuridad su vocación de aurora”.

“[…] era un sobrecogimiento que nos producía la figura de Martí […] él nos interesaba más que todo, pero no nos atrevíamos a hablar de él. Para hablar de él tuvimos la necesidad de ese silencio, primero. Silencio, digamos, de preparación, que no acabó nunca en el caso de Lezama. Sin embargo, todas las cosas que Lezama escribió de Martí son importantes, son esenciales; las que escribió sobre la poesía, centro de su meditación en esos ensayos no dedicados absolutamente a Martí. // Sin embargo, creo que el tema esencial de Orígenes es Martí, aquel hombre del cual no escribíamos […] Ese silencio solamente se rompió en el 53, cuando sale esa página de Lezama […] ‘Secularidad de José Martí’, que fue lo más importante que apareció en Orígenes en sus doce años. Una verdadera revelación del Martí nuestro. // […] Lezama descubrió, reveló en esa página tan breve el Martí que podríamos llamar generacional […] Lezama decía que la única generación a la que debíamos aspirar a pertenecer era la de José Martí […] // Él presenta allí a Martí, fundamentalmente, como nuestra máxima impulsión histórica”. (Cintio Vitier: “José Martí y la crítica de participación”, entrevista de Patricia Ramos, La Gaceta de Cuba, La Habana, julio-agosto de 2018, no. 4, pp. 5‑6).

[2]José Lezama Lima: “La casa del alibi” [1953], en Cintio Vitier: ““La casa del alibi”, ed. cit., pp. 441-444.

[3] “En José Martí culminaron todas las tradiciones cubanas de la palabra […]. Su figura recuerda lo que los místicos orientales llaman el alibi, capaz de crear por la imagen la realidad. Su importancia rebasa los límites de nuestra frontera, para ser una figura universal en las perspectivas que proyecta”. (José Lezama Lima: “[En José Martí culminaron…]”, en “Prólogo”, Antología de la poesía cubana, 3 t., La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965, t. II, p. 1036).

[4] “[…] la escritura dibujada de su Diario, […] es para mí el más grande poema escrito por un cubano, donde las vivencias de su sabiduría se vuelcan en una dimensión colosal. […] // En Cuba solamente ha sido alcanzada la sabiduría por el taita, el negro esclavo al llegar a su ancianidad, y en la poesía de la sacralidad que culmina en José Martí. […] // La sabiduría del taita es la que ya Martí atesora en su Diario […]. Su lenguaje no es nunca aprendido, sino pintado como un garabato para ser reconocido por la siguiente caravana”. [José Lezama Lima: “Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (Siglos XVIII y XIX)” (1966), La cantidad hechizada (1970), La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014 (edic. digital), pp. 225-229].

“Cuando el Maestro anuncia la lluvia de la noche, el baño en el Contramaestre, la caricia del agua que corre, la seda del agua, y redacta ansioso durante el crepúsculo estrellado del 15, mayo en el almanaque, a cuatro jornadas del 19, está anticipando varios devenires […] el tiempo va abriendo páginas concurrentes, […] esas hojas y todo el árbol de los Diarios, son iluminaciones y potencias del misterio. Y toda luz, más tarde o más temprano, se dirige a sus destinos. Yo bebí y bebo de aquellas lluvias, bajo idénticas noches. Y tal sigiloso azar constituye uno de los placeres de existir”. (Félix Guerra: “Pan diamantino para muchos otros amaneceres” [1965-1976], Para leer debajo de un sicomoro. Entrevistas con José Lezama Lima, La Habana, Letras Cubanas, 1998, pp. 19-20).

[5]Riccordia ricordii (Gervais, 1835). También conocido como zunzún y esmeralda zunzún. Es nativo de Cuba y Bahamas.

[6] Es el nombre del fruto de diversas especies del género Selenicereus de la familia Cactaceae. Crece en América, especialmente, en México, Nicaragua, Colombia, Perú y Ecuador. También en el continente asiático. De preferencia se cultivan dos especies: Selenicereus triangularis (pitahaya amarilla) y Selenicereus ocamponis (pitahaya roja). Esta última produce los mejores frutos, pero es mucho más delicada en el proceso de acopio y distribución.

[7] Como cedrón, cidrón, hierbaluisa o verbena de Indias se conoce a la Aloysia citrodora, un arbusto caducifolio de uso ornamental, medicinal e infusorio, que puede alcanzar hasta tres metros de altura. Pertenece a la familia Verbenaceae y es originaria de Sudamérica. Crece también en el sur de Europa. Aunque por el contexto parece referirse algún tipo de cedro. Las tres especies más conocidas son el del Líbano (Cedrus libani), el del Himalaya (Cedrus deodara) y el del Atlas (Cedrus atlantica). Sin embargo, nos inclinamos por el cedro americano (Cedrela odorata), una planta mucho más común y conocida en nuestra zona fitogeográfica, aunque no es propiamente un cedro sino un tipo de caoba.

[8] Dios principal de la mitología nórdica y del neopaganismo germano. Es el dios de la sabiduría, la guerra y la muerte.

[9] “Trabajaba de casa en casa, en los muchos hogares de gentes de Cuba que en Nueva York existen; no desdeñaba al humilde; al humilde le hablaba como un buen hermano mayor, aquel sereno e indomable carácter, aquel luchador que hubiera hablado como Elciis, los cuatros día seguidos, delante del poderoso Otón rodeado de reyes”. [Rubén Darío: “José Martí” (1895), Antología crítica de José Martí, recopilación, introducción y notas de Manuel Pedro González, Universidad de Oriente, Publicaciones de la Editorial Cultura T. G. S. A., México, D. F., 1960, p. 6; José Martí. Valoración múltiple, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, t. 2 (edición al cuidado de Ana Cairo Ballester), p. 39].

[10] En este número de Orígenes, con portada de Amelia Peláez, se publicaron textos de 29 autores (José Lezama Lima, Gabriela Mistral, Dulce María Loynaz, María Zambrano, María Rosa Lida de Malkiel, Fina García Marruz, Alfonso Reyes, Francisco Romero, Vicente Aleixandre, Emilio Ballagas, Vicente Barbieri, Luis Cernuda, Eliseo Diego, Eugenio Florit, Samuel Feijóo, Roberto Fernández Retamar, Jorge Guillén, Eduardo González Lanuza, Ángel Gaztelu, Lorenzo García Vega, Alcides Yznaga, Fayad Jamís, Aldo Menéndez, Pedro de Oráa, Justo Rodríguez Santos, Octavio Smith, Cintio Vitier, Humberto Piñera Llera y Mario Parajón), pero solo cuatro de ellos participaron con textos dedicados expresamente a Martí: José Lezama Lima: “Secularidad de José Martí”, Eugenio Florit: “Mi Martí”, Ángel Gaztelu: “Versos patrios a José Martí” y Justo Rodríguez Santos: “Galope inacabado”.