“Un libro, para mí, es la mejor joya. Un libro es un mundo”

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Editorial
  • Tiempo de lectura:8 minutos de lectura
En este momento estás viendo “Un libro, para mí, es la mejor joya. Un libro es un mundo”

Habíamos escuchado hablar tanto el uno del otro que, cuando por fin nos encontramos en su librería, seguimos hablando una conversación que otros habían empezado, por nosotros.

     Fue un encuentro fascinante en su librería HG, en Collado Mediano, España. A una hora de Madrid. Ese día se celebraba una sesión más del taller de literatura de Lorenzo Lunar. Él, junto a Rebeca Murga, habían iniciado la conversación.

     Fue una mañana fascinante, rodeada de afecto, risa, charla, descubrimientos y una comida deliciosa. Todos los asistentes al taller de literatura son una familia que me acogió como a un miembro más. Descubrí de inmediato que era un librero tal y como yo lo concibo: un cómplice. Un ser para el cual vivir y estar en medio de los libros es lo más natural del mundo. Una aventura para compartir.

     “Mi nombre es Herminio Gas Marín. Soy librero desde el año 86. En noviembre.

     Yo quería ser escritor. A los quince años, mi querida tía Tere me regaló Cien años de soledad. Lo leí y dije:

     -Buf… ¡Qué gente más buena! Me voy a conformar con leer…

     Me hice librero, casi un poco, por casualidad. Yo quería tener los libros. No quería vender. Lo que quería es tenerlo todo y leerlo, claro. Con diez años ya me iba quedando con todos los libros. Recuerdo Los hijos del capitán, de Julio Verne. Me costó leerla porque era demasiado pequeño. Tenía que haberla leído después.

     Mi padre leía mucho. Me llevaba a las ferias, nos leía por la noche, siempre teníamos libros en casa. De esa biblioteca de infancia parte ya no la tengo porque mi madre regalaba muchas cosas. Pero todo lo de mi padre lo tengo yo todo. Muchos clásicos. En francés… La religiosa, de Diderot, que lo he leído ahora, que me daba la coña él, para que leyera. Me ha encantado, después de tantos años. Tenía todo Lorca, toda la poesía del veintisiete, que no me dejaba sacarla porque decía que estaba prohibido en esos tiempos. Y León Felipe. Lo más curioso es que yo pensé que era mexicano. Como estaba afuera y aquí no nos decían nada…Hasta cuando una amiga americana, profesora, me dice:

      -¡Pero si es español!

     Al principio esto era una tienda de regalos. Una mezcla. Tenía pocos libros. Los que tenía repetidos, a lo mejor en casa. Y empecé a ver que los libros que me interesaban o que comentaba con la gente, les gustaba.

     -¡Recomiéndame otro!

     Eso, al inicio, me tensaba. A ver si vas a recomendar algo que no le gusta…

     El local se ha ido transformando todo. Como siempre, las causalidades. En el pueblo me dijeron que me iban a encargar los libros del cole. Llegó septiembre, se compró un dineral en libros de texto y al final, los dieron en el cole. El distribuidor, con el que luego nos hicimos muy amigos, se quedó con todos los textos y me los cambió por literatura. No hay mal que por bien no venga. La gente empezó a venir, había muchos libros, y empezó a funcionar. Fue por el año noventa. Siempre hemos estado en el mismo lugar: Calle La Fuente 18, Collado Mediano.

     No me consideraba librero hasta que conocí a Antonio Muñoz Molina y me decía:

     -Esto me sobrepasa.

     Empezamos a hablar de literatura y me hacía caso. Se llevaba algunos libros. Él me recomendaba muchos. Y pensé:

     -Joder… Esto será entonces ser un buen librero.

     Luego nos sacó un artículo en El País, que me hizo gracia.

     Un día que vino me dijo:

     -Si quieres te dedico los libros.

    -No hace falta, le respondí. Yo ya te conozco a ti, me los tengo en casa y eso que me manches los libros no me gusta mucho…

     No marco nada en los libros. Ahora, con el tiempo, tengo muchos dedicados. No me importa. Los libros de mi biblioteca no los vendo. Eso es aparte. Acá tengo muchos que no me he llevado porque no me caben en casa.

     Un libro, para mí, es la mejor joya. Un libro es un mundo. Como esta librería. Tienes tantos mundos y tantas vidas aquí, que, ¿qué más se puede querer si está todo aquí? Muñoz Molina me decía:

     -Lo bueno de la literatura es que puedes encontrar al autor en cualquier momento. Aunque ya no esté o se haya muerto. Los libros siempre están.

      Es difícil ser librero en este pueblo. Los que vienen es porque les interesa y los libros usados se buscan por la red. Casi nadie es de esta zona. Casi todos son de fuera. El comercio digital es una salida. Desde principio de siglo yo puse la página web. Me decían los libreros de Madrid:

     -Tú estás loco. ¿Cómo te van a comprar un libro, lo van a pagar, sin tenerlo?

     -¿Qué pasa?, respondí. ¿Qué no lo mandáis? A mí me pagan y yo se los mando.

      Yo quise haber montado (y menos mal que no) una red con libreros que conocía. Me dijeron que estaba loco, que eso no había que montarlo. Pues me lo hice yo por mi lado. El comercio digital te hace tener un espectro muy amplio. Tienes salida en todos los lados. Vendemos fuera.

     El tesoro de mi biblioteca es el Cien años de soledad que me ha regalado mi tía. Tengo tres ejemplares de distintas ediciones. Ese y La hojarasca. Hay otra que recomiendo mucho a los chicos aquí: Crónica de una muerte anunciada. Me parece un novelón”.

Collado Mediano, España, 8 de julio de 2026