MEDARDO VITIER GUANCHE (1886-1960)

Meardo Vitier Guanche (1886-1960)

“Mi padre fue el mejor hombre que conocí, tuvo en mí una influencia ética. Es el modelo vital que me asiste sin tregua […]”. [1]

Cintio Vitier

Pedagogo, filósofo, ensayista y orador cubano. Es una de las personalidades más influyentes del pensamiento cubano del siglo xx, por una vida centrada en el estudio profundo de la educación, la filosofía, la obra de Enrique José Varona y el magisterio y apostolado de José Martí.

     De modesto origen campesino, Medardo Vitier nació en Rancho Veloz, Las Villas, el 8 de junio de 1886. Sus padres fueron Severino Vitier Hernández, carpintero y maestro de obras; y Carolina Guanche Santos, ama de casa. Hacia 1893 inicia en Cárdenas, Matanzas, sus estudios primarios en el Colegio San Antonio de Padua. En 1904 se graduó de Maestro de Enseñanza Primaria. A partir de esta fecha ejerce como maestro en ese nivel de enseñanza en colegios privados en Cárdenas e imparte clases particulares. Tres años más tarde comienza a formar parte de la redacción del periódico La Unión. Por poco tiempo trabaja en el Colegio Inglés de Santiago de Cuba y en 1908 figura en el claustro del Colegio La Progresiva, de Cárdenas.

     En Matanzas publica su primer libro, Reflejos, en 1909. Imparte clases en el Colegio Escuela Nueva Modelo y en el Colegio Irene Tolland, de la ciudad yumurina, donde ejerció durante seis años. En 1910, inicia su colaboración en la revista matancera El Estudiante.

     En 1911 publica Martí, su obra política y literaria, que se imprime en Matanzas por la Imprenta La Pluma de Oro. Esta obra, considerada como “el primer libro dedicado a Martí como tal”,[2] es premiada por el Colegio de Abogados de la Habana.

     En 1916 funda en Matanzas el colegio Froebel, más tarde llamado Vitier, que alcanza en muy poco tiempo un notable prestigio académico, sin embargo, es clausurado años después, por motivos políticos, durante el régimen de Gerardo Machado. Dos años más tarde, en 1918, se gradúa de Doctor en Pedagogía en la Universidad de la Habana. A partir de entonces ejerce como profesor de Literatura Española en la Escuela Normal para Maestros de Matanzas, de la que fungió como director en varias ocasiones.

     Por adherirse al manifiesto de los estudiantes de la Universidad de La Habana contra la prórroga de poderes de Machado, se le instruyó expediente y se le separó de su cátedra. Trasladado a La Habana, ocupó brevemente la Secretaría de Educación en 1934, cargo que en aquellas circunstancias resultó incompatible con sus principios. Sucesivamente fue superintendente de Segunda Enseñanza, inspector general de Escuelas Normales y también, brevemente, director de Cultura en 1944. Desde 1952 ejerció como profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad Central de Las Villas, que le confirió el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía y Letras en 1956.[3] Fue miembro de número de la Academia Nacional de Artes y Letras y del Ateneo de La Habana, y correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua, y de la Academia Nacional de Ciencias de México.

     Colaboró en El Fígaro, Grafos, Cuba Contemporánea, Revista de Avance, Universidad de La Habana, Lyceum, Revista Bimestre Cubana, Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, Islas, El Mundo, Información, Diario de la Marina.

     Sus obras principales son: Martí, su obra política y literaria (1911), La ruta del sembrador; motivos de literatura y filosofía (1921), Lo fundamental: ideas sobre educación (1926), Apuntaciones literarias (1935), José Ortega y Gasset (1930), Varona, maestro de juventudes (1937), Las Ideas en Cuba (Premio Nacional de Literatura, 1938), Estudios, notas, efigies cubanas (1944), Del ensayo americano (México, 1945), La Filosofía en Cuba (México, 1948), Enrique José Varona, su pensamiento representativo (1949), Martí, estudio integral (Premio del Centenario, 1954), José de la Luz y Caballero como educador (1956), Kant, iniciación en su filosofía (1958) y Valoraciones (2 vol., 1960-1961).

     Falleció en La Habana, víctima de una penosa enfermedad, el 18 de marzo de 1960. El legado de Medardo Vitier perdura como referente del intelectual humanista. Su obra, fundamentada en la tradición filosófica y pedagógica cubanas, en primer lugar, en José Martí y Enrique José Varona, a quienes consideraba pilares del ideario cubano, contribuyó a consolidar una visión crítica y ética de la cultura nacional, integrando filosofía, literatura y pedagogía en un proyecto intelectual de gran alcance.

     Otros textos relacionados:

  • José María Chacón y Calvo: “Homenaje a Vitier”(Revista Cubana, año 12, La Habana, abril-junio de 1938, no. 34-36, pp. 233-236), en Medardo Vitier: Las ideas en Cuba (1938). La filosofía en Cuba (1948), palabras liminares de Cintio Vitier, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2002, pp. 224-225.
  • “Iluminaciones 2: Cintio y Fina, sobre Medardo Vitier”. Entrevista de Rosa Miriam Elizalde, Centro de Estudios Martianos, 8 de junio de 2006.
  • Ana Cairo Ballester: “La proeza intelectual de Medardo Vitier”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 2003, número dedicado a Fina García Marruz.
  • Miguel Rojas Gómez: “El corpus filosófico de Medardo Vitier”, Islas, revista de la Universidad Central de Las Villas, Villa Clara, 1987, no. 86.
  • Miguel Rojas Gómez: “La herencia filosófica cubana y el racionalismo de Medardo Vitier”, en Pablo Guadarrama y Miguel Rojas (comps.): El pensamiento filosófico en Cuba en el siglo XX: 1900‑1960, La Habana, Editorial Félix Varela, 1998.
  • Miguel Rojas Gómez: “Medardo Vitier: precursor de los estudios martianos en la República”, Islas, revista de la Universidad Central de Las Villas, Villa Clara, enero-marzo de 2000.
  • Mariano Rodríguez Solveira: “Nota preliminar”, Valoraciones I, Universidad Central de Las Villas, 1960, pp. VII-XI.
  • Xiomara García Machado: “Medardo Vitier en la tradición humanista del pensamiento cubano: ¿herencia o ruptura?, Islas, revista de la Universidad Central de Las Villas, Villa Clara, enero-abril de 1991, pp. 119-127.
  • Rigoberto Pupo Pupo: Medardo Vitier y la cultura cubana, La Habana, Editora Política, 2011.
  • Félix Julio Alfonso López: “Los tres sabios de Las Villas”. Sobre la investidura con el título de Doctor Honoris Causaa Ramiro Guerra Sánchez (1880-1970), Fernando Ortiz Fernández (1881-1969) y Medardo Vitier Guanche (1886-1960).
  • Autores varios: “Medardo Vitier en la memoria”, Revista de la Sociedad Cultural José Martí, La Habana, 2006, no. 17, pp. 48-51.
  • Raúl Ruiz: Vitier, artífice de la matanceridad, Matanzas, Ediciones Vigía, 2000.
  • Cintio Vitier: “Dicho en el alma”(25-04-1962), Testimonios (1959-1964), Obras 9. Poesía 2; y “Prosa para mi nacimiento”, Poemas de mayo y junio (1988), Poesía 3. Obras 10, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2011, pp. 163-164 y pp. 113-114, respectivamente.

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Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Charo Guerra: “Cintio: la poesía, el lenguaje del alma”, Matanzas. Revista literaria y artística, Matanzas, 2021, año XXII, no. 2 y 3, p. 18.

 [2] “En 1911, diez años antes de que yo naciera, mi padre publicó un estudio […] con el título: Martí, su obra política y literaria. Fue el primer libro dedicado a Martí como tal: como libro. Y ese libro llegó tarde a mis manos, por muchas razones, de todo tipo. Lo cierto es que cuando lo leí me quedé asombrado, porque él había dicho diez años antes de mi nacimiento cosas que yo creí haber descubierto en Martí.

Martí era el tema obligado de todos los oradores políticos buenos y malos de Cuba. Desde luego, era un hombre supernombrado. Mi padre se enamoró absolutamente de esa figura, de una forma radiante, de una forma entrañable y para siempre. Toda su vida se la pasó estudiando a Martí. Nunca le oí hablar a papá de cómo se acercó por primera vez a Martí, pero era imposible que no ocurriera ese encuentro.

Hay una idea que a mí me sorprendió mucho cuando leí tardíamente ese libro: la consideración del pensamiento poético y del pensamiento político de Martí como un todo; no como dos cosas distintas que se pueden estudiar separadamente, sino como un todo. Así también lo he visto siempre y todo parece indicar que lo heredé de él. No por la lectura sino por la sangre”. (“Iluminaciones 2: Cintio y Fina, sobre Medardo Vitier”. Entrevista de Rosa Miriam Elizalde, Centro de Estudios Martianos, 8 de junio de 2006).

[3] Véase Medardo Vitier: “La enseñanza de la filosofía”, discurso leído el 30 de junio de 1956 al recibir el Título de Doctor Honoris Causa en Filosofía y Letras de la Universidad Central de Las Villas (Revista Cubana, enero-diciembre de 1948), Valoraciones II, Universidad Central de Las Villas, La Habana, 1961, pp. 191-200.