LA PROEZA INTELECTUAL DE MEDARDO VITIER
I
Entre 1913 y 1929, Fernando Ortiz impulsó la empresa cultural de la Colección Cubana de Libros y Documentos Inéditos o Raros. La inspiración probablemente venía de las acciones de los intelectuales asociados al proyecto de la Revista de Cuba (1878-1884), que después continuó Enrique José Varona al frente de la Revista Cubana (1885-1895). Entonces se publicó la obra inédita de Antonio Bachiller y Morales, José Antonio Saco y José de la Luz y Caballero. La opinión de Ortiz a la satrapía de Gerardo Machado y su exilio (en 1930) determinaron el fin de este proyecto.
Alrededor de 1935 se iniciaron las gestiones de Emeterio Santovenia para convencer a un grupo de intelectuales de fundar la cooperativa Editorial Trópico. Ellos deseaban reanudar el plan de Ortiz como una de sus líneas; pero, la más privilegiada era la de que los escritores en activo le entregaran sus inéditos. De antemano, todos sabían que no habría ganancias por derechos de autor. El dinero por ventas se destinaba a saldar los costos y a la inversión en otros libros. Una de las colecciones más famosas fue la de las Obras completas de José Martí (en 74 tomos), la cual duró hasta 1953.
II
Medardo Vitier (1886-1960), intelectual matancero (por decisión propia) de la generación de Agustín Acosta y Fernando Llés, trabajaba en 1927 en un estudio sobre el pensamiento de Enrique José Varona (1849-1933), quien era entonces el intelectual más venerado en Cuba. Probablemente amplió los elementos de análisis hacia la evolución ideológica de la sociedad colonial, como una necesidad investigativa para contextualizar mejor al prócer camagüeyano.
En 1932, Medardo realizó un ciclo de conferencias por distintas ciudades. En Cienfuegos, los jóvenes del grupo Ariel, que encabezaba Carlos Rafael Rodríguez, dejaron constancia del entusiasmo con el cual disertaba Medardo y cómo el público debatía, en una crónica publicada en el periódico La Correspondencia.
El recorrido de Medardo se interrumpió posiblemente con el agravamiento de la situación política existente entre 1933 y 1935. Cuando se organizaba la Editorial Trópico, quizás Santovenia, (o Jorge Mañach, quien perteneció al grupo fundador) recordó las conferencias de Medardo. En 1938, apareció Las ideas en Cuba. Proceso del pensamiento político, filosófico y crítico en Cuba, principalmente durante el siglo xix en dos tomos. El libro surgía como un resultado cualitativamente mejorado de las conferencias-debates. El autor dialogaba con sus lectores de una manera eficiente, porque establecía como premisa que él solo les ofrecía un ejercicio de interpretación, ajeno a una erudición exhaustiva. Medardo convidaba a pensar, como un objetivo cardinal.
El impacto de la obra fue inmediato y con el aplauso de la intelectualidad, la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, que regentaba José María Chacón y Calvo, le entregó uno de los primeros Premios Nacionales de Literatura.
Las ideas en Cuba… contribuyó a la ejecución de otras iniciativas. Entre 1937 y 1942 se modernizó la Universidad de La Habana y el profesor Roberto Agramonte se esmeró en organizar una editorial cuya más importante colección era Clásicos Cubanos. Se trataba de un programa para décadas, que movilizaba a las comunidades de especialistas (con un sentido de solidaridad interdisciplinaria) para ir entregando volumen a volumen las obras anotadas de los más importantes pensadores. Cada tomo se abría con un ensayo del responsable de la investigación.
En ese contexto de devoción por una labor muy profesional, apareció La filosofía en Cuba (1948), obra más breve que Las ideas…, la cual facilitaba una comprensión panorámica de aquellos filósofos que habían producido doctrinas, u ocupado cátedras especializadas. En gesto meritorio lo dedicaba a la Universidad de La Habana, “[…] en cuyas aulas enseñaron, así en la Colonia como en la República, algunos de los maestros que se estudian es este libro”.
Medardo continuaba el ejercicio de sistematizar más de cuarenta años de indagaciones. Mientras, en la prensa debatía con Jorge Mañach acerca de la crisis moral que sacudía la vida republicana, en particular después del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, terminaba, quizás, su mejor libro Martí, estudio integral (1954). En los inicios de su producción intelectual, Medardo había escrito Martí, su obra política y literaria (1911), posiblemente con el deseo de asemejarse a la intención totalizadora del famoso discurso de Enrique José Varona, Martí y su obra política (1896).
En el “estudio integral”, su homenaje para el centenario del natalicio, Medardo proponía reflexiones diversas y especializadas sobre aquellos tópicos que lo habían fascinado. En el capítulo xiv “Dimensión filosófica, sobre todo en su sentido de la vida”, él rectificaba la concepción estrecha que había determinado la exclusión de Martí de La filosofía en Cuba. También meditaba en otro capítulo sobre las formas de su religiosidad, tema de gran complejidad en el cual los juicios seguían enfrentados.[1]
Martí, estudio integral, uno de los libros importantes del centenario del natalicio, en algún momento debería ser contrastado con “El espíritu de Martí” (1951-1952),[2] obra inconclusa de Jorge Mañach. Los dos pensadores intentaron ofrecer un imaginario sistémico de la concepción del mundo del Apóstol.
III
En 1970, la Editorial de Ciencias Sociales del Instituto del Libro (recién fundado en 1968) reunió en el libro Las ideas y la filosofía en Cuba, las obras de Medardo. Aparecía una nota editorial que aconsejaba una lectura con múltiples prevenciones ante el hecho de que Medardo no era marxista. Fue un acto sectario y poco profesional que suscitó múltiples disgustos legítimos en la comunidad intelectual.
En la década del noventa, el profesor Eduardo Torres-Cuevas reactivó en la Universidad de La Habana el viejo proyecto de la colección de Clásicos Cubanos. Paulatinamente, otras editoriales han reasumido iniciativas autónomas, pero estratégicamente convergentes.
En el año del centenario de la República de Cuba, la Editorial Ciencias Sociales reeditó Las ideas en Cuba. La filosofía en Cuba, con una perspectiva de textos facsimilares de las respectivas primeras ediciones. La institución le solicitó a Cintio Vitier, unas “Palabras liminares”, en las cuales él esclareció las jerarquías cualitativas de esta edición.
Cintio no solo ha sido un devoto albacea de la papelería de su padre, sino que le sirvió de mecanógrafo y posiblemente hasta de secretario.[3] En consecuencia, decidió una innovación muy importante al incorporarle como un anexo a este libro “las páginas centralmente valorativas del capítulo xiv” de Martí, estudio integral. El objetivo de esta coda a La filosofía en Cuba era hacer cumplir la rectificación honestísima de Medardo al explicar por qué Martí había quedado fuera de dicha obra.
Cintio ha ofrecido una lección de profesionalismo que debería ser felicitada e incorporada como un principio de gestión editorial permanente. Ha cumplido la voluntad de un autor y le ha facilitado a los lectores un corpus enriquecido y que fundamenta todavía más el carácter de clásicos del siglo xx, de las dos obras de Medardo.
No obstante, en futuras reimpresiones sería conveniente que la Editorial de Ciencias Sociales le encargara a algún especialista un prefacio que contextualizara las particularidades de la proeza intelectual de Medardo Vitier. Por otra parte, quizás debe sugerirse que se incluya Martí, estudio integral en el aporte de esta casa editorial al proyecto de la intelectualidad de seguir construyendo una Colección de Clásicos Cubanos, que ya tiene resonancias desde el siglo xviii hasta el xx.
Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 2003, número dedicado a Fina García Marruz.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Medardo Vitier: “Formas de religiosidad en Martí”, Martí, estudio integral, Premio del Centenario, La Habana, Publicaciones de la Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario y del Monumento de Martí, 1954, pp. 256-278.
[2] Jorge Mañach: El espíritu de Martí, presentación de Graziella Pogolotti, Albur, La Habana, número especial, mayo de 1992. Con este título el autor impartió, en 1951, un curso invitado por la Cátedra Martiana. de la Universidad de La Habana, el cual fue recogido en folletos por la Cooperativa Estudiantil Enrique José Varona a cargo de Máximo Gómez Mirás. Posteriormente, en 1973 la editorial San Juan de Puerto Rico los publica como inéditos. Esta nueva selección incluye páginas originales encontradas en el archivo del autor. Contiene: El espíritu de Martí. Sangre y tierra. Pasión de Martí: la vocación. Pasión de Martí: la crisis. El camino de la consagración. El Consagrado. El hombre de palabras. El poeta. Vida en esquema. Puede consultarse, además, en Jorge Mañach: Ensayos, selección y prólogo de Jorge Luis Arcos, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1999, pp. 231-250.
[3] “Se estudiaba mecanografía y taquigrafía, como si fuera una carrera. Eso me permitió, a partir de los doce años, ser el mecanógrafo de mi padre. […] Toda su obra periodística y literaria, todos sus libros y todos sus artículos, yo los copié. Ahí me enteré de lo que decían aquellos textos por dentro. Cuando uno copia una obra la siente más cercana, la incorporas mucho mejor…”. (“Iluminaciones 2: Cintio y Fina, sobre Medardo Vitier”. Entrevista de Rosa Miriam Elizalde, Centro de Estudios Martianos, 8 de junio de 2006).
[4] Ensayista y profesora de la Universidad de La Habana.

