Carta de José Lezama Lima a Fina García Marruz [1]

La Habana, junio, 1961.

Qué comprensión, querida amiga, dentro de nosotros, qué manera de situarse dentro de una poesía, y estar en sus centros de impulsión. Qué regalada fiesta para darnos alegría y reto. Es como si al avanzar por el aire que cubre la tierra, mirásemos hacia atrás y al encontrarnos con su mirada se nos diese ya el fragmento que nos falta para llegar a donde se comienza. El otro día le prestaba la atención a la risa de su hijo mayor,[2] y me parecía que en ese mejor encuentro de ustedes dos (Fina y Cintio), se levantaba la casa pequeña en lo alto de grandes rocas, donde podíamos transcurrir. Lo que queremos siempre es reproducir la casa completa en el valle de Osiris,[3] el de la muerte. Si nos morimos en la muerte, es la enseñanza de los egipcios, volvemos a vivir. El que está muerto en la muerte, vive, pero el que está muerto en la vida, es la única forma para mí conocida de la vida en su turbión, en su escala musical, en su fuego cortado. Así, una amiga como usted, me da la visión doble, la presencia dual absoluta donde estamos muertos en lo que hemos visto, pero hemos visto. Lo que hemos visto en esa región, relámpago de cacería. Esa penetración, aunque sea la costumbre, es su plenitud anillada. Es el momento en que la ardilla blanca sube por el árbol azul, cuando el ciervo y el faisán ven absortos saltar el delfín.

     Ahí, Dios se sabe más cerca del hombre. El precio de la eternidad es ese silencio en que Dios no puede conversar con el hombre. Sorprender también el silencio. Apuntalarlo en la nieve. Todo detrás de la lluvia, ese algo. Se mueve la poesía, oscuro movimiento de ese algo.

     Desde que el padre José Martí decidió alzarse al mayor esplendor que ha sido nuestro, la sangre corrió hacia el lado del espíritu. Nos dejó la sangre como escala de Jacob, que ascendía con el sentir de las plantas y el vivir de los animales inocentes. La costumbre del aire, donde lo inmenso penetra en la caja pequeñita. Y la sombra, inapresable, en busca del punto hecho por el hombre. Eso es lo que hemos tenido, lo verdadero nuestro. La poesía escrita, que es una sombra que busca, que sale por la alquería o por el salón de baile, la sombra que sonríe indescifrablemente al caer en las trampas frágiles hechas por el hombre.

     Durante muchos años soñé con que usted escribiese sobre mi poesía. Ahora, al ver en qué forma se acerca a mi punto, a mi caja pequeñita, hace que yo la sueñe a usted. Una evaporación de todos nuestros sentidos, es su sueño. La felicidad de nuestro idioma, hace que la palabra reconocimiento, sea gracia y sea misterio. ¿Existen las gracias sacramentales?[5] Eso es lo que ha quedado en mí hacía la dignidad de su persona.

     Suma en la suma, Ud. ha hecho aumentar mi fe, por eso mi reconocimiento queda como una trenza japonesa.

José Lezama Lima.

Tomado de La amistad que se prueba, estudio introductorio, transcripción, notas, cronología y bibliografía de Amauri Gutiérrez Coto, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2010, pp. 94-95.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Carta manuscrita cuyo propósito es agradecer la versión del ensayo “Por Dador, de José Lezama Lima”, que Fina le hizo llegar acompañado de unas breves líneas. Se publicó meses después en Cuba en la UNESCO, La Habana, diciembre de 1961, pp. 258-277; Pedro Simón Martínez: Recopilación de textos sobre José Lezama Lima, La Habana, Ediciones Casa de las Américas, 1970, pp. 107-126. (Nota modificada ligeramente por el E. del sitio web).

[2] Sergio Vitier García-Marruz (18 de enero de 1948-1º de mayo de 2016).

[3] Osiris es el dios egipcio de la resurrección, símbolo de regeneración y fertilidad del Nilo. Preside el Tribunal del juicio de los difuntos. Su nombre egipcio es Asar o Usir, pero se le conoce por su forma griega Osiris.

[4] “‘Fina, escríbame una elegía,
con esos versos largos que usted hace a lo Claudel’.

[…]

‘Escríbame nuestras memorias de Orígenes.
Usted es buena memorialista.
Recuérdeme bajo el balcón de Neptuno,
con deseos de verlos, y que ustedes me mandaran a pasar’”. [Fina García Marruz: “A nuestro Lezama”, Habana del centro (1997), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. II, p. 94. (N. del E. del sitio web].

[5] La gracia sacramental, en la teología católica, es aquella que procede de Dios y se alcanza a través de los sacramentos administrados por la Iglesia (bautismo, comunión, confirmación, penitencia, unción de enfermos, matrimonio y orden sacerdotal).