PAN DIAMANTINO PARA MUCHOS OTROS AMANECERES
...continuación 2
¿Su frase más desolada?
Dijo: “Callo, y entiendo, y me quito/ La pompa del rimador”.[30] ¿Conoce a alguien más triste que el poeta cuando depone su cetro?
¿La más centelleante y cegadora?
“Yo vengo de todas partes,/ Y hacia todas partes voy”.[31] Ante ese trueno magistral y prolongado, mejor acumular un ensimismado y cauteloso silencio.
[…]
¿Último libro que leyó?
Hoy en la mañana, casualmente, sobresalía un libro. Alguien lo sacó con el codo, al pasar. Del librero, digo. Sin mirar la carátula, lo abrí para una lectura de azar concurrente. Leí: Los ojos puros, la mirada inquieta,/ La mejilla caliente y encendida:/ Así la virgen esperó al poeta/ Con un sueño más largo que una vida.[32] Quedé estremecido por esa voz del misterio mayor y precursor. Desde el otro lado de la mampara Martí susurraba su mensaje matinal, usando el ardid de insinuarse con el tomo rebosante de los Versos varios. De nuevo, a manera de golosina intelectual, apuré esa lectura emancipada y pura, tremolante como la vela del velero.
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¿Y de Martí y de su Edad de Oro?
Martí siempre sobrecoge con sus intempestivas credulidades. ¿Imagina ese último quinto de siglo? Todavía en el aire el olor de la llaga esclavista y el indio con la cicatriz sin lavar, la metrópoli queriendo sujetar una montaña de cajas de zapatos vacías y las bayonetas rodeando el monte de yagrumas. Caudillismos, divisiones, el fantasma de las botas. Se alista una rebelión, que debe alentar como chispa cavernaria. Los pómulos del hombre y lo curvo de la rapiña. En verdad, terrible. Martí no se desentiende ni distrae. Al contrario. Se apresta como apóstol y lanza discursos de maestro. Y por encima de tales copetudos conflictos, sale al portal con ese fuego inaudito. Él vislumbraba renacimientos, nuevas edades de oro y el reencuentro con los paraísos. Si no, ¿cómo sacar más humo del fondo de la tozudez y la ternura?
Es cierto. La literatura también borbotea, desde ese costado: concebida, creada y escrita expresamente para el niño. Sin detenernos a discutir el difícil o improbable acceso a los destinatarios, la aparición de semejante literatura es un acto magistral de voluntad que no registran otras Historias. Constituye un suceso piramidal de la cosmovisión moderna instalándose en esta latitud de Nuestra América. Martí, que de ordinario no escribía de forma que los niños pudiesen leerlo o con la intención premeditada de entretenerlos, no reclamó perdón por ese brinco de rana ni fue anotando errores de nadie en su libreta. Martí deambulaba en el trance de fundar una patria y convocaba con una pasión irrefrenable.
¿Los niños no se apropian también de los Versos sencillos?
Sin perder sutilezas, provocaciones ni campanadas y a pesar de sus 80 años, son otro manjar de las degluciones infantiles. Desde la escuela, junto a un recurrente busto de yeso o mármol, los niños caen sobre tales golosinas incorruptibles. Sus apetencias rosadas no perdonan. Y, ¿no se ha cuestionado usted acerca de “Los zapaticos de rosa”, por ejemplo? Aparece en La Edad de Oro y huele a lance fundacional: con atributos y escalamientos de un género “para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América”. “Los niños saben más que lo que parece”,[33] adelanta Martí. Desde los primeros párrafos, aparta diminutivos y oscuros paternalismos. Son poemas semillas que van jineteando una carga precursora y son un ala en suspensión cayendo hacia el ave que ronda al navegante. De Martí creemos saber lo necesario, hasta que luego intuimos que apenas ignoramos lo suficiente.
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¿Podría solicitar que escoja en su memoria algunos personajes sobre los cuales desearía ser interrogado o a los cuales evoca a menudo sin que medien preguntas?
La evocación es un ave sin límites y sin escapatorias. La evocación crece durante la noche engendrando seres, para terminar como una flor de doble campana que rinde sus pistilos. […] Desearía ante la vela que se consume, aspirar a un libro más, dilatado, distinto, disidente de mi obra anterior. Quiero decir, algo diferente, quizás parecido a unas memorias donde incluiría gente entrañable, lo imposible engendrando lo posible,[34] número de teléfono y dirección exacta del minotauro, la recalcitrante luminosidad de la sombra, inminentes y próximas eras imaginarias,[35] rizos de la tortuga meridional y algunos advenimientos no superados antes ni después. En esa narración estaría sin falta Juan Ramón Jiménez, silente y sentado meditando paisajes del trópico, como un arabesco emblemático del aire. […].
De habernos atenido a un orden, lo justo hubiese sido comenzar por el misterio inicial. Mensuro y deshilacho el asunto, lo sopeso y aquilato liviandades, porque detesto la estrechez y el regionalismo cómodo. Pero no logro hasta hoy encontrar en América y en los cinco siglos anteriores, un personaje más simultáneamente descollante que Martí. No es una montaña, son varias. Y la distancia lo dimensiona desde cualquier ángulo: yo desearía lo menos escribir un largo ensayo donde ensayaría a trazar la curva ascendente de ese astro de iluminaciones. El Martí de los Diarios, de los Versos sencillos, de La Edad de Oro, de los Versos libres, de sus voluptuosos discursos, el conspirador aunando voluntades, el jinete cabalgando en las proximidades de Dos Ríos, es un ser múltiple, inatrapable, una suerte de repetido pez saltando en todos los estanques. Martí es un reto que desearía afrontar. La mano y los recursos linfáticos que circulan en espiral por la mano, lo registran como otro percance inaplazable.
[…]
En ese día último, ¿volver a pensar en Martí y en Quevedo?
En esta especie de tobogán sin ojos por donde nos deslizamos absortos, de pronto las palabras de ellos mezcladas con las nuestras se apoderan del tiempo histórico. Siento que la charla alcanzó eclosión, poder, altura. Merecemos algo más que disculpas, porque nos hemos colocado en el devenir incesante. Con las innovaciones del verbo, Martí nos trajo además maneras sencillas del ser,[36] la altivez resonante cuando el aceite hervía contra la Isla, así como un modo límpido de pasar a difunto, abrazando la tarde con una constancia que ni las noches enmudecen. Si parpadeo no sospeche. Si me acodo, sosténgame un segundo. Hay tres plenitudes: nacer, crear y caer lento y manso al reposo prolongado de la memoria.
Tomado de Para leer debajo de un sicomoro (1998), entrevistas de Félix Guerra a José Lezama Lima, prólogo de Roberto Manzano e ilustraciones de Amilkar Feria, La Habana, Sureditores, 2013, pp. 23-32, 65, 79-81, 100-102 y 152, respectivamente.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[30] “Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor”.
(JM: “I”, Versos sencillos, ob. cit., p. 301).
[31] “Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy”.
(Ibíd., p. 299).
[32] JM: “Flor blanca”, Versos en periódicos y otras publicaciones (1869-1889), OCEC, t. 15, p. 108.
[33] JM: “A los niños que lean La Edad de Oro” (La Edad de Oro, Nueva York, julio de 1889), La Edad de Oro. Edición facsimilar, ensayo y notas de Maia Barreda Sánchez, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Ediciones Boloña, 2013, pp. 2-3.
[34] “La vigilia y la agudeza del pobre lo llevan a una posibilidad infinita. Como tantas veces, esta frase mía me vuelve a rondar: lo imposible al actuar sobre lo posible, engendra un potens, que es lo posible moviéndose en la infinitud. Ahora se ha adquirido ese potens, esa posibilidad, por el cubano. Toda imagen tiene ahora la altitud y la fuerza de su posibilidad. Todos los posibles atraviesan la puerta de los hechizos. Todos los hechizos ovillan esa posibilidad, como una energía que en un instante es un germen. La tierra transfigurada recibe ese germen y lo hincha al extremo de sus posibilidades”. (JLL: “Triunfo de la Revolución cubana”, Lezama disperso, prólogo, compilación y notas de Ciro Bianchi Ross, La Habana, Ediciones UNIÓN, 2009, p. 190). En carta a Miguel F. Viondi, fechada en Nueva York, el 24 de abril de 1880, Martí le escribía: —“Lo imposible, es posible.—Los locos, somos cuerdos”. [OCEC, t. 6, p. 205). (N. del E. del sitio web)].
[35] Véase “Preludio a las eras imaginarias” (1958), “Las eras imaginarias: los egipcios” (1961) y “Las eras imaginarias: la biblioteca como dragón” (1965), La cantidad hechizada (1970), La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014 (edic. digital), pp. 6-36, 92-125 y 126-172, respectivamente.
[36] “Fue suerte inefable para todos los cubanos que aquel que trajo las innovaciones del verbo las supiese encarnar en la historia. Fue suerte también que el que conmovió las esencias de nuestro ser fue el que reveló los secretos del hacer. El verbo fue así la palabra y el movimiento del devenir. La palabra se apoderó del tiempo histórico, como el pneuma ordenando y destinando las aguas. El que trajo las innovaciones del verbo fue el que regaló el espejo con la nueva imagen del ser y de la muerte. En todos los comienzos de la espera trae la orden y la distribución de la batalla. Trae también la llave, después de recorrer los maleficios de la selva de álamos negros de Proserpina, para penetrar en el castillo de los encantamientos”. [José Lezama Lima: “[En José Martí culminaron…]”, “Prólogo a una antología” (Antología de la poesía cubana, La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965), La cantidad hechizada, ob. cit., pp. 318-319.

