Santa Teresa De Jesús (1515-1582)

Muerta hace siglos, todavía el aire de Ávila,
el espacio de Ávila son los más puros de la
tierra por ella.
[1]

 Fina García Marruz

Su nombre secular fue Teresa de Cepeda y Ahumada. Nació en Ávila[2] el 28 de marzo de 1515, en el seno de una familia de origen judeoconverso. Su padre, Alonso Sánchez de Cepeda, era un rico comerciante de paños, y su madre, Beatriz de Ahumada, murió cuando Teresa tenía catorce años. Leída desde joven en libros de caballerías y en vidas de santos, sintió dos impulsos contradictorios durante su juventud: el deseo de gloria eterna y el de honores mundanos.

     Contra la voluntad paterna, ingresó en 1535 en el Convento de la Encarnación de Ávila, de la Orden del Carmelo, donde profesó un año después. Pasó casi dos décadas en este convento, que por entonces alojaba a más de ciento ochenta monjas, donde la clausura era más laxa y las visitas frecuentes. Durante este período, Teresa atravesó una larga crisis espiritual y una grave enfermedad que la postró casi cuatro años. Tras recuperarse, experimentó una profunda conversión ante un cuadro de Cristo atado a la columna, que la impulsó a abandonar las mediocridades de la vida religiosa común y a aspirar a una oración más perfecta y a una observancia más rigurosa de la Regla.

     Guiada por su confesor, el franciscano San Pedro de Alcántara, y con el apoyo inicial de la noble y viuda Guiomar de Ulloa, Teresa emprendió la fundación de un nuevo convento que volviera a la primitiva Regla del Carmelo. El 24 de agosto de 1562 fundó el Convento de San José en Ávila, con apenas cuatro o cinco hermanas, bajo una regla de pobreza absoluta, clausura estricta y una vida de oración contemplativa. A pesar de las iniciales resistencias de la ciudad y de su propia Orden, el modelo prosperó y, durante los últimos veinte años de su vida, Teresa fundó diecisiete conventos más por toda España, siempre a pie, con penurias y enfrentando oposición de las monjas calzadas (de la observancia no reformada).

     Escritora de vasta cultura teológica sin estudios formales, compuso obras maestras de la mística universal, como su autobiografía Libro de la vida, Camino de perfección, Libro de las fundaciones y Las Moradas (o Castillo interior), esta última su obra maestra, la cual señaló la culminación de la mística cristiana, “de amores consumida”.[3] Dotada de gran sentido práctico, humor y una escritura coloquial y profunda, fue también una notable reformadora. Tras su muerte en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582 (que aquel año correspondió al 15 de octubre por la reforma gregoriana), fue canonizada en 1622 por Gregorio xv y declarada “Doctora de la Iglesia” por Pablo vi en 1970, siendo la primera mujer en recibir este título.

     En varios textos, con algunas variantes, José Martí se refiere a la conocida frase de Santa Teresa de que el diablo es “el desgraciado que no sabe amar”.[4] De acuerdo con Cintio Vitier, “Juan Marinello[5] pudo sorprender el parentesco de Santa Teresa y Martí”[6] y sus “afinidades estilísticas […][7] en un memorable ensayo”,[8] “Españolidad literaria de José Martí”.[9] Véase, además, el ensayo de C. Vitier: “Santa Teresa como escritora” (1966), Obras 4. Crítica 2, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 75-91.

[Tomado de OCEC, t. 8, p. 234. (Nota modificada por el E. del sitio web)].

     Otro texto relacionado:

Amauri F. Gutiérrez Coto: “San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús”, en “Clavileño: un sol que no se puso”, Clavileño. Cuaderno mensual de poesía, La Habana, 1942-1943, núm. 1-7, edición de Amauri F. Gutiérrez Coto, Junta de Andalucía/Feria del Libro del Libro de La Habana, 2010, pp. 35-40.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Fina García Marruz: “Teresa y Teresita”, Visitaciones (1970), Obra poética, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. 1, p. 412.

[2] Véase Cintio Vitier: “En Ávila”, Conjeturas (1951), Obras 8. Poesía 1, compilación, prólogo y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2007, pp. 283-285; y Fina García Marruz: “En Ávila”, Visitaciones (1970), Obra poética, ob. cit., t. 1, p. 391.

[3] JM: “El centenario de Calderón. Últimas nuevas”, La Opinión Nacional, 28 de junio de 1881, OCEC, t. 8, p. 131.

[4] JM: “Cuaderno de apuntes no. 14” [1886-1887], OC, t. 21, p. 342; “El millonario Stewart y su mujer”, El Partido Liberal, México, 12 de noviembre de 1886, OCEC, t. 24, p. 286; y los artículos “Albertini y Cervantes” y “Los cubanos de Jamaica y los revolucionarios de Haití”, Patria, Nueva York, 21 de mayo de 1892, no. 11, p. 2 (OC, t. 4, p. 413) y 31 de marzo de 1894, no. 105, p. 2 (OC, t. 3, p. 105). (N. del E. del sitio web).

[5] Juan Marinello Vidaurreta (1898-1977)

[6] Cintio Vitier: “Discurso en la ceremonia de investidura de Doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Las Villas” (28-12-1999), Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1999, no. 22, p. 432.

[7] “El estilo de Martí, sin antecedentes americanos, […] viene tamizado desde las más lejanas fuentes del idioma. Con su elocuencia recia y fulgurante, sus certeros arcaísmos que le confieren tanta gracia, con su simplicidad de poeta prístino que le ha dado el rigor del desla poesía de martípojamiento y hace de su estrofa brillante una gema límpida, solo podemos encontrarle raíces en lo más profundo de Santa Teresa, su hermana monja. Martí, escritor, orador, poeta, es tan inmenso como Martí patriota”. (Juana de Ibarbourou: “La poesía de Martí”, Memoria del Congreso de Escritores Martianos (febrero 20 al 27 de 1953), La Habana, Publicaciones de la Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario y del Monumento de Martí, Imprenta Úcar, García, s. a., La Habana, 1953, pp. 632-637).

[8] Cintio Vitier: “Palabras de bienvenida”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2001, no. 24, p. 41.

[9] Juan Marinello: “Lo teresiano”, en “Españolidad literaria de José Martí” (1941), 18 ensayos martianos, La Habana, Ediciones Unión y Centro de Estudios Martianos, 1998, pp. 63-68.