ILUMINACIONES 2:
CINTIO Y FINA, SOBRE MEDARDO VITIER
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Fina García Marruz: Él dijo: “Cristiano, puramente cristiano”, que se traduce en: “Mi vida por la vida de los demás, mi sangre por la sangre de los demás”.[14] Eso es lo esencial en el cristianismo.
Cintio Vitier: Creo que eso está por ver todavía con toda la profundidad posible.
Fina García Marruz: Es un tema que requeriría tiempo para explicar lo que Martí llama el sentimiento “innato”, no “la idea de Dios”, que es adquirida y que cada pueblo se hace una distinta, y que puede ser enajenante, y en eso coincide Marx con Moisés, y Martí con Moisés. Puede ser, no una idea, sino un sentimiento, y un conocimiento innato, en todos los hombres y en todos los pueblos… A veces le llaman Brahma, Alá, Zeus, pero es el mismo Ser Creador. Es la idea de un Ser Alto que creó el mundo, que para Martí es innata. Y si al hombre no le enseñaran eso —nos dice Martí— lo inventaría.
Cintio Vitier: Está claro que lo inventaría.
Fina García Marruz: Porque incluso él, que no tenía conocimientos teológicos —era lo único que no tenía —, en El presidio político en Cuba, sin nombrar a la Segunda Persona de la Trinidad, descubre a Dios encarnado en el sufrimiento de Nicolás del Castillo: “En ese hombre está Dios”, dice.
Descubre a Dios en Nicolás del Castillo, y sin embargo, yo estoy segura de que doña Leonor no le explicó esto. Su cristianismo era casero, popular. Él lo dice en su primer poema: “A Dios le pido constantemente / Para mis padres vida inmortal; / Porque es muy grato sobre la frente / Sentir el roce de un beso ardiente / Que en otra boca nunca es igual”.[15] Su primera formación se produce en ese cristianismo: “Soy solamente un cristiano”, dice, porque no podía ser católico en un momento en que la Iglesia estaba aliada a la Colonia por el Patronato regio.
Cintio Vitier: Y era el brazo más importante de la Colonia desde la conquista.
Fina García Marruz: Eso tiene que ver más con la historia de la Iglesia y no del cristianismo. Él dice: “El padre no tiene la culpa de los crímenes de sus hijos”. Ese pensamiento está perdido en sus Obras completas. Me refiero a la página donde él habla de la religión como algo innato y no como una idea. Aunque en El presidio político…, al principio dice: “Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser”. ¿Qué cosa es Dios? “El bien es Dios”. La idea de una cosa buena y alta. Eso es lo que dice al principio.
Pero ya después, cuando ve el dolor de Nicolás del Castillo y del niño Lino Figueredo, entonces dice: “ÉL está ahí”. Dios está encarnado en el sufrimiento. Y antes de descubrirse la Teología de la Liberación — cuya esencia es San Mateo 25—, Martí lo ha descubierto, y antes, José Agustín Caballero, cosa que no se dice.
Caballero fue el primero que habló de lo que sentaría la base de la Teología de la Liberación: San Mateo 25, que le dice a los ateos: “Venid, porque cuando estaba preso, me visitasteis; cuando estaba enfermo me vinisteis a ver; cuando tuve hambre me disteis de comer”. En el siglo xviii cubano aparece ese concepto en el Papel Periódico de la Havana.[16] Nosotros lo estudiamos mucho cuando estábamos en la Biblioteca Nacional. Martí ya descubre a Cristo en el sufrimiento y dice: “Ahí está Dios, en el sufrimiento de Nicolás del Castillo”, porque eso es innato, porque como él decía, eso no hay que enseñarlo. Esto se puede encontrar claramente en las Obras completas, tomo 19.
Cintio Vitier: Tomo 19, página 391.[17] Y en esa misma sección hay dos trabajos en contra de la Iglesia Católica.[18]
Fina García Marruz: Sí, la Iglesia como historia, la Iglesia como institución.
Cintio Vitier: Martí defiende el cristianismo puro, innato en el ser humano,[19] y cree que la religión cristiana es la que más se acerca a la “religión natural”.[20] ¿Tú recuerdas, Mayra Beatriz, cuando estuvimos aquí reunidos leyendo esa página? Hubo varias opiniones, pero tú me dijiste una cosa que yo me quedé pensando: esa página de Martí demostraba su carácter de político. Tú lo llamaste “zoom politicon”, como diría Aristóteles: animal político. Yo te dije también, un poco en broma, solo politicon, porque no me gusta lo de animal.
Fina García Marruz: Porque Martí siempre hablaba de la dignidad del hombre y eso es otro tema, un temazo. Otro temazo es el estudio de la crónica de Martí: “Un congreso antropológico en los Estados Unidos”[21]
Pero antes de terminar, quería darles mi testimonio, lo que conocí de él desde que me casé con Cintio hasta que murió. Hablarles de un Vitier doméstico, muy revelador para mí. Lo había leído antes de casarme. Recuerdo que él dio un curso sobre Lógica, y lo fui a oír. Conservo la libreta con los apuntes de ese curso, realmente muy bueno.
Lo conocía a él como maestro antes que a Cintio. Pero lo llegué a conocer mejor cuando empecé a convivir todos los días con él. Entonces alcancé a ver muchas otras facetas suyas. Ya les hablé un poco de la humorística. Recuerdo sus cuentos. Por ejemplo, la fábula del ganso que tenía que transportar a cuatro personas: a unas las llevaba y a otras las traía. Era un problema matemático que él quería que lo resolviéramos y no había forma de resolverlo: ¿cómo podía llevar y traer hasta cuatro personas en cuatro lugares distintos? Era muy cómico eso.
Él tuvo que aprender solo la Filosofía, que era lo que más le interesaba. Decía que las personas que escriben sobre Filosofía dan por hecho que uno sabe muchas cosas; pero en realidad no las sabe. Y entonces decía él —lo veo tan cómico—, que cuando él, un guajirito que estaba empezando a estudiar, veía de pronto un texto filosófico y se encontraba con la palabra sic, como se suele hacer, en latín, él pensaba: “bueno, eso debe ser una forma de advertir que la persona dice SIC”. Era una delicia. Un día, cuando ya estaba para morir, el pobre, lo veo riéndose en la cama. Le digo: “Vitier: ¿usted se está riendo solo?” Me dice: “¡Ay, hija!, yo me voy a morir de buen humor”.
Cintio Vitier: Y sufrió mucho. Esa última enfermedad fue muy mala, muy dolorosa. Y, sin embargo, se reía solito, se reía de cosas que recordaba…
Fina García Marruz: Como todos los ancianos, sustituyó la memoria inmediata por la antigua. Recordaba cosas de su niñez. Sin embargo, mientras pudo, estudió. Lo recuerdo estudiando alemán solo, para leer a los filósofos en su propio idioma. La mitad de los libros de su biblioteca eran en inglés. Este idioma lo aprendió solo, y leía un poco el latín. No creo que lo conociera tanto como Luz y Caballero, pero sí lo suficiente para entender aquellas frases que aparecían de pronto en los textos. También sabía un poco de griego.
Sergio Vitier: Decía: “Si uno estudia todos los días un poco, un día amanece sabio”.
Fina García Marruz: Sí, él decía esas cosas.
Sergio Vitier: Me decía: “Tú no te has fijado que cuando llega al pueblo un perro del campo, todos los demás perros le huelen el culo”. Él tenía mucho humor campesino y era muy simpático.
Fina García Marruz: Era un pedagogo extraordinario. Un día le dije, por ejemplo: “Mire, usted no solamente enseña lo que enseña, sino que enseña a enseñar”. Porque él me decía: “Cuando uno quiere que otro aprenda, hay que dirigirse siempre al que sabe menos. No hay que ponerse en el lugar del que sabe más para ser brillante, sino del que sabe menos y tratar de que se lleve de la clase dos o tres ideas centrales. Porque si tú hablas de muchas cosas, lo que pasa es que cuando el muchacho sale no se acuerda de ninguna”.
Martí creía que esa era una técnica esencial en la pintura: no se debe perder mucho tiempo en colores, sino destacar la energía central. No se debía terminar la clase hasta no tener la convicción de que a esa persona, que es la que sabía menos, llegaba con una idea clara de una cosa. Ese era su método y al vocabulario le daba mucha importancia.
Otra cosa, decía, el idioma que se habla comúnmente no es el de los libros. Por ejemplo, si uno oye la palabra idealista, no debe pensar que es un hombre de muchos ideales. El idealismo filosófico no tiene nada que ver con ser muy idealista. Entonces, lo primero que hacía era enseñar el vocabulario y después argumentar una idea central. Esas eran sus dos mejores estrategias. A él le gustaba mucho, admiraba mucho la precisión de la pedagogía francesa, los liceos de Francia. Más que la academia universitaria, el saber de Liceo, que a su juicio era la base de la claridad francesa.
Recuerdo que un día llegué de la calle y dije: “He estado cinco horas esperando la guagua” —en aquella época cinco horas todavía no era mucho. (Risas). Él, que estaba leyendo, levantó la cabeza y me dijo: “No diga cinco horas, nadie le va a creer si usted dice eso; diga el tiempo que usted estuvo realmente: veinte minutos, más o menos”.
Él sabía que existe el tiempo psicológico y el tiempo real. A una persona ansiosa, cinco minutos le parecen dos horas, ¿no? Él no desconocía eso, sino que veía en la exageración la forma más benévola de la mentira.
Nunca se me ocurrió enseñarle ni una poesía, ni ningún otro trabajo mío. A Vitier yo lo respetaba tanto que no me atrevía a nada. Creía que solo me conocía como la mamá de Sergio y José María. Cuando se estrenó la Universidad del Aire en la CMQ, Mañach nos invitó a los Origenistas a hablar a través de la emisora. Y fuimos Lezama, Eliseo, Cleva, Octavio y yo. Leí una página, que después publiqué en mis Ensayos, sobre Gracián y Martí.[22] Él lo escuchó por la radio.
Cuando llegué descubrí que Vitier había oído el programa y me puse a temblar. Él era muy especial. Me dijo algo que parecía un elogio, pero no lo era: “Usted peca de plétora”. Cuatro palabras: “Usted peca de plétora”. Yo tenía muchas cosas que decir, pero las quería decir todas. “Diga lo esencial”, repetía.
Un día lo fueron a ver unos estudiantes. Tenían la idea de que Vitier podía ser como Enrique José Varona, una especie de maestro de los jóvenes. No recuerdo exactamente qué querían, pero no olvido una frase de él, muy buena. Uno de ellos hablaba mucho y le hacía perder mucho tiempo. El muchacho le empieza a dar una conferencia y, además, hablaba muy alto. Vitier lo escuchó con paciencia. El joven de pronto le dice: “Hemos venido porque nosotros que somos estudiantes, y perdone, maestro, que lo estemos molestando, pero es que nosotros somos estudiantes…”. Entonces Vitier levantó la cabeza y le respondió: “Mire, joven, yo creo que aquí el único estudiante soy yo”. Y era verdad: siempre estaba estudiando y trabajando.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[14] “Cristiano, pura y simplemente cristiano.—
Observancia rígida de la moral,—mejoramiento mío, ansia por el mejoramiento de todos, vida por el bien, mi sangre por la sangre de los demás;—he aquí la única religión, igual en todos los climas, igual en todas las sociedades, igual e innata en todos los corazones.
Cuando yo era niño, muy niño, la idea no adquirida de Dios se unía en mí a la idea adquirida de adoración.—Hoy, que se ha obrado en mí, por mí mismo, esta revolución que acato porque es natural, y me regocija porque deslinda y precisa, la idea de Dios ha sobrevivido a mis antiguas ideas,—la idea de adoración ha pasado para no volver jamás.—” (JM: “Cuaderno de apuntes no. 1”, OC, t. 21, p. 18).
[15] : “A mi madre”, Versos de circunstancias, OCEC, t. 14, pp. 136-137.
[16] José Agustín Caballero: “En defensa del esclavo”, Papel Periódico de la Havana, 5 y 8 de mayo de 1791, Obras, ensayo introductorio (“José Agustín: el espíritu de los orígenes”), compilación y notas de Edelberto Leiva Lajara, Colección Biblioteca de Clásicos Cubanos no. 5, La Habana, Ediciones Imagen Contemporánea, 1999, pp. 198-201.
[17] JM: “[Hay en el hombre]”, OC, t. 19, pp. 391-392.
[18] JM: “[Que el Papa viene…]” y “[La Iglesia es astuta…]”, OC, t. 19, pp. 392-393 y 393, respectivamente.
[19] “Cristiano, pura y simplemente cristiano.—
Observancia rígida de la moral,—mejoramiento mío, ansia por el mejoramiento de todos, vida por el bien, mi sangre por la sangre de los demás;—he aquí la única religión, igual en todos los climas, igual en todas las sociedades, igual e innata en todos los corazones”. [JM: “Cuaderno de apuntes no. 1”, OC, t. 21, p. 18. (Las cursivas son del E. del sitio web)].
“Queda aquella poesía innata en el alma, más exigente mientras menos culta, y a cuya actividad involuntaria o torpe dan pueblo alado y regocijo hecho los mitos religiosos, o aquellos símbolos enriquecidos con lo que la mente levantisca añade o forja, en los que el que mira de prisa cree ver a Dios, cuando lo que está viendo lo es de veras, porque es el hombre. Por eso, porque nacen de la esencia del alma y se fabrican naturalmente de sus elementos, perduran, entre los cultos como los salvajes, las religiones”. [JM: “La excomunión del padre McGlynn”, El Partido Liberal, México, 12 de agosto de 1887, OCEC, t. 26, p. 76. (Las cursivas son del E. del sitio web)].
“Es innata la reflexión del espíritu en un ser superior; aunque no hubiera ninguna religión todo hombre sería capaz de inventar una, porque todo hombre la siente”. [JM: “[Hay en el hombre]”, OC, t. 19, p. 392. (Las cursivas son del E. del sitio web)].
[20] JM: “La universidad de los pobres”, La Nación, Buenos Aires, 22 de octubre de 1890, OC, t. 12, p. 438; y “José de la Luz”, Patria, Nueva York, 17 de noviembre de 1894, no. 137, p. 2; OC, t. 5, p. 272.
[21] JM: “Un congreso antropológico en los Estados Unidos”, La Nación, Buenos Aires, 2 de agosto de 1888, OCEC, t. 29, pp. 76-83; OC, t. 11, pp. 473-481.
[22] Fina García Marruz: “Gracián y Martí”, Hablar de la poesía, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1986, pp. 359-368.

