PIEDAD ZENEA Y EMILIO BOBADILLA
Ya tiene noble compañero para el camino del mundo, siempre áspero a quien esquiva de sus tentaciones el talento y la virtud, la ideal criatura, a la vez candorosa y enérgica, que dejó sin padre, en la tierra cruel, la alevosía de España. Ya, rodeada de amigos, de Piñeyro y Albarrán, de Solar y Goyeneche, de lo más valioso de nuestra gente en París, unió su vida Piedad Zenea a la del cubano famoso por el desembarazo de su pensamiento y el arte de su estilo: a Emilio Bobadilla.[1] De ternura y lucha y soledad callada y de rudo trabajo, ha sido la vida de la hija del poeta, en quien la menor dote es la de su beldad perfecta e imperiosa.[2] Ella, al lado de la triste viuda, ganaba con su trabajo, duro a la edad de los encantos, el techo y la mesa: ella, deslumbradora en el salón, era de día la penosa maestra: ella acaso, al cerrar la puerta al mundo, lloraba a solas. Por sí no había de llorar la huérfana valiente, sino la madre, a quien, de cuatro balazos en el muro, dejó sin compañero la nación que le usó a mansalva el deseo de sacar con decoro de la derrota a la patria que creía vencida: por el padre había de llorar, que la amó tanto y la cantó en sus días de muerte en versos de augusta serenidad, donde no halla quien sabe de almas, una sola voz de confusión o remordimiento. Hoy, la hija del poeta va del brazo hidalgo del autor de La momia, en que centellea, fatídica, el alma cubana: en pocas lenguas hay quien pula el pensamiento, y lo respete y agrupe, con el brío y cuidado con que talla su castellano franco y numeroso Emilio Bobadilla. A la casa nueva de París envían flores de amistad cuantos, en el hospedaje de su corazón, guardan los versos de Juan Clemente Zenea, nunca tan bellos como cuando, con la frente a las rejas de su calabozo, veía, pensando en su mujer y en su hija, la pared a que lo habían de respaldar, para morir, las balas españolas.[3]
“En casa”, Patria, Nueva York, 8 de diciembre de 1894, no. 140, p. 3; OC, t. 5, p. 456.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Emilio Bobadilla y Lunar (1862-1921).
[2] Véanse la nota periodística publicada en Patria titulada “Tres madres” (“En casa”, Patria, Nueva York, 11 de mayo de 1894, no. 111, p. 3; OC, t. 5, pp. 28-29) y la carta de recomendación de José Martí a Juan de Dios Peza, a favor de su “distinguida amiga”, “la Srita. Piedad Zenea”, “una de las más cumplidas criaturas que hablan lengua española”. (OCEC, t. 24, p. 349-350).
[3] Véase, al respecto, la crónica de Martí, “Por la bahía de Nueva York”, publicada en La Nación, de Buenos Aires, el 19 de septiembre de 1888, OCEC, t. 29, p. 136.

