[SOLO EL POETA LOGRA EXAGERAR

SIN PISAR LA RAYA DE LO FALSO]

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¿Conserva energías aún para dialogar sobre otros personajes más contemporáneos y allegados?

 

Solo el poeta logra exagerar sin pisar la raya de lo falso. Algunas de las mejores y más inexpugnables verdades, como diría Antonio Machado, fueron inventadas. La relación de personas allegadas que yo anotaría, flotaría hasta el techo y nos impediría respirar. Durante la vida se tiene la ocasión de departir con una muchedumbre de personas con las cuales uno logra amistarse y que al mismo tiempo son dignas de incluir en los textos, porque no siempre pero sí muy a menudo percibo literaturizado al visitante desde que toca a la puerta: abro y entra un personaje de novela, que describo en el acto y en su presencia y que hago pasar en realidad a una salita de imágenes contigua. La vida, repito, es una especie de paseo de oruga por el desierto de un mosaico: eso visto desde una perspectiva inmediata y otra lejana y primordial, aunque coalescente al atributo gregario de la tribu. Sin embargo, es real, digo y dicen, que a los diablos les encanta dormir repantigados a la sombra de los campanarios. O sea, solo en la multitud o una multitud solitaria sin mí. La amistad, como industria generosa, nace de una sentencia poética cortada en rebanadas, de un corpus de luciérnagas desprendidas al barro secular, de un mirar desazonado para ver si fulano anda todavía por ahí, así como de algunos frutos pelados a cuatro manos y comidos con risitas de intimidad.

     Nací con goma arábiga en cada diestra y no las niego a nadie: ni al pensador de Rodin[1] en días siniestros. Amo entrañable a mis detractores, así que imagine mi cariño y gratitud para quienes compartieron el vivir con esta mole de toses que no frena el hablar. Desde los años mozos y hasta hoy vengo estimando unas personas que perviven algo así como encadenadas en mi subconsciente, porque entre ellos hay nexos y porque los conocí casi en grupo y durante sus respectivos romances, que duran hasta nuestros días. Eliseo Diego y Cintio Vitier en perpetua luna de miel con Bella[2] y Fina García-Marruz. Amistad repujada en el cobre cobrizo de una mina inagotable, hecha de exquisiteces y maravillas.[3] De ellos siempre he podido esperar casi cualquier cosa estupenda o insólita, desde una flor recibida a una dada, hasta una rapsodia de Mozart oída a ocho orejas en la trampa térmica de los alacranes. El humo diviniza la imagen de Eliseo en su discurso inaugural de En la calzada de Jesús del Monte,[4] cuando el incienso opulento y sobrio hace escaladas y la espiral definitiva de esa lectura queda adherida a la hidra matriz de la poesía. Cintio ha sido un perenne viajero de la esperanza, un golondrinero estanciado y sedentario que hecha a volar pájaros con el dorso púrpura de su lengua. Es el soñador urdiendo en la filigrana, acarreando polen en el entresijo florecido del monte. Su fe no se detiene ni hace caso a los límites, porque es un risueño promisor y una criatura confeccionada de sucesivos candores. Incluso sus bravuras estuvieron siempre untadas del rocío vespertino de quien no guarda rencor ni para las alimañas. Bella era y es bella en el buen sentido de la palabra bella, una pasajera con pañuelo en la barandilla y un adiós y beso listos para cuando llegue la primavera: su endiablada bondad es capaz de roer todos los barrotes. Fina cierra este desfile de amores, tocando el tambor de la ternura. Aunque, por supuesto, en las antípodas de su calavera, es el temperamento ardiente que nadie pueda imaginar: su caldo fue aderezado con noble perejil, ruedas de limón, jengibre iconoclasta, kilogramos de dulzura, la suavidad culinaria del lápiz labial y una pimienta de exportación, contenida y explosiva. Sus páginas escritas producen el arrobamiento de quien lee auténticas y cercanas ondas expansivas, decoradas con los colores de sus banderas.

José Lezama Lima

Tomado de Félix Guerra: Para leer debajo de un sicomoro. Entrevistas con José Lezama Lima [1965-1976], prólogo de Roberto Manzano e ilustraciones de Amilkar Feria, La Habana, Sureditores, 2013, pp. 103-105.

Textos de José Lezama Lima en este sitio web.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Auguste Rodin (1840-1917).

[2] Bella García-Marruz Badía (1921-2006).

[3] “Nuestra amistad ha sido un misterio tan diáfano, como esos ángeles que en algunas pinturas gustan de presentarse en un rayo de luz”. (José Lezama Lima: “Carta a Fina García Marruz y a Cintio Vitier”, La Habana, abril de 1976, La amistad que se prueba, estudio introductorio, transcripción, notas, cronología y bibliografía de Amauri Gutiérrez Coto, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2010, p. 116).

[4] Eliseo Diego: En la Calzada de Jesús del Monte, La Habana, Ediciones Orígenes, 1949; Obra poética, compilación de Josefina de Diego, prólogo de Enrique Díaz, La Habana, Ediciones  UNIÓN/Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 17-65.