[LA ÚLTIMA ERA IMAGINARIA…]

La última era imaginaria, a la cual voy a aludir en esta ocasión, es la posibilidad infinita, que entre nosotros la acompaña José Martí. Entre las mejores cosas de la Revolución cubana, reaccionando contra la era de la locura que fue la etapa de la disipación, de la falsa riqueza, está el haber traído de nuevo el espíritu de la pobreza irradiante, del pobre sobreabundante por los dones del espíritu. El siglo xix, el nuestro, fue creador desde su pobreza. Desde los espejuelos modestos de Varela, hasta la levita de las oraciones solemnes de Martí, todos nuestros hombres esenciales fueron hombres pobres. Claro que hubo hombres ricos en el siglo xix, que participaron del proceso ascensional de la nación. Pero comenzaron por quemar su riqueza, por morirse en el destierro, por dar en toda la extensión de sus campiñas un campanazo que volvía a la pobreza más esencial, a perderse en el bosque, a lo errante, a la lejanía, a comenzar de nuevo en una forma primigenia y desnuda. Sentirse más pobre es penetrar en lo desconocido, donde la certeza consejera se extinguió, donde el hallazgo de una luz o de una vacilante intuición se paga con la muerte y la desolación primera. Ser más pobre es estar más rodeado por el milagro, es precisar el animismo de cada forma; es la espera, hasta que se hace creadora, de la distancia entre las cosas. Las inmensas lentitudes de la extensión, que se hace creadora por la ley del árbol, son sorprendidas por el estilo de la pobreza, en una fulguración, donde la realidad y la imagen están perennemente a la altura de la mirada del hombre pobre. La suerte que se echa sobre los pobres, vista por quien más tenía para ver, gana de antemano el número sagrado y la batalla con la tumultuosa prole plutónica.

     La vigilia, la agudeza, la pesadumbre del pobre, lo llevan a una posibilidad infinita. Me ronda de nuevo esta frase mía, que es como el resumen de todo lo dicho: lo imposible al actuar sobre lo posible engendra un potens, que es lo posible en la infinidad. Ahora se ha adquirido esa posibilidad, ese potens por el cubano. Toda imagen tiene ahora el altitudo y la fuerza de su posibilidad. Todos los posibles atraviesan la puerta de los hechizos. Todos los hechizos ovillan esa posibilidad, como una energía que en un instante es un germen. La tierra transfigurada recibe ese germen y lo hincha al extremo de sus posibilidades.[1] Son así ahora alegres nuestros campesinos al estar muy adentro en la melodía de nuestro destino.

     La Revolución cubana significa que todos los conjuros negativos han sido decapitados. El anillo caído en el estanque, como en las antiguas mitologías, ha sido reencontrado. Comenzamos a vivir nuestros hechizos y el reinado de la imagen se entreabre en un tiempo absoluto. Cuando el pueblo está habitado por una imagen viviente, el estado alcanza su figura. El hombre que muere en la imagen, gana la sobreabundancia de la resurrección. Martí, como el hechizado Hernando de Soto,[2] ha sido enterrado y desenterrado, hasta que ha ganado su paz.[3] El estilo de la pobreza, las inauditas posibilidades de la pobreza han vuelto a alcanzar, entre nosotros, una plenitud oficiante.

José Lezama Lima

Tomado de “A partir de la poesía”, La cantidad hechizada (1970), Obras completas, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2010, pp. 37-38.

Véase Bibliografía martiana de José Lezama Lima.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] “La vigilia y la agudeza del pobre lo llevan a una posibilidad infinita. Como tantas veces, esta frase mía me vuelve a rondar: lo imposible al actuar sobre lo posible, engendra un potens, que es lo posible moviéndose en la infinitud. Ahora se ha adquirido ese potens, esa posibilidad, por el cubano. Toda imagen tiene ahora la altitud y la fuerza de su posibilidad. Todos los posibles atraviesan la puerta de los hechizos. Todos los hechizos ovillan esa posibilidad, como una energía que en un instante es un germen. La tierra transfigurada recibe ese germen y lo hincha al extremo de sus posibilidades”. (JLL: “Triunfo de la Revolución cubana”, Lezama disperso, prólogo, compilación y notas de Ciro Bianchi Ross, La Habana, Ediciones UNIÓN, 2009, p. 190). En carta a Miguel F. Viondi, fechada en Nueva York, el 24 de abril de 1880, Martí le escribía: —“Lo imposible, es posible.—Los locos, somos cuerdos”. [OCEC, t. 6, p. 205). (N. del E. del sitio web)].

[2] Hernando de Soto y García de Paredes (1500-1542).

[3] Véase Fina García Marruz: “Nosotros, los pobres. En torno a los varios entierros de Martí”, Honda. Revista de la Sociedad Cultural José Martí, La Habana, 2010, no. 29, pp. 29-31; Walter Marcial Martínez Rodríguez: “La ‘autopsia’ de Martí. Estudio crítico de los informes de exhumación de los restos del Apóstol”, Honda. Revista de la Sociedad Cultural José Martí, La Habana, 2011, no. 31, pp. 46-51; Francisco Ibarra Martínez: Los cinco entierros de José Martí, La Habana, Palacio de Convenciones, [s.a.]; y Ercilio Vento Canosa: La cruz de caguairán, Matanzas, Ediciones Matanzas, 2013.