Federico García Lorca (1898-1936)
Poeta, escritor, dramaturgo y director teatral español. Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, un pueblo de la vega granadina, en el seno de una familia acomodada. Su infancia, marcada por el paisaje andaluz, la música y la tradición popular, sería la raíz de toda su obra. Tras estudiar Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Granada, se instaló en 1919 en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde entabló amistad con figuras clave de la Generación del 27 como Luis Buñuel, Rafael Alberti y Salvador Dalí. Su primera obra, Libro de poemas (1921), ya revela la fusión de lo culto y lo popular, un sello distintivo que marcará su estela creativa.
La producción poética de Lorca alcanza su madurez con Romancero gitano (1928), un éxito editorial que lo consagró como una originalísima voz de la lírica española, aunque el propio autor lo consideraba un “libro anti-pintoresco”. El viaje a Nueva York en 1929-1930, donde estudió en la Universidad de Columbia, supuso una profunda crisis personal y estética, reflejada en Poeta en Nueva York, publicado póstumamente en 1940, una obra de denuncia social y desolación metropolitana.
Tras el choque brutal que supuso Nueva York por la deshumanización del capitalismo imperialista y la soledad existencial, Lorca llegó a La Habana, el 6 de marzo de 1930, invitado por la Institución Hispano-Cubana de Cultura, para impartir varias conferencias en la capital y en otras ciudades cubanas. Cuba representó para Lorca un reencuentro con el mundo hispánico, el calor humano, el color y la música.[1] Él mismo escribió que Cuba era un “paraíso” en comparación con la “selva” de Manhattan. El idioma, el clima, el paisaje, la comida y el trato cercano con intelectuales, artistas y pobladores sencillos y afectuosos le devolvieron la alegría de vivir. Lorca regresó a Cádiz, el 30 de junio de 1930, renovado y con la certeza de que su voz poética podía dialogar con lo popular hispánico y lo afroamericano, y la convicción rotunda de no cejar ante el dolor y las injusticias de los que más sufren.[2]
Su faceta de dramaturgo es igualmente revolucionaria. Con la Compañía teatral “La Barraca”, creada en 1932, llevó el teatro clásico español a los pueblos más recónditos de España,[3] mientras estrenaba tragedias como Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936, estrenada póstumamente), donde explora el honor, la represión de la mujer y la frustración.
Comprometido con la República y denostado por los sectores más reaccionarios por su condición homosexual y su afinidad con las ideas progresistas,[4] Lorca fue fusilado en el camino de Víznar a Alfacar, Granada, el 18 de agosto de 1936, al inicio de la Guerra Civil.[5] Su muerte lo convirtió en un símbolo trágico de la cultura española y en uno de los escritores más universales del siglo xx, cuya obra sigue vigente por su belleza formal y su profunda humanidad.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Véase Dulce María Loynaz: “Cuba en García Lorca”, Estudios Literarios, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1993, pp. 151-156.
[2] “En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas”. (“Última entrevista a Federico García Lorca”, Bloghemia. Revista y editorial para la difusión del saber. Consultado: 14 de agosto de 2026).
[3] “El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la educación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar a una nación entera. El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equivocadas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y el sentimiento del hombre”. (Federico García Lorca, palabras en el Teatro Español de Madrid durante una representación especial de Yerma. [1934-1935]).
[4] “Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos”. (“Última entrevista a Federico García Lorca”, Bloghemia. Revista y editorial para la difusión del saber. Consultado: 14 de agosto de 2026).
[5] Ese mismo día fue fusilada también Juana María Capdevielle San Martín, cerca de Rábade, Lugo, Galicia. Desde varios años antes era amiga de Lorca, con quien compartió los tiempos en que el Ateneo de Madrid fue un hervidero de ideas y La Barraca dio su última función. Es seguro que el poeta se espantaría de dolor y rabia ante el cadáver de Juana, en cuyo vientre se gestaba una nueva vida, como la de aquella República a la que no dejaron crecer. (“Cuando se quemaban libros también se asesinó a la bibliotecaria Juana Capdevielle”. www.elsaltodiario.com. Consultado: 12 de agosto de 2026).

