Prosa Para Mi Nacimiento

Hijo único de la declaración de amor
que hizo mi padre hace setenta años
como un romántico, un modernista, un provenzal de la provincia,
celebro que abril y mayo le fueran tan inmensos
     y lo inspiraran tanto
como a mí este mayo y este junio
que me han lavado los ojos con la lluvia del silencio.

El silencio era el tema mayor de aquella epístola.

Rompe el llanto el silencio donde estaba
gestándose la nueva criatura,
imposible de decir en términos verídicos,
porque la bienvenida general lo desdibuja todo
y únicamente los ojos de la madre
saben qué es, quién es, aquello, aquel, en su ignorancia
que es la más alta flor de la inocencia.

Se mece el niño en esa flor, y llora,
nostálgico ya entre sangrientos nubarrones
de aquél silencio que era el vientre de la madre.

Roto el silencio en átomos y en astros,
roto en casas, en viajes y en ciudades,
roto en sílabas, en lenguas y rencores,
roto en árboles, en nubes y deseos,
roto en días y noches, verdades y mentiras,
dolores y alegrías, olvidos y memorias,
hecho añicos el silencio, comienza a trabajar.

“Ese gran trabajador que es el silencio”:
así decía mi padre en su declaración de amor.

Ahora han vuelto los dos a ser criaturas del silencio
y yo me acerco a ellos, a sus reliquias y cartas silenciosas,
les quito el polvo, las repaso, las pongo un rato al sol,
lleno de este estruendo que es el llanto del silencio,
y oigo en el fondo los golpes del gran trabajador
que no descansa nunca, ni en la noche estrellada.

Cintio Vitier

Tomado de Poemas de mayo y junio (1988), Obras 10. Poesía 3, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2011, p. pp. 113-114.

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