La Verdad
Hablando con mi padre, en el portal nocturno, a veces parecía
que se iba a descorrer una terrible tela.
Entonces
las palabras alejábanse
como los contornos de un paisaje que atravesáramos en sueños,
la situación de los interlocutores también extrañamente se diluía,
dejando de sí solo jirones vagos, débiles conjeturas angustiosas.
¿Me hablaba del pasaje de Platón sobre el lustroso hígado,
espejo de las profecías, que a él le recordaba los hígados
de las reses
que vio abrir con hábil cuchillo en su niñez?
Los árboles inmóviles
soplaban suavemente un halo vaporoso hacia la luna.
Los cuchillos
destellaban, la resbalosa víscera vinosa espejeaba entre las manos.
Todo ocurría ya en otro mundo. Las palabras, las ideas y los hechos
incrustábanse en una oquedad remota. Eran solo imágenes. La tela
viva
se estaba desgarrando ardientemente.
Veía el abismo de lo inmediato.
Despierto, en lo indecible.
(Dejo estos signos como lo que son: un fracaso,
la huella del explorador que se ha perdido para siempre
en la nieve).
Tomado de Epitalamios (1966), Testimonios (1953-1968), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, pp. 249-250.
Otros poemas relacionados:
- Cintio Vitier: “Dicho en el alma”, Testimonios(1959-1964), Obras 9. Poesía 2, pp. 249-250; y “Prosa para mi nacimiento”, Nupcias (1979-1992), Obras 10. Poesía 3, pp. 113-114.

