LECCIONES DE CINTIO VITIER
Me dijo Roberto Fernández Retamar que Cintio había sido su maestro. “Maestro” —se entendía— en un sentido espiritual y no en el asociado al ejercicio del aula, de impronta a veces menos determinante. “Lecciones” nombró Vitier a aquellas conferencias dictadas en 1957[1] en el Lyceum, y cubanas, “Lecciones cubanas”,[2] a esas otras, dadas mucho tiempo después en el Instituto Superior de Arte, que entonces le propuso recordar los 30 años de la salida de Lo cubano en la poesía. En ambos cursos, un denominador común, la iluminación del país, tanto desde sus líneas y avatares expresivos, como desde algunas de sus voces fundacionales, era la iluminación de un proceso —ser en devenir—, con fe absoluta en las potencias de la poesía y la cultura, frente al vacío, la estolidez y las operaciones de “desustanciación” que acaso hoy más que nunca nos asedian. Socavar, deslegitimar, hasta dejarnos sin raíz, parecen las divisas de un sector intelectual que desde luego se ha ensañado también con Vitier. No hablo de las críticas que su obra, como la de cualquier escritor o pensador, precisa, sino de las lecturas generales, de cierta forma afines y marcadamente políticas que insisten, por ejemplo, en la condición “inflacionaria” del canon cubano o enumeran, como supuestos “estigmas” de nuestra literatura: “La publicación de Cantos del Siboney, de José Fornaris”, “‘La estrella de Cuba’,[3] primer poema ‘revolucionario’, escrito por Heredia”, “La agenda teleológica insular de Cynthio Vitier a partir de Lo cubano en la poesía” y “La publicación del panfleto Nuestra América, por José Martí, cúmulo de histeria verbal”.[4] Ya algo de esto habría advertido él en 1997, cuando en “Leyendo La república escrita de Rafael Rojas” reaccionaba ante las consideraciones del ensayista, según el cual “la República de José Martí” se ajustaba al concepto de Agamben[5] de “topología de lo irreal” y la escritura martiana podía concebirse como “una suerte de holograma histórico”.[6] Con Martí en el centro de su ideario, Vitier creyó quizás románticamente que la palabra del Apóstol ayudaría a remediar la crisis y el éxodo de los noventa, pero a su vez señaló agudamente la responsabilidad de la Revolución con los jóvenes desmoralizados, escépticos políticos, marginales o antisociales, en los que tenía que verse “un innegable y doloroso fracaso”:
La Revolución no puede resignarse a este tipo de fracaso, por relativo que sea. La Revolución no puede conformarse con decir de los que se lanzan al mar en embarcaciones frágiles y arriesgan la vida de sus niños y ancianos: son delincuentes, son irresponsables, son antisociales. En todo caso son nuestros delincuentes, nuestros irresponsables, nuestros antisociales. La Revolución también se hizo y se hace para ellos, no puede admitir que sigan siendo subproductos suyos.[7]
A las incomprensiones y extremismos, que también padeció, opuso como buen origenista, el trabajo silencioso y constante, la fidelidad a sus principios y la visión equilibrada y conciliadora de que da testimonio su poema “Viernes Santo”: entre el anverso y el reverso de quienes desestiman, desprecian al “pequeño grupo” que vela y quienes se enorgullecen de un nombre “que no han sabido honrar”. “Los que piensan en el prójimo / y lo ayudan y trabajan para él / son tus discípulos: / no importa que lo ignoren”,[8] dice allí, adelantando lo que también comprendería en Solentiname su querido y admirado Ernesto Cardenal.[9]
Ahora que se le juzga a menudo por haber hecho de la Avellaneda un “caso”,[10] por sus reticencias con “El apellido” de Guillén[11] y “La isla en peso” de Piñera,[12] por su teleológico relato de lo cubano, como si no hubiese crítico al que se le puedan igualmente reprochar sus límites, conviene releer otras páginas, las de sus ensayos sobre Julián del Casal (“Julián del Casal en su centenario”),[13] Juana Borrero (“Las cartas de amor de Juana Borrero”), Samuel Feijóo (“Ciclo poético de Samuel Feijóo”),[15] José Lezama Lima (“Invitación a Paradiso”),[16] su introducción a La crítica literaria y estética en el siglo xix cubano,[17] sus Temas martianos[18] y, sobre todo, su Poética,[19] que lo coloca a la altura de los grandes pensadores sobre poesía de la lengua. Antes que Octavio Paz o José Ángel Valente, Vitier asumiría la perspectiva del creador para lanzar una de las propuestas más insólitas sobre el lenguaje figurado que jamás haya podido imaginarse: esto es, para el poeta, el lenguaje figurado no existe, la poesía no es figura sino sustancia, “catacresis esencial”, acto prístino de nombramiento en el que “nieve hilada” o “cítara de plumas” no son la simple sustitución de “mantel” o de “pájaro”, sino el hallazgo de una nueva realidad que no puede expresarse de otro modo.
Situado siempre desde la poesía, entidad trascendente más allá del poema, fundida a las materias mismas de lo real, rechazó la literatura en tanto juego terrible o tonto de las instituciones, comercio o consumo, “triunfo del modelo yanqui de modernidad”,[20] y la “nueva escolástica de la teoría literaria que, por el camino de la desaforada especialización cientificista, se dirige a las antípodas de lo que Reyes consideró lo propiamente literario, es decir, lo propiamente humano en la expresión verbal”.[21]
Tuvo el ojo del investigador para descubrir el filón, el cauce, el tema o el autor desatendidos —así en “Los versos del Papel Periódico”,[22] “Un cuento de Tristán de Jesús Medina”,[23] Flor oculta de poesía cubana[24]—, y también su paciencia; una elegante paciencia en el hervidero de oportunistas y suspicaces. Como su obra no necesita que nadie la defienda, solo espero que en este centenario vuelvan a repasarse sus lecciones con el respeto que se debe a los maestros.
www.lajiribilla.cu (24-09-2021)
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] El Curso se desarrolló en el Lyceum de La Habana, del 9 de octubre al 13 de diciembre de 1957.
[2] Las seis conferencias reunidas en Lecciones cubanas formaron parte del Curso “tentativamente nombrado —según Cintio— Pensamiento y creación en la literatura cubana”, desarrollado en el antiguo Instituto Superior de Arte, hoy Universidad de las Artes, entre el 20 de septiembre y el 9 de diciembre de 1988, por iniciativa de la profesora Raquel Carrió, como recordación de los treinta años transcurridos desde la primera edición de Lo cubano en la poesía. Véase Raquel Carrió: “El magisterio de Cintio Vitier. A treinta años de Lo cubano en la poesía”, Albur, La Habana, octubre de 1988, pp. 45-46.
[3] José María Heredia: Obra poética, compilación y prólogo de Ángel Augier, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2003, pp. 100-101.
[4] Manuel Sosa: “Los 99 estigmas de la literatura cubana”, https://www.hypermediamagazine.com/literatura/manuel-sosa-los-99-estigmas-de-laliteratura-cubana
[5] Giorgio Agamben (1942).
[6] Véase Cintio Vitier: “Leyendo La república escrita de Rafael Rojas” (1997), Obras 7. Temas Martianos 2, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2005, pp. 216-217.
[7] Cintio Vitier: “Martí en la hora actual de Cuba”, África América Latina, cuadernos, no. 16, Solidaridad para el Desarrollo y la Paz, SODEPAZ, Madrid, 1994, p. 92. (Este trabajo fue leído por su autor en la mañana del 9 de septiembre de 1994, en reunión convocada sobre el tema del título en el Centro de Estudios Martianos. Fue publicado el en el periódico Juventud Rebelde, La Habana, el 18 de septiembre de 1994 y en la revista Casa de las Américas, año 35, no. 196, La Habana, en el número correspondiente a julio-septiembre de 1994).
[8] Cintio Vitier: “Viernes Santo”, Testimonios 1953-1968, Ediciones Unión, Contemporáneos, La Habana, 1968, p. 280.
[9] Véase Fina García Marruz: “Fiesta en Solentiname”, Viaje a Nicaragua (1987), Obra poética, 2 t., prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, t. II, pp. 10-12.
[10] Cintio Vitier: “El caso de la Avellaneda”, Lo cubano en la poesía. Edición definitiva, prólogo de Abel Prieto, La Habana, Letras Cubanas, 1978, pp. 102-104.
[11] Véase Nancy Morejón: “Prólogo a Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén”, Ed. Casa de las Américas, La Habana, 1974, pp. 27-28. Cintio Vitier: “La obra de Nicolás Guillén. Hallazgo del ‘son’”, Lo cubano en la poesía. Edición definitiva, ob. cit., pp. 297-308; “Poesía pura y poesía social”, Lecciones cubanas (1990), Obras 11. Estudios y ensayos, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014, pp. 406-414; y Ese sol del mundo moral (1975), 2da ed., México, Siglo XXI editores, 2002, “Capítulo V”, pp. 149-153.
[12] Cintio Vitier: “El reverso vacío”, Lo cubano en la poesía. Edición definitiva, ob. cit., pp. 337-340.
[13] Cintio Vitier: “Julián del Casal en su centenario” (1963), Obras 3. Crítica 1, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2000, pp. 127-156.
[14] Cintio Vitier: “Las cartas de amor de Juana Borrero” (1964), Obras 3. Crítica 1, ob. cit., pp. 181-205.
[15] Cintio Vitier: “Ciclo poético de Samuel Feijóo” (1982), Obras 4. Crítica 2, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 244-266.
[16] Cintio Vitier: “Invitación a Paradiso” (1988), Obras 4. Crítica 2, ob. cit., pp. 379-404.
[17] Cintio Vitier: “Introducción a La crítica literaria y estética en el siglo XIX cubano”, La Habana, Biblioteca Nacional José Martí, 1968, t. I, pp. 7-46.
[18] Cintio Vitier y Fina García Marruz: Temas martianos. Primera serie, La Habana, Biblioteca Nacional José Martí, 1969; Cintio Vitier: Temas martianos. Segunda serie, La Habana, Editorial Letras Cubanas/Centro de Estudios Martianos, 1982; y Fina García Marruz: Temas martianos. Tercera serie, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 1995.
[19] Cintio Vitier: Poética (1961), Obras 1, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1997.
[20] Cintio Vitier: “Respuestas y silencios. (Diálogo con Rolando Sánchez Mejías)”, Poética, ob. cit., p. 251.
[21] Cintio Vitier: “Literatura y liberación”, Obras 11. Estudios y ensayos, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014, p. 323.
[22] Cintio Vitier: “Los versos del Papel Periódico”, Obras 3. Crítica 1, ob. cit., pp. 61-70.
[23] Cintio Vitier: “Un cuento de Tristán de Jesús Medina” (1963), Obras 3. Crítica 1, ob. cit., pp. 105-126.
[24] Flor oculta de poesía cubana (siglos XVIII–XIX), escogida y presentada por Cintio Vitier y Fina García Marruz, con viñetas de Samuel Feijóo, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1978.

