DIMENSIÓN FILOSÓFICA,
SOBRE TODO, EN SU SENTIDO DE LA VIDA
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Era vehemente. Las creencias se le tiñen de pasión. Se disciernen bien en las semblanzas de cubanos, norteamericanos y hombres de la América española. Quizá es en esos ensayos biográficos donde más se diseminan las especies de tipo filosófico, y el lector siente lo cálido de las aseveraciones. Cada figura de su colección le desprende del ideario alguna parte doctrinal. Pero la vehemencia de esos credos no le impide el juicio frío ni sobre el prócer que retrata, ni sobre los contenidos filosóficos que le salen al paso cuando escribe.
El caso del Positivismo, según vimos arriba, es una prueba. Martí no se adhiere a ese método y menos a sus conclusiones, contrarias a los estudios de ámbito metafísico. Sin embargo, declara que el Positivismo ha tenido siempre una función útil en la economía del pensamiento universal. El objetivo científico, casi único en el Positivismo, tuvo en él un admirador: las ciencias le interesaban, y no pocos científicos eminentes pasan por sus artículos. Lo que él no acepta es limitar el conocimiento y los intereses del espíritu a la indagación de tipo científico.
Explícitamente escribe que la vida espiritual es también una ciencia. Sus páginas sobre El poema del Niágara, de Pérez Bonalde, ilustran estos modos de su actitud filosófica, que se irradia en otros escritos.
Si atendemos al contexto de su obra toda, vemos que “vida espiritual” no significa, en su empleo de la frase, ni la organización psíquica del hombre ni la función del intelecto que busca la verdad con normas lógicas. No alude a Psicología ni a Lógica, como ciencias, aunque con ellas se relacione su aserto. Alude, esencialmente, a las vivencias de afán ético, a las horas de soledad creadora en que el espíritu, de puro serio y creyente, toca riberas suprasensibles. Alude a una economía inherente a la voluntad de perfección interior. Cree que esa ansiedad, rara, desde luego, en los hombres, pero real, se rige por leyes. Eso es todo, que es mucho, por cierto.
Si en un franco fantasear nos lo imagináramos entre los seguidores de alguna escuela griega de la Antigüedad, no creo que lo hallaríamos como heredero del saber que acumuló y ordenó Aristóteles, ni colaborando con Teofrasto, el erudito continuador del Estagirita, sin sus dotes. Ni tendríamos que buscarlo entre aquellos milesios, muy anteriores (del siglo VI a. de C.) empeñados en dar con el substrato físico del Universo, y fuera todavía de la curiosidad por la naturaleza humana. Tampoco hubiera sido un adepto de la teoría atomística que introdujo Leucipo y sistematizó Demócrito. Más bien se le hubiera visto vertiendo llanto junto al grupo de los que presenciaron la muerte de Sócrates, y como oyente (libre siempre) de la enseñanza de Platón. Y en el período helenístico, posterior, como se sabe, a los siglos áureos de la filosofía griega, tal vez habría encabezado uno de aquellos movimientos no tanto ya de explicación como de predicación, afanosos de consuelo. La elevación del estoicismo ¿le hubiera convertido? No lo sé, porque no me represento a Martí donde no esté en acción, presto a sus dos misiones: sufrir e iluminar. A ratos su luz —él lo dice— le brota de la pena.
En la Edad Media, en los siglos xii, xiii (y algo antes y algo después), cuando las especulaciones teológicas rebasaban sus temas y daban con cuestiones filosóficas, no creo que se hubiera contado entre los realistas sino entre los nominalistas, que ya presagiaban el pensamiento moderno. El sutil Escoto, y más tarde Occam, le hubieran atraído más que Santo Tomás, el ángel de las escuelas.[16] Porque simpatizó siempre con quienes aplican el intelecto a la verdad sin temor de rozar dogmas. Por otra parte —y esto importa mucho en Martí—, aunque muy especulativo y buscador de la Realidad total, siempre alabó la observación de los fenómenos tales como se dan en el mundo físico, y la consecuente indagación de sus leyes. No miró con desvío los hechos naturales. Aquellos “nominalistas” volvían por los fueros de lo real inmediato, tangible, y se desentendían de los presuntos arquetipos platónicos, raíz antigua del problema medieval de “los universales”.[17] Pero después de todo, aquella ruidosa disidencia se movió en los claustros y en las nacientes universidades. No se trataba de campo de acción. Por eso, tal vez acierte quien ha dicho que a Martí se le hubiera visto capitaneando cruzadas, hasta dar con su hueste junto a los muros de Jerusalem.
Era una mente dotada de tan varias aptitudes, que uno vacila cuando piensa en lo que habría sido si la Revolución no hubiese ocupado su actividad. En vano lo imaginamos. En punto a las afinidades sí hay acierto. De la gente española que sobresalió a partir de 1900, Unamuno, mucho más que Ortega, hubiera sido su ídolo.[18] Al estilo de Ortega y de parte de su lección, de fijo que se hubiera aficionado, pero diría lo que Rodó sobre Daudet: “ídolo mío, aunque no para las ocasiones de las grandes plegarias”.
De Varona alabó la prosa, el bien organizado saber, el método preciso.[19] De su positivismo, ya se infiere cuál sería el criterio de Martí, pues nos hemos detenido en su modo de apreciar esa dirección de la filosofía.
En ningún escrito ni discurso trata temas filosóficos, directa y principalmente. Las especies de ese linaje están sedimentadas ya en su mentalidad. Es poseedor elegante. No anuncia su lección en capítulos por modo didáctico. Quizá a eso habría llegado si continúa en su cátedra de Guatemala. Y eso estaría bien, en su esfera. Pero Martí prefiere la vía ensayística, que no lo compromete a exponer como en los tratados, lo establecido, o lo alterador, pero con rigor didáctico. Ortega y Gasset ha difundido sus ideas filosóficas en libros que son ensayos, aunque diz que tiene inéditas lecciones que van a contentar al más exigente académico. Claro que en este caso se trata de un profesor formado en altos medios europeos. Martí fue en filosofía, como en todo, autodidacta, lo cual tiene desventajas, en general, pero en las mentes superiores acaso sean más las ventajas.
No es esta la primera vez que lo filosófico, en Martí, pasa a ser tema de estudio. Félix Lizaso, gran conocedor del Apóstol, ha llamado la atención, en juicioso escrito, sobre las posibilidades que en efecto hubo de que alcanzara relieve en esos dominios.[20] Emerson ocupa, por supuesto, lugar propio en las consideraciones incitantes de Lizaso.
Importaría saber qué obras filosóficas leyó Martí en España. Esto interesa más, que la materia de Filosofía que entraba en sus cursos universitarios, por aquellos años. Habría que indagar —y esto es más fácil— con qué obras de Filosofía contó en la biblioteca del centro guatemalteco donde enseñó, o de otros allí. Después sus lecturas de una diversidad de materias fueron copiosas, según lo denuncian sus escritos. Que lo filosófico ocupara sitio central después de la cátedra de Guatemala es difícil precisarlo. Me inclino a creer que no. Hacia sus treinta años, y antes, había adoptado ya unas cuantas verdades (como tales las tenía) y a ellas se atuvo, con admirable congruencia. No dudo que leyera más filosofía, pero no parece que lo hizo sistemáticamente.
Su ensayo sobre Emerson indica, sin más, que le fue adicto. Valga, antes que nada, su texto:
La luz que trajo en sí le sacó en salvo de este viaje por las ruinas—que es la vida.[21] Él no conoció límites ni trabas. Ni fue hombre de su pueblo, porque lo fue del pueblo humano.[22] Vio la tierra, la halló inconforme a sí, sintió el dolor de responder las preguntas que los hombres no hacen, y se plegó en sí. Fue tierno para los hombres, y fiel a sí propio. Le educaron para que enseñara un credo, y entregó a los crédulos su levita de pastor, porque sintió que llevaba sobre los hombros el manto augusto de la naturaleza;[23] ni obedeció a ningún sistema, lo que le parecía acto de ciego y de siervo; ni creó ninguno, lo que le parecía acto de mente flaca, baja y envidiosa.[24] Se sumergió en la naturaleza, y surgió de ella radiante.[25] Se sintió hombre, y Dios por serlo.[26] Dijo lo que vio; y donde no pudo ver, no dijo. Reveló lo que percibió, y veneró lo que no podía percibir. Miró con ojos propios en el Universo, y habló un lenguaje propio.[27] Fue creador, por no querer serlo. Sintió gozos divinos, y vivió en comercios deleitosos y celestiales. Conoció la dulzura inefable del éxtasis. Ni alquiló su mente, ni su lengua, ni su conciencia. De él, como de un astro surgía luz.[28] En él fue enteramente digno el ser humano.[29]
De este fragmento saca el lector avisado tres o cuatro notas indicadoras de lo que Martí aceptaba y de lo que rechazaba. Emerson, además, y a tenor de un procedimiento que emplea en otros ensayos, le incita a declararse. Así escribe:
La vida que suele ser terrible, suele ser inefable. Los goces comunes son dote de bellacos. La vida tiene goces suavísimos, que vienen de amar y de pensar.[30]
Y va a parar a súbito símil:
Se lee lo grande, y si se es capaz de lo grandioso, se queda en mayor capacidad de ser grande. Se despierta el león noble, y de su melena, robustamente sacudida, caen pensamientos, como copos de oro[31].[32]
Quizá el pasaje de más importancia para conocer el sesgo filosófico de Martí, sin filiación resuelta con sistema alguno, sea el siguiente:
Siente que el Universo que se niega a responder al hombre en fórmulas, le responde inspirándole sentimientos que calman sus ansias, y le permiten vivir fuerte, orgulloso y alegre. Y mantiene que todo se parece a todo,—que todo tiene el mismo objeto,—que todo da en el hombre […].[33]
Ya es él, con motivo de Emerson o de quien sea. Es él quien cree esto:
el orden universal inspira el orden individual: la alegría es cierta, y es la impresión suma, luego, sea cualquiera la verdad sobre todas las cosas misteriosas, es racional que ha de hacerse lo que produce alegría real, superior a toda otra clase de alegría, que es la virtud.[34]
El ensayo es de 1882, frisando el escritor en los treinta y con evidente madurez. Las ideas fundamentales que allí vierte reaparecerán luego en otros escritos, con tenaz adhesión. Lo filosófico, sin fórmulas, sin marca de escuela, le tiñe gran número de páginas. El saber se le trasuntó en ser, como quiere Max Scheler, y no cita autoridades ni escribe con aire profesoral. Lo que al cabo cree, lo vierte para vivificar sus palabras. Pero profundamente, en lo cual radica su fuerza, que es por lo demás, milagro de amor.
Tengo a la vista un ejemplar de los Essays de Emerson, por cierto, de la edición de 1891 (First series). Leemos en el ensayo titulado “Spiritual Laws”, estas líneas:
If in the hours of clear reason we should speak the severest truth, we should say that we had never made a sacrifice. In these hours the mind seems so great that nothing can be taken from us that seems much. All loss, all pain, is particular; the universe remains to the heart unhurt.
Es el mismo pathos contemplativo que da tono a muchos pasajes de Martí. Una concordancia de la mente superior con la interioridad de las cosas y un situarse el yo por sobre toda vicisitud. Un contraste además entre el suceso accidental doloroso y la impasibilidad del cosmos.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[17] Pero no creo que hubiera mirado con desvío los universales. Su simpatía por el nominalismo se explicaría por ser este un movimiento crítico, de libertad, sin prejuicio teológico.
[18] En sentido inverso, es decir, de Unamuno para con Martí, véase “Sobre los Versos libres de Martí” [1913], “Martí y Unamuno” [carta a Gonzalo de Quesada y Miranda (08-07-1919)], “Sobre el estilo de Martí” (1919), “Cartas de poeta” (1919) y “Unamuno y los americanos” (¿-?), Archivo José Martí 11, al cuidado de Félix Lizaso, La Habana, enero-diciembre de 1947, pp. 7-9, 10, 11-14, 16-18 y 19-20. (N. del E. del sitio web).
[19] Véase JM: “‘El poeta anónimo de Polonia’. Enrique J. Varona”, El Economista Americano, Nueva York, agosto de 1887, OCEC, t. 26, pp. 142-143 y “Seis conferencias por Enrique José de Varona”, El Economista Americano, Nueva York, enero de 1888, OCEC, t. 28, pp. 40-44.
[20] Félix Lizaso: Posibilidades filosóficas en Martí, La Habana, Molina, 1935.
[21] Emerson, Nature: “Un hombre es un dios en ruinas. (…) La infancia es el Mesías perpetuo, que viene a los brazos de los hombres caídos, y aboga con ellos para regresar al paraíso” (I, p. 71). Nótese cómo reverbera aquí la fórmula poética de Ismaelillo. [JB]
[22] Emerson, “Carácter”: “Un individuo es un abarcador. (…) Abarca el mundo, como el patriota abarca su país” (III, p. 96). [JB]
[23] Emerson dejó de ejercer su función de pastor de la Segunda Iglesia de Boston el 28 de octubre de 1832. Cuando su propia visión del universo logró la madurez, se desprendió con gran confianza de la formación teológico-filosófica tradicional puritana recibida. Su nuevo credo quedó expuesto en su más sobresaliente ensayo, Nature. [JB]
[24] Emerson, “Swedenborg; or the Mystic”: “Mientras más coherente y elaborado el sistema, menos me gusta” (IV, p. 135). Y en Nature: “Aprendemos a preferir teorías imperfectas, y frases que contienen vislumbres de verdad, que a digerir sistemas que carecen de una sola sugerencia valiosa” (I, p. 70). [JB]
[25] Emerson, “Poetry and Imagination”: “No podemos conocer las cosas mediante palabras dichas y escritas, sino únicamente tomando una posición central en el universo. (…) Nos hundimos para surgir” (VIII, p. 42). Y en “Montaigne; or the Skeptic”, refiriéndose a la actitud cognoscitiva: “Es una cuestión de temperamento o de mayor o menor inmersión en la naturaleza” (IV, p. 181). [JB]
[26] Emerson, “Circles”: “Soy Dios en la naturaleza” (II, p. 307). [JB]
[27] Ver nota 40. [JB]
[28] Emerson, Nature: “Él llenó la naturaleza con sus desbordantes corrientes. De él surgieron el sol y la luna” (I, p. 71). [JB]
[29] JM: “Muerte de Emerson”, La Opinión Nacional, Caracas, 19 de mayo de 1882, OCEC, t. 9, pp. 318-319.
[30] Ibíd., p. 321.
[31] Anteriormente, Martí sostiene que Emerson se sacude las pequeñeces de la mente vulgar “como se sacude un león, tábanos”. Más adelante, vuelve a asociar a Emerson con la imagen del león; dice que al leer sus escritos “se siente vértigo, como si se viajara en el lomo de un león volador”. En The Conduct of Life, Emerson se había referido a la cualidad dinámica del efecto estético, con esta imagen: “El placer que produce al ojo un palacio o un templo es porque le ha sido trasmitido un orden y un método a las piedras, de modo que hablan y geometrizan; cargadas de expresión, se vuelven tiernas o sublimes. La belleza es el momento de transición, como si la forma fuera a fluir hacia otras formas. Cualquier fijación (…) es el reverso del fluir y por tanto ya es deforme. Siendo tan bella, como es, la simetría de cualquier forma, si esta puede moverse, apunta a una simetría aún más excelsa. Este es el encanto del agua que corre, de las olas del mar, del vuelo de los pájaros y de la locomoción de los animales. (…) La belleza cabalga sobre un león” (VI, pp. 292-294). (El subrayado es de Emerson). Técnicamente, la “animalización” del texto dota al escrito de fluidez. En el ensayo “Nuestra América”, “el tigre” energiza el texto de manera similar. El dictado ideológico de hacer causa común con los desposeídos de la tierra, cede a la imagen: “El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa” (VI, p. 19). [JB]
[32] “Muerte de Emerson”, ob. cit., p. 322.
[33] Ibíd., p. 327.
[34] Ibíd., p. 328.

