ILUMINACIONES 2:

CINTIO Y FINA, SOBRE MEDARDO VITIER

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Julio Domínguez García: Usted sabe que yo hice una pequeña cronología de la República, desde el principio del siglo xx hasta 1929, que ya salió publicada. Ahora trabajo en el segundo tomo. Recuerdo que en la investigación encontré una referencia a la renuncia de su padre como ministro. El anuncio decía algo así: “Salió de la secretaría —que era como se llamaba entonces—, con la misma dignidad con que entró”. Y esas son palabras que en aquella época significaban mucho.

Cintio Vitier: Recuerdo cuando eso ocurrió. La culpa —si se puede decir así— de que mi padre aceptara ser Secretario de Educación —entonces se llamaba así al Ministro—, la tuvo, con la mejor intención del mundo, desde luego, Agustín Acosta, quien era íntimo amigo de mi padre.

Fina García Marruz: El mejor amigo de Vitier.

Cintio Vitier: Agustín Acosta vivió en Jagüey Grande, muy cerca de Matanzas, y mi padre y él se veían con mucha frecuencia, casi siempre en mi casa. Integraban, con Fernando Llés y otros, el Grupo Minorista de Matanzas, que dirigió mi padre… Yo presencié la visita que le hizo un enviado del entonces director del Diario de la Marina, Pepín Rivero. Recuerdo bien a aquel hombre inmenso, vestido con un traje de dril blanco, muy ostentoso, que llegó a la casa, cuando nosotros vivíamos en la Víbora, en la casa de mi tío “Monzo”.

     Este hombre traía la misión de obtener en aquella visita, inmediatamente, nada menos que la subasta del material escolar de toda la República de Cuba para un recomendado de Pepín Rivero.

     Cuando el hombre terminó de hablar —yo estaba oyendo la conversación—, que fue larga y tendida, mi padre le respondió: NO. Sencillamente.

Fina García Marruz: Nada más le dijo eso: NO.

Cintio Vitier: El tipo se fue hecho polvo y con la cabeza baja. Pero al día siguiente empezaron los ataques contra mi padre.

Fina García Marruz: Toda la prensa. Bueno, el caso fue parecido al de mi padre [doctor Sergio García-Marruz], que fue Secretario de Salubridad y terminó envuelto en un escándalo similar. Aquellos gobiernos buscaban a una persona que tuviera un prestigio. Duraban unos cuatro o seis meses en el cargo, hasta el momento en que se negaban a participar en la corrupción.

Cintio Vitier: En realidad la mayor parte de ustedes, por la juventud que los caracteriza, no se pueden hacer idea de lo que era aquello. No había disimulo. Sencillamente te iban a ver, te pedían tal cosa y si no lo hacías te pasaban la cuenta.

Fina García Marruz: Con una campaña de descrédito.

Cintio Vitier: Casi había que agradecer cuando algún periódico se empeñaba en arremetidas como esas.

Renio Díaz: Uno de los primeros libros que se escribió en Cuba sobre Martí es de Medardo Vitier.

Cintio Vitier: Así es. En 1911, diez años antes de que yo naciera, mi padre publicó un estudio que fue premiado por el Colegio de Abogados de La Habana, con el título: Martí, su obra política y literaria. Fue el primer libro dedicado a Martí como tal: como libro. Y ese libro llegó tarde a mis manos, por muchas razones, de todo tipo. Lo cierto es que cuando lo leí me quedé asombrado, porque él había dicho diez años antes de mi nacimiento cosas que yo creí haber descubierto en Martí.

     Martí era el tema obligado de todos los oradores políticos buenos y malos de Cuba. Desde luego, era un hombre supernombrado. Mi padre se enamoró absolutamente de esa figura, de una forma radiante, de una forma entrañable y para siempre. Toda su vida se la pasó estudiando a Martí. Nunca le oí hablar a papá de cómo se acercó por primera vez a Martí, pero era imposible que no ocurriera ese encuentro.

     Hay una idea que a mí me sorprendió mucho cuando leí tardíamente ese libro: la consideración del pensamiento poético y del pensamiento político de Martí como un todo; no como dos cosas distintas que se pueden estudiar separadamente, sino como un todo. Así también lo he visto siempre y todo parece indicar que lo heredé de él. No por la lectura sino por la sangre.

Fina García Marruz: Por el pensamiento del que antes hablabas.

Cintio Vitier: Porque cuando leí ese libro, ya yo había escrito mucho sobre Martí, porque empecé muy temprano a escribir sobre él, particularmente cuando trabajábamos Fina y yo en la Biblioteca Nacional. Lo estudié mucho cuando se acercaba la fecha del Centenario, que fue tan importante en todo sentido.

     Las Ideas en Cuba no tienen más que un sentido: llegar a Martí. Sin embargo, él cometió un error del cual se arrepintió después y lo confesó. Yo quisiera recordar, como un ejemplo de su absoluta honradez intelectual, lo que él mismo dice: “No lo incluí (a Martí) en mi libro La Filosofía en Cuba, por ceder a alguna idea muy extendida, pero injusta…”.

     Se refiere a un hecho muy concreto. A La Habana vino un gran pensador, en el sentido moderno de la palabra, el español José Gaos, invitado por el Centro Hispano Cubano de Cultura que dirigía Fernando Ortiz.

     Mi padre se enteró por José Gaos de una tesis a la cual le sacó muchísimo partido después, la que realmente le permitió acercarse de veras a Martí. José Gaos sostuvo que ni en España ni en Hispanoamérica hay filosofía, sino pensamiento. Pensamiento filosófico, en vez de sistemas filosóficos…

Fina García Marruz: A la alemana.

Cintio Vitier: Como en Francia, como en Alemania, como en Italia…

Fina García Marruz: Y por eso no lo incluyó entre los filósofos.

Cintio Vitier: En un momento dado dice:

No lo incluí [a Martí] en mi libro La Filosofía en Cuba por ceder a una idea muy extendida, pero injusta: la de que son filósofos quienes originan sistemas, quienes ocupan cátedras de Filosofía o quienes escriben tratados sobre la materia, ya en lo histórico, ya en lo teórico, con exclusión de los escritores no especializados, pero dotados de la aptitud filosófica, con título para que se les llame pensadores. En realidad, creo que Martí debe figurar en el recuento de La Filosofía en Cuba.[12]

     Y así, en el libro Martí, estudio integral, que recibió el Premio del Centenario, en 1953 —todos sabemos que no ocurrió en las mejores circunstancias políticas del país, sino en las peores, y yo creo que está perfectamente justificado, porque es un estudio del pensamiento de Martí fuera de toda escuela, fuera de todo sistema— dice cosas importantísimas. Por ejemplo: en ningún caso Martí estudia la axiología como tal, o sea, la teoría de los valores. Los valores para él —dice mi padre— no son valores, sino vivencias; no son objetos de estudio, sino algo que él lleva dentro y que expone no como resultado de estudio ni de investigaciones, ni mucho menos algún tipo de teoría, sino como cosas que ha vivido, que está viviendo, que lo están haciendo arder. Los valores como algo que nos enciende, que nos hace dar luz, que nos hace sufrir, inclusive, por la capacidad que todo hombre tiene en un momento dado de realizar los valores de la Historia. Y habla de eso en el último trabajo.

     Por cierto que, a esta segunda edición de Las Ideas en Cuba, le falta la última página, lo cual es una errata gravísima. Dice:

Es la suya una filosofía de seguridades [la de Martí], es decir, de lo que hoy se busca afanosamente, como se buscó, a partir de la muerte de Aristóteles, en el 323 a. de C., durante el período denominado helenístico, que algunos extienden hasta los días de San Agustín.

Naturaleza ardiente, más sintética que analítica, pide cuenta del ser y del destino individual. No la pide al puro razonamiento; ni a la apariencia de seres y cosas, que diría Parménides; ni a las conclusiones de la ciencia, cuyas “leyes” son, a lo más, simbólicas; ni a los sistemas, en discrepancia continua. Pide esa cuenta a la vida, en su drama perenne, y al dolor, en su majestad, para muchos, impenetrable, para él, reveladora.

     Ese párrafo da una idea de la penetración, de las profundidades del estudio que hace de la filosofía, del pensamiento de Martí, que parte realmente del dolor y de las revelaciones del dolor como tal. No axiológicamente considerado, sino vivencialmente. Me parece que son cosas definitivas, profundas, importantísimas, que están en este ensayo de él, sobre todo en el capítulo que le dedica, en el libro que les estoy evocando en este momento, el Estudio integral, dedicado al pensamiento de Martí.

     Y después hay otro dedicado a la religiosidad de Martí.[13] Religiosidad, que yo llamo sin iglesia. ¿Por qué? Martí no podía pertenecer a ninguna Iglesia. La Iglesia católica era un instrumento de la Colonia. ¿Cómo iba a estar Martí en la Iglesia Católica? Y la Iglesia protestante no era tampoco la suya, aunque tuvo gran admiración por los grandes protestantes americanos, como todos sabemos.

     Este análisis es un ejemplo más de la honradez de mi padre, algo que hay que reconocer, aunque sea su hijito el que está hablando ahora aquí. Él se dio cuenta de que había fallado, que no le había dado el lugar en el pensamiento filosófico que Martí merece y, lo dijo, y se arrepintió. Su idea era que la religiosidad no se le puede negar a Martí.

Fina García Marruz: Esa es la prédica que él recibió directamente en su hogar: la del cristianismo popular español. Recuerdo que Martí habla de eso en su primer poema.

Cintio Vitier: La formación de su papá y de su mamá, en esa casita, su casita, la que conocemos y que parece un pesebre.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[12] “No lo incluí en mi libro La Filosofía en Cuba por ceder a una idea muy extendida, pero injusta: la de que son filósofos quienes originan doctrina, quienes ocupan cátedras de Filosofía y quienes escriben tratados sobre la materia, ya en lo histórico, ya en lo teorético, con exclusión de los escritores no especializados, pero dotados de la aptitud filosófica, con título para que se les llame pensadores. En realidad, creo que Martí debe figurar en el recuento de la Filosofía en Cuba. La merecida inclusión dependerá de que se trate el asunto a tono con su peculiaridad. Algunas de nuestras figuras menores en Filosofía distan mucho de ofrecer los contenidos existentes en Martí, diversos y fuertes, diseminados sin pretensión profesoral ni rigor de vocabulario filosófico. Iba a las realidades ontológicas, axiológicas, y en algún caso hasta epistemológicas, sin valerse de estos términos ni de otros de marca docente. Pero iba, y no pocas veces llegaba”. (Medardo Vitier: “Dimensión filosófica, sobre todo en su sentido de la vida”, Martí, estudio integral, Premio del Centenario, La Habana, Publicaciones de la Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario y del Monumento de Martí, 1954, pp. 298-299).

[13] Cintio Vitier: “Sobre las ideas religiosas de Martí. (Observaciones a una ponencia)”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1988, no. 11, pp. 221-236 (Obras 7. Temas Martianos 2, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2005, pp. 98-117); La espiritualidad de José Martí, La Habana, Ediciones Vivarium, 2001 (Obras 7. Temas Martianos 2, ob. cit., pp. 226-244); y “Sobre la espiritualidad de José Martí” (2001), Obras 7. Temas Martianos 2, ob. cit., pp. 246-247.