Se incluyen en este volumen dos libros muy diferentes, aunque relacionados, a saber: Las ideas en Cuba. Proceso del pensamiento político, filosófico y crítico en Cuba, principalmente durante el siglo XIX, Premio Nacional de Literatura, publicado por la Editorial Trópico en La Habana en 1938 (dos tomos), y La Filosofía en Cuba, editado por el Fondo de Cultura Económica de México en 1948.
Como sus títulos lo indican, la primera obra, mucho más ambiciosa y extensa, intenta abarcar el ideario de los fundadores de la cultura cubana en sus diversas dimensiones; mientras la segunda, más cerca del manual que del tratado, aunque sin perder el pulso frecuentemente ensayístico e incluso coloquial, se dedica casi exclusivamente al pensamiento filosófico.
En ambos casos resulta explícita la constante preocupación por aclarar los vínculos de aquellos próceres con las corrientes del pensamiento europeo y no exagerar originalidades doctrinarias en el período que va desde el padre José Agustín Caballero hasta Enrique José Varona, sin olvidar por ello lo que aquel proceso implicaba para “la cohesión profunda de una cubanidad largamente fomentada”,[2] y que en él estaba “la raíz de lo que hemos querido ser y de lo que hemos realizado”.[3]
Entre ambos libros se sitúa en esta edición la nota “Homenaje a Vitier” publicada por la Revista Cubana (no. 34-35 de 1937), donde se reprodujeron las palabras de su director, José María Chacón y Calvo, durante el homenaje que el Círculo de Bellas Artes ofreció al autor de Las ideas en Cuba, las que aparecieron al final del tomo I de su primera edición.
A pesar de que mi padre se adelantó notablemente en el examen de la concepción del mundo del fundador del Partido Revolucionario Cubano con su folleto José Martí: su obra política y literaria (1911), se echa de menos un estudio mayor de su pensamiento en Las ideas en Cuba, y sorprende su casi total ausencia en La Filosofía en Cuba. Cinco años después, en su Martí, estudio integral, Premio del Centenario publicado en 1954, reconoció su error con estas palabras:
No lo incluí en mi libro La Filosofía en Cuba por ceder a una idea muy extendida, pero injusta: la de que son filósofos quienes originan doctrina, quienes ocupan cátedras de Filosofía y quienes escriben tratados sobre la materia, ya en lo histórico, ya en lo teorético, con exclusión de los escritores no especializados, pero dotados de la aptitud filosófica, con título para que se les llame pensadores. En realidad, creo que Martí debe figurar en el recuento de la Filosofía en Cuba.[4]
Fundados en la honradez de esta categórica rectificación, nos ha parecido indispensable añadir como Anexo en este volumen las páginas centralmente valorativas del pensamiento martiano que aparecen en el capítulo XIV, “Dimensión filosófica, sobre todo en su sentido de la vida”, de Martí, estudio integral, a la vez que recomendamos la lectura del capítulo titulado “Formas de la religiosidad en Martí”,[5] del mismo libro, obra que en definitiva resulta su testimonio mayor sobre el Apóstol de Cuba.
Cintio Vitier
Mayo de 2001
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Medardo Vitier: Las ideas en Cuba. La filosofía en Cuba, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2002.
[2] Medardo Vitier: “Nota preliminar”, Las ideas en Cuba. La filosofía en Cuba, ob. cit., p. 8.
[3] Medardo Vitier: “Capítulo I”, ob. cit., p. 26.
[4] “No lo incluí en mi libro La Filosofía en Cuba por ceder a una idea muy extendida, pero injusta: la de que son filósofos quienes originan doctrina, quienes ocupan cátedras de Filosofía y quienes escriben tratados sobre la materia, ya en lo histórico, ya en lo teorético, con exclusión de los escritores no especializados, pero dotados de la aptitud filosófica, con título para que se les llame pensadores. En realidad, creo que Martí debe figurar en el recuento de la Filosofía en Cuba. La merecida inclusión dependerá de que se trate el asunto a tono con su peculiaridad. Algunas de nuestras figuras menores en Filosofía distan mucho de ofrecer los contenidos existentes en Martí, diversos y fuertes, diseminados sin pretensión profesoral ni rigor de vocabulario filosófico. Iba a las realidades ontológicas, axiológicas, y en algún caso hasta epistemológicas, sin valerse de estos términos ni de otros de marca docente. Pero iba, y no pocas veces llegaba”. (Medardo Vitier: “Dimensión filosófica, sobre todo en su sentido de la vida”, Martí, estudio integral, Premio del Centenario, La Habana, Publicaciones de la Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario y del Monumento de Martí, 1954, pp. 298-299).
[5] Medardo Vitier: “Formas de religiosidad en Martí”, Martí, estudio integral, ob. cit., pp. 256-278.

