Los disparos (uno de ellos, el más imperdonable, en la garganta)[2] que derribaron a Martí de su caballo blanco o moro[3] en Dos Ríos hace ciento once años; su apresurado entierro al día siguiente en la fosa común de Remanganaguas, debajo del cadáver de un sargento español que ciertamente no era el que se abrazó llorando a su pierna llagada en el Presidio Político;[4] las sombrías manipulaciones, la espantosa foto, la autopsia en la manigua,[5] el viaje en un vagón de carga (no en “un carro de hojas verdes”)[6] hasta Santiago, las dudosas palabras,[7] de todos modos agradecibles, de Ximénez de Sandoval, no pudieron evitarlo: Dos personas maravillosas lo estaban esperando: la patria y la poesía. “¿O son una las dos?”[8]
El primero que se dio cuenta de ello, o que lo dijo con justiciera elocuencia, fue aquel poeta errante al que Martí en Nueva York, una noche, después del “exordio lírico”[9] de cuya ausencia no nos consolamos,[10] llamó “¡Hijo!”.[11] Era Rubén, palabra que en hebreo significa precisamente Ved, un hijo, y que, según lo adivinó José Lezama Lima muchos años después, fue quien en verdad respondió a la pregunta de Ximénez de Sandoval: ¿Alguien quiere despedir el duelo de José Martí?,[12] con el treno que evoca “su propia lengua, su órgano prodigioso lleno de innumerables registros, sus potentes coros verbales, sus trompas de oros, sus cuerdas quejosas, sus oboes sollozantes, sus flautas, sus tímpanos, sus liras, sus sistros”.[13]
Después de Darío, más secretamente, vino César Vallejo,[14] que en “El romanticismo en la poesía castellana” reproduce estas palabras del Prólogo de Martí al Poema del Niágara de Juan Antonio Pérez Bonalde: “Un inmenso hombre pálido, de rostro enjuto, ojos llorosos y boca seca, vestido de negro, anda con pasos graves, sin reposar ni dormir, por toda la tierra―y se ha sentado en todos los hogares, y ha puesto su mano trémula en todas las cabeceras! ¡Qué golpeo en el cerebro! ¡qué susto en el pecho! ¡qué demandar lo que no viene! ¡qué no saber lo que se desea! ¡qué sentir a la par deleite y náusea en el espíritu, náusea del día que muere, deleite del alba!”[15] En carta inolvidable me escribió Juan Larrea,[16] el gran vallejiano:
¿No se respira en estos dichos la atmósfera de los Heraldos negros?[17] (…). El inmenso hombre pálido, vestido de negro, bajo cuya influencia se sienten tremendos golpes en el cerebro sin saber lo que se desea, me parece inspirar bajo cuerda el “Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé”.[18] Claro que con ello se mezcla posiblemente el concepto de heraldos rojos del ‘Canto de la sangre’, más el anuncio de la muerte de “Heraldos”,[19] uno y otro poemas de Prosas profanas. Es un detalle nimio si se quiere, pero que manifiesta el codo con codo existente entre Vallejo, Darío y Martí.
Que no se trataba de un “detalle nimio” sino de una raíz fraternalmente entrañable se me hizo evidente cuando releí el apunte de Martí para un poema nunca escrito, titulado Asunto, a la tremenda luz del poema de Vallejo titulado “Masa”. Aunque el protagonista del primero es lo que pudiéramos llamar un suicida por sobreabundancia de ambición vital, y el del segundo es un combatiente por la libertad y la justicia entre los hombres, contra ambos destinos se vuelve la humanidad, a ambos les ruega que no sigan muriendo, y en el final los dos textos se unen sobrecogedoramente. Vallejo dice: “Entonces, todos los hombres de la tierra // le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; // incorporóse lentamente, // abrazó al primer hombre; echóse a andar…”[20] Y Martí había escrito del combatiente solitario: “Oyó: se levantó dolorosamente: compuso los huesos rotos de su cráneo, y siguió andando!”[21]
Vino después Gabriela, que confesó a Martí como “el Maestro americano más ostensible en mi obra”,[22] lo que apuntaba a su definición como “el hombre más puro de la raza”,[23] a la tonada popular y personal de los Versos sencillos que ella penetró como nadie, al prodigio general de la lengua martiana y a la creciente gravitación del octosílabo hacia el eneasílabo, o viceversa: en Martí (“Yo tengo un amigo muerto / Que suele venirme a ver: / Mi amigo se sienta, y canta; / Canta en voz que ha de doler”; en Darío:[24] “Misterioso y silencioso / iba una y otra vez. / Su mirada era tan profunda / que no se podía ver”; en ella misma: “Todas íbamos a ser reinas, / y de verídico reinar; / pero ninguna ha sido reina / ni en Arauco ni en Copán…” ¡Esas oscilaciones silábicas que en la persona de la poesía significan tanto!
Por su parte a Larrea no se le escapó el valor simbólico, mitológico diría Ezequiel Martínez Estrada, de la muerte de Martí en Dos Ríos, galopando en su apocalíptico caballo blanco, siempre en el marco de la guerra civil española, que tanto recordamos también los que entramos en la izquierda, no por la ideología sino por la poesía, o por la ideología esencial de la poesía, por lo que Juan Ramón Jiménez llamó en Cuba “la poesía inmanente antimperialista”.
Horas antes de caer en brazos de las dos maravillosas personas que lo esperaban —la patria irredenta y la poesía siempre combatiente, aunque no siempre lo parezca—, se sentó Martí a la luz de una vela a redactar su testamento político, que ahora nos proponemos examinar línea por línea como página que, sin despegarse un segundo de las apremiantes circunstancias en que fue escrita, tiene hoy más actualidad y mayor utilidad que nunca.
- “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Aunque dice “En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente”,[25] no fue esta la primera vez que tocó el tema,[26] pero sí fue la declaración más explícita y definitiva del sentido último y fundamental de su obra revolucionaria, por lo que considero esta carta como testamento y mandato de lo que hemos llamado, contra la opción yanqui desde Jefferson, el “Destino manifiesto” de Cuba, que en la actualidad cobra dimensiones mundiales.
- Cuando dice: “Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”,de seguro no se refiere solo a lo que hará inmediatamente. Hacia el final de la carta lo aclara: “Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento […]”[27] Recordemos sus versos a Enrique Estrázulas:
Viva yo en modestia oscura;
Muera en silencio y pobreza;
¡Qué ya verán mi cabeza
Por sobre mi sepultura![28]
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Convocado por el Centro de Estudios Martianos sesionó en esta institución el Coloquio Internacional El antimperialismo de José Martí. En defensa de la humanidad, durante los días 16 al 18 de mayo. El Anuario del Centro de Estudios Martianos recoge la conferencia inaugural dictada por el doctor Cintio Vitier, su presidente honorario, algunas ponencias presentadas, así como la conferencia de clausura pronunciada por el doctor Armando Hart Dávalos, director de la Oficina del Programa Martiano, y la Declaración final del evento. (N. de la E.).
[2] De acuerdo con la exhaustiva investigación de Ercilio Vento Canosa, son tres los proyectiles que impactan el cuerpo de José Martí; dos de ellos con trayectoria a sedal completo, esto es, atravesando totalmente el cuerpo: el primero en el tórax, con entrada por el mango del esternón y salida por la región escapular izquierda; el segundo penetra el cuello desde el plano postero-lateral derecho hasta el maxilar superior del lado izquierdo, con destrucción del labio superior en ese lugar; y un tercero que hiere, sin salida, el tercio superior de la pierna derecha, con fractura de la tibia y el peroné. (La cruz de caguairán, Matanzas, Ediciones Matanzas, 2013, pp. 63-82).
[3] El 25 de abril de 1895, después del victorioso combate de Arroyo Hondo, el general José Maceo —en prenda de amistad y cariño— le regaló a Martí un hermoso caballo, puro nervio, llamado Baconao, de color bayo claro y crines rubias, de seis y media cuartas de alzada. En cartas del 26 y 28 de abril a Carmen Miyares, le escribe: “[…] me traen mi caballo y mi montura nueva […]” y “[…] a mí también me han regalado un caballo blanco […] nos suben a caballo; y nos calzan las espuelas”. (EJM, t. V, pp. 178 y 192-193, respectivamente). Este era el caballo que Martí montaba cuando cayó combatiendo en Dos Ríos. Baconao logró sobrevivir la herida en el vientre de una bala que le salió por el anca. Gómez ordenó soltarlo en los potreros de la finca Sabanilla, con la orden expresa de que nadie lo montara, en señal de respeto y devoción hacia Martí. (Véase Rolando Rodríguez: Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2002, pp. 45 y 91-92). Según se dice, cuando su hijo José Francisco, Pepito, procedente de los Estados Unidos se incorporó como soldado a las tropas del mayor general Calixto García, “le fue asignado el caballo que montaba su padre al morir” (TEC, p. 18), pero él rehusó montarlo al no considerarse merecedor de tan alto mérito.
[4] “Detalle repugnante, detalle que yo también sufrí, sobre el que yo, sin embargo, caminé, sobre el que mi padre desconsolado lloró. ¡Y qué día tan amargo aquel en que logró verme, y yo procuraba ocultarle las grietas de mi cuerpo, y él colocarme unas almohadillas de mi madre para evitar el roce de los grillos, y vio al fin, un día después de haberme visto paseando en los salones de la cárcel, aquellas aberturas purulentas, aquellos miembros estrujados, aquella mezcla de sangre y polvo, de materia y fango, sobre que me hacían apoyar el cuerpo, y correr, y correr! ¡Día amarguísimo aquel! Prendido a aquella masa informe, me miraba con espanto, envolvía a hurtadillas el vendaje, me volvía a mirar, y al fin, estrechando febrilmente la pierna triturada rompió a llorar! Sus lágrimas caían sobre mis llagas; yo luchaba por secar su llanto; sollozos desgarradores anudaban su voz, y en esto sonó la hora del trabajo, y un brazo rudo me arrancó de allí, y él quedó de rodillas en la tierra mojada con mi sangre, y a mí me empujaba el palo hacia el montón de cajones que nos esperaba ya para seis horas. ¡Día amarguísimo aquel! Y yo todavía no sé odiar”. (JM: El presidio político en Cuba, Madrid, 1871, OCEC, t. 1, p. 77).
“El homenaje más emocionante que Martí ha dejado a la memoria respetable de su padre, está en las páginas de su panfleto El presidio político en Cuba. Por primera vez en la historia del idioma castellano se escribe con sangre y no con tinta. Sin olvidar a Larra. Cualesquiera sean las deficiencias estilísticas, de construcción, de expresión y de vocabulario de El presidio, es una acusación, vibrante de apasionado amor a la justicia, de repudio al despotismo, de compasión por los desdichados y de condena de la crueldad. En esa obrita primeriza permanecen en la misma incandescencia con que se las escribió algunas páginas que no han recogido las antologías, pero que son de las más hermosas y patéticas de las letras hispano-americanas. Por ejemplo: la escena en que el padre, arrodillado ante el mártir inocente, le cura la pierna lacerada y mezcla sus lágrimas con la sangre. No hay en la literatura universal, puedo aseverarlo con entera convicción, ni siquiera en la Hécuba, de Eurípides sino una escena que pueda comparársele: la del rey Lear arrodillado ante Cordelia, pidiéndole perdón en su extravío. ¿Se puede leer esta media página sin sentir estrangulada y encendida de indignación el alma?”. (Ezequiel Martínez Estrada: Martí revolucionario, La Habana, Casa de las Américas, 1974, p. 31).
[5] Véase el capítulo “La autopsia. El acta” de La cruz de caguairán, ob. cit., pp. 43-52; Luis F. Leroy y Gálvez: “Los médicos Valencia en 1871 y 1895”, Patria, año 23, no. 6, no. 6, La Habana, junio de 1967, pp. 1-2; e Igor Guilarte Fong: “José Martí y las reliquias de la muerte”, Bohemia, La Habana.
[6] JM: “XXIII”, Versos sencillos, Nueva York, 1891, OCEC, t. 14, p. 328.
[7] “Sres. Ante el cadáver de lo que fue en vida José Martí y en la carencia absoluta de quien ante su cadáver pronuncie las frases que la costumbre ha hecho de rúbrica, suplico a ustedes no vean en el que a nuestra vista está al enemigo y si al cadáver del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles. // Desde el momento que los espíritus abandonan las materias el Todopoderoso apoderándose de aquellos los acoge con generoso perdón allá en su seno; y nosotros al hacernos cargo de la materia abandonada cesa todo rencor como enemigo dando a su cadáver la cristiana sepultura que los muertos se merecen. He dicho”. (Emilio Bacardí: Crónicas de Santiago de Cuba, t. VIII, Santiago de Cuba, Tipografía de Arroyos y Hermanos, 1924, pp. 130-131. Se actualiza la ortografía).
[8] JM: “Dos patrias”, Versos libres, OCEC, t. 14, p. 241.
[9] Rubén Darío: “La insurrección en Cuba”, La Nación, Buenos Aires, 2 de marzo de 1895.
[10] “Y también consta que Martí, en un discurso de obligado sesgo político, consagró a Darío lo que este llamó ‘un maravilloso exordio lírico’. Más de una vez —hace poco lo conversábamos con Fina— hemos deplorado el extravío de este discurso improvisado. Pero acaso tal discurso, o al menos una parte apreciable de él, no se perdió del todo. Ese mismo año 1893, murió un hermano del autor de Prosas profanas, el cubano Julián del Casal, y Martí le dedicó un agudísimo obituario, donde se leen estos conceptos, que obligadamente involucran también a poetas como Darío”. (Roberto Fernández Retamar: “En defensa de la poesía”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1983, no. 6, pp. 165-166).
[11] “[…] Fui puntual a la cita, y en los comienzos de la noche entraba en compañía de Gonzalo de Quesada por una de las puertas laterales del edificio en donde debía hablar el gran combatiente. Pasamos por un pasadizo sombrío; y, de pronto, en un cuarto lleno de luz, me encontré entre los brazos de un hombre pequeño de cuerpo, rostro de iluminado, voz dulce y dominadora al mismo tiempo y que me decía esta única palabra: ‘¡Hijo!’” (Rubén Darío: “Impresión de Martí”, Yo conocí a Martí, selección y prólogo de Carmen Suárez León, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2012, p. 37. El hecho biográfico aludido tuvo lugar en Hardman Hall, Nueva York, el 24 de mayo de 1893, instantes previos a un discurso que Martí pronunció en ese lugar).
[12] José Lezama Lima: “Lectura” (Operación Cultura, Universidad de La Habana, 1959), Imagen y posibilidad, selección, prólogo y notas de Ciro Bianchi Ross, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1981, pp. 103-104.
[13] Rubén Darío: “José Martí”, José Martí. Valoración múltiple, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, 2 t., t. 2 (edición al cuidado de Ana Cairo Ballester), p. 37.
[14] “Vallejo y Martí pertenecen a la línea mayor de un proyecto de modernidad redentora, no explotadora, de raíces indoamericanas e hispánicas, universalista y justiciera, tan opuesta al pecado capital de la soberbia germánica como a la idolatría yanqui del éxito, el lucro y la trivialidad. // […] Pero la historia, que algunos dan por terminada para que no intentemos enderezarla, empieza cada día. Hombres magnos como Vallejo y Martí, lejos de ser subsidiarios de la modernidad triunfante, la padecieron y la incorporaron electiva y libremente a sus propios designios y visiones, cuya viabilidad histórica no depende de analistas y computadoras, y cuya sola eticidad los hacen valederos para darle sentido a nuestras vidas”. [C. Vitier: “Notas en el centenario de Vallejo” (1992), Obras 1. Poética, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1997, pp. 280-281].
[15] JM: “El poema del Niágara”, prólogo a El poema del Niágara, de Juan Antonio Pérez Bonalde, 2da ed., Nueva York, 1883, OCEC, t. 8, p. 146.
[16] Juan Larrea (1895-1980).
[17] César Vallejo: Los heraldos negros (1919), Poesía completa, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1989, pp. 3-28.
[18] César Vallejo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!”, Los heraldos negros, ob. cit., p. 3.
[19] Rubén Darío: “Heraldos”, Prosas profanas y otros poemas, en Poesías, en Poesía, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1989, p. 271.
[20] César Vallejo: “Masa”, España, aparta de mí este cáliz (1939), Poesía completa, ob. cit., p. 378. El poema es el número doce dentro del poemario citado.
[21] JM: “(Asunto)”, Fragmentos, OC, t. 22, p. 274.
[22] “Es agradecimiento todo en mi amor de Martí, agradecimiento del escritor que es el Maestro americano más ostensible en mi obra, y también agradecimiento del guía de hombres terriblemente puro, que la América produjo en él, como un descargo enorme de los guías sucios que hemos padecido, que padecemos y que padeceremos todavía”. [Gabriela Mistral: “La lengua de Martí” (conferencia en la Institución Hispanocubana de Cultura, La Habana, 28 de julio de 1934), La palabra viva de José Martí, selección, prólogo y notas de Carmen Suárez León, La Habana, Pablo de la Torriente Brau Editorial y Unión de Periodistas de Cuba, 2007, pp. 30-31. (Las cursivas son del E. del sitio web)].
[23] “Gabriela Mistral, la gran maestra y poetisa chilena, escribiendo para el álbum de una niña cubana un pensamiento que esta le pidiera, dice: ‘No te olvides, si tienes un hermano o un hijo, de que vivió en tu tierra el hombre más puro de la raza, José Martí, y procura formarlo a su semejanza, batallador y limpio como un arcángel’”. [Gaspar Mortillaro: “José Martí, el hombre más puro de la raza”, Archivo José Martí, La Habana, julio-agosto de 1940, año 1, no. 1, p. 57. Las cursivas son del E. del sitio web].
“[…] cuando, finalmente, los americanos que hablan en poetas y los historiadores que alaban en realistas, sueltan la brida de su amor hacia el mejor hombre de nuestra raza, y entonces se redondea el anillo del culto continental, en el cual todos somos eslabones, anillo girador que acarrea el Sur hacia vuestro Mar Caribe, que lo llama, hacia Cuba, porque esta Isla reluce ungida de esa gracia”. [Gabriela Mistral: “Los Versos sencillos de José Martí” (conferencia en la Institución Hispanocubana de Cultura, La Habana, 30 de octubre de 1938), La palabra viva de José Martí, ob. cit., p. 45. Las cursivas son del E. del sitio web].
“Esta tierra insular, aliviada por el mar de su calentura, esta Antilla productora de la caña cordial y del tabaco piadoso, del que dice un inglés que templa con su suavidad la dureza del hombre; esta bandeja comedida y plana del limo reblandecido en la que la vida se acomoda tan bien, produce fácilmente al hombre tierno y a la mujer tierna, y ha podido dar la cifra más alta de dulzura de nuestra raza en este Martí el bueno”. [Gabriela Mistral: “La lengua de Martí” (26 de junio de 1931), La palabra viva de José Martí, ob. cit., p. 28. Las cursivas son del E. del sitio web].
[24] JM: “VIII”, Versos sencillos, ob. cit., p. 311. Las cursivas son de CV.
[25] JM: “Carta a Manuel Mercado”, Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895, TEC, p. 73.
[26] Véanse el artículo “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América”, publicado en Patria, Nueva York, el 17 de abril de 1894, no. 108, p. 2 (OC, t. 3, pp. 138-143); y la carta a Federico Henríquez y Carvajal, fechada en Montecristi, el 25 de marzo de 1895, TEC, pp. 23-25.
[27] “Carta a Manuel Mercado”, ob. cit., pp. 73 y 76, respectivamente. Las cursivas son de CV.
[28] JM: “[A Enrique Estrázulas]” [1884?], Cartas rimadas, OCEC, t. 15, p. 268.

