COLOQUIO INTERNACIONAL
“CINCUENTENARIO DE ORÍGENES”
Palabras de apertura
...continuación 3
3
Permítanseme ahora algunos esbozos, reflexiones y aforismos sobre el taller que la memoria visita en su esperanza.
Todo lo que se ha dicho y se dirá de Orígenes forma parte de Orígenes, pero también forma parte de Orígenes todo lo que no se ha dicho ni se dirá de Orígenes.
Formar parte de Orígenes era y es un modo de ser que se va viendo con el tiempo de cada uno.
La facticidad de la colaboración no era lo más importante. Sin haber escrito una línea en sus páginas, a Orígenes pertenecen Bella García-Marruz[32] y Agustín Pi. También, por otro lado, Fernando García Mora, Roberto Blanco,[33] impresores; en un recodo del lienzo, Arturo Úcar, Salustiano García; y, como escenografía real, todo el pequeño taller de linotipistas, cajistas y maquinistas de Teniente Rey 15, con sus ruidos, voces, olores, penumbras y trasluces cariñosos. Con su ritmo: el ritmo del taller (alegre y avivado también con pastelillos y cerveza, fraternidad de obreros y escritores) que era esencial para y en Orígenes.
Se imprimía, sí, con tinta fuerte, pero uno puede imaginar perfectamente un Orígenes en blanco, lleno de páginas desnudas o tan indescifrables y sin forma que los estudiosos de sus autores y sus textos enloquecerían. O no, probablemente lo encontrarían muy natural, porque a Orígenes no hay tanto que leerlo como que soñarlo, y este es quizás el secreto de su perduración: una lectura siempre de dos textos, el escrito y el otro, el silencioso y hasta, si se quiere, el inarticulado, el anterior a toda idea.
Fuimos los presocráticos de nuestra poesía, los antecesores más inmediatos de Martí, no todavía sus descendientes.
Solo teníamos nuestra oscuridad, una oscuridad que tanteábamos en lo oscuro la forma de hacerla coincidir con la oscuridad visible e invisible del país. Con la oscuridad intensa de un país gloriosamente bañado por la luz. Y en eso sigo al menos yo, buscando empalmar dos melodías. O una melodía y un discurso, tan destinados a unirse como a desconocerse. ¿Cómo puede ser así un destino?
Después del triunfo revolucionario Lezama cree llegado el momento de superar incoincidencias y lamentaciones. En una página de presentación de “Seis poetas jóvenes”,[34] aludiendo a “la figura central que había traído la era de la poesía entre nosotros, aquel que había superpuesto sobre la seda de caballo el ellos o nosotros”,[35] habló muy claro para la nueva época: “Desde entonces sabemos los cubanos que hay ellos y que hay nosotros. Que hay maldad y que hay poesía. Ellos, es el ejército malo y babilónico, por donde corre el gato negro, que es el diablo. Nosotros, los que tenemos que ir contra ellos, aliados del amanecer y del métrico instrumento, de la guitarra y del proverbio, del sufrimiento y la sobreabundancia”. Pone ejemplos de victoria poética sobre el imperio de la muerte, en Nicolás Guillén (“Iba yo por un camino”) y en Eugenio Florit (“Aquí me tienes fijo”). Cree, y lo va a consagrar en “A partir de la poesía” (enero de 1960), que ha llegado “la era de la posibilidad infinita, que entre nosotros la acompaña José Martí”.[36] Explicablemente por la fecha de aquella presentación (24 de agosto de 1959), subestima la fuerza de los nuevos imposibles que nos van a perseguir: los subestima a ellos y a los sombríos nosotros que se van a enmascarar. No está preparado para las batallas y las batallitas próximas, pero a largo plazo tenía razón, tiene razón. Como dijera Julio Ortega en Poitiers (mayo de 1982): “La Revolución triunfó, entre otras cosas, para que Orígenes tuviera razón”.
Y volviendo a las páginas impresas con la tinta fuerte de aquel taller hispanocriollo de la Habana Vieja, es importante el saludo de Lezama al personaje de un poema de Roberto Fernández Retamar, el Mendigo “dueño de todas las palabras. Esencial poeta que no escribe, sin desdeñar la poesía ni querer ser capitán de escuela poética”. Así fueron escritas aquellas páginas del núcleo central de Orígenes, con las palabras del Mendigo frente a las puertas cerradas de una ley desconocida.
Gastón Baquero solo publicó un poema en Orígenes[37] y publicó todos sus poemas en Orígenes.
Una viñeta de Mariano[38] era quintaesencia de Orígenes.
Justo Rodríguez Santos vivía en una Habana hecha de liras y sonetos andaluces. Clara Habana playera, habanerísima. Quiso estar, estuvo. Fue siempre un buen compañero, quizás el más ingenuo, el más desarmado. “Muerta en mayo” es, para mí, su poema inolvidable.
Virgilio,[39] al revés, no quiso estar y estuvo más aferrado que nadie por el garfio de su no querer estar.
Eliseo estaba como sin querer, convirtiendo a Orígenes en “el sitio en que (tan destinada como involuntariamente) tan bien se está”.[40]
Agustín no estaba porque estaba. Lo que nos ha dado es mucho más que una escritura.
Octavio[41] encontró para sí “la puerta estrecha” de Orígenes, por la que entraba y salía él solo.
¿Qué fue de Luis Antonio Ladra? ¿Qué fue de José Barbeíto? Las sombras de sus cuerpos —uno tozudo y sanguíneo, el otro fino y flexible— quedaron impresas, y como sin nombre, en Orígenes.
Orígenes es el único lugar en que a Fina y a mí nos ha gustado de veras publicar, el único espacio en que nos parecía que la “publicación” no rompía el silencio, o como si uno pudiera salir a lo exterior misterioso sin salir de la casa. Era la casa de nuestra expresión.
Siempre pensé que para Lorenzo García Vega Orígenes era algo semejante: la casa de la poesía y de la amistad inseparables. Creo que realmente fue eso también para él durante años. Después no sé lo que sucedió en él. Un punto que en algún sitio empezó a distanciarse, a enconarse, a rechazar la confianza que en la oscuridad, deslumbradamente, nos unía.
El padre Gaztelu[42] era como el esplendor formal de esa unión. Todo lo que en nosotros era oscuro, en él era claro. No que aclarase nuestra oscuridad, sino que su claridad equivalía a nuestra oscuridad. Él era tan claro como nosotros oscuros, lo que de algún modo hacía clarísima nuestra oscuridad, y él más claro y más fuerte siempre.
De José Rodríguez Feo supe poco. Sus visitas a casa de Fina se resolvían en libros, hablar de libros. Nos hacía sentir mucho (sin proponérselo) tantos libros recientes que no conocíamos. Con aquel leve toque de ironía indeterminada. Paseaba por Orígenes, aparentemente, sin pasión, como por un parque interior escogido. Cuando Fina publicó su “Carta a César Vallejo”,[43] de ese parque le envió unas rosas con una O en la tarjeta. Debió ser mucha su pasión.
Los pintores rondaban a Orígenes como a la Sala de Exposiciones más familiar y soñada, presidida siempre por la ausencia de Arístides Fernández.
Algunos dibujos de René Portocarrero parecen la coronación de Orígenes.
Amelia Peláez localizó la mesa de Orígenes.
Julián Orbón llegó a Orígenes como al hogar de su intemperie. Le dio la juglaría y el donaire cervantino. Le dio la música, su música.
Y Lezama, el pascaliano círculo cuyo centro estaba en todas partes y su circunferencia en ninguna. Nadie lo ha dicho mejor que Eliseo: “el mundo que él hizo ha hecho posible tantas cosas”.[44]
Orígenes no es la suma de sus autores y textos. Siempre está un poco más allá, donde ellos resuenan o ganan otro silencio convidante.
Lozano[45] era su lado materia, lo que Orígenes podía hacer con la materia en bruto, soplándola como al hombre y la mujer de un Génesis sonriente, en que la ingravidez y el volumen se contrapesaban en una balanza invisible.
En el Palacio Orbón, entre “El Retablo de Maese Pedro”, las tonadillas del xviii, “Al alba venid”, “Ay, Palmarito” y la “Guantanamera” en el piano y la “voz de náufrago” de Julián, estaba la Casa de Gobierno de Orígenes. Su iglesia, en la iglesita de Bauta y en la capilla de Baracoa, ornadas por Mariano, Portocarrero y Lozano. Pinturas, vitrales, mosaicos, relieves de un fervor artístico que no necesitaba de Credo para creer.
Hablando del Colegio del Salvador dije que en él José de la Luz había creado “una transparencia sensible que podía vivir, aparentemente, dentro de la rígida ley, aunque desbordándola por todas partes”.[46] Algo semejante, salvando los tiempos y personas, sucedió en Orígenes, cuya profunda transgresión pudo cumplirse impecablemente sin alterar el ritmo ensimismado del taller.
Todo Orígenes se hizo para que un día pudiera aparecer “Secularidad de José Martí”,[47] la página más hermosa, más grande y más interminable escrita en la República. La que más nos compromete. Su perenne profecía.
Por eso María Zambrano, que escribió la segunda página más esencial de Orígenes, “La Cuba secreta”,[48] que injertó en nuestra oscuridad su vocación de aurora, me dijo muchos años después en una carta que lo que en nosotros ardía, como “llamita de la resurrección”, era nuestro “modo de vivir la historia”: “La historia prometida, la única cierta, la única que pudo arrancarnos del Paraíso —preparado ya para ello”.[49]
Nuestro modo de vivir la historia. Y yo añadiría nuestro modo de sentir la cultura como un perenne nacimiento; buscar lo primigenio integrador de vida y arte; trabajar en silencio y vivir con modestia; mantener la absoluta libertad de creación y crítica; poner las diferencias generacionales al servicio de la fundación histórica; entender por “fundación histórica” la independencia, soberanía y plenitud de la patria; no admitir ningún colonialismo o neocolonialismo; unir lo nacional con lo universal; vincular profundamente lo estético y lo ético; no subordinar nunca lo cualitativo a lo cuantitativo; no saber qué es “lo cubano” y expresarlo; creer en las minorías y en el pueblo, en la soledad y en la coralidad; vivir en sobreaviso, en la sorpresa de cada uno, en lo desconocido de todos, en la futuridad.
Nuestro modo de sacar fuerzas del imposible.[50]
Nuestro modo de vivir la historia.[51]
4
Celebramos sus cincuenta años de vida y vigencia porque, en efecto, Orígenes supo defender su libertad y puede siempre “justificar la salud de sus frutos”.[52]
Que este Coloquio sirva para conocer más a fondo su aventura, y para continuarla, es nuestro deseo. Bienvenidos todos. Podemos empezar.
Tomado de Obras 4. Crítica 2, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 490-503.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[32] Bella García-Marruz Badía (1921-2006).
[33] Roberto Blanco (¿-?). Véase Cintio Vitier: “El impresor” (1971), La flecha al pie (1968-1975), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, pp. 322-323; y José Lezama Lima: “Recordemos a Roberto Blanco”, Lezama disperso, prólogo, compilación y notas de Ciro Bianchi Ross, La Habana, Ediciones UNIÓN, 2009, pp. 200-202.
[34] José Lezama Lima. Edición Homenaje, ilustraciones de Maité Díaz y nota de presentación de Víctor Fowler Calzada, La Habana, Ministerio de Cultura, 1991, pp. 15-17.
[35] Así como la frase de Martí (conclusión de una entrevista con Cristino Martos, Patria, Nueva York, 14 de febrero de 1893, no. 49, p. 2; OC, t. 4, pp. 429-430) no se refería al pueblo de España y su cultura, sino al gobierno colonial español, Lezama desde luego tampoco se refiere aquí al pueblo norteamericano y su cultura (fraternalmente representada, por obra y gracia de Rodríguez Feo, en Orígenes), sino a los imperialistas o neocolonialistas a los que también aludió claramente en “Pensamientos en La Habana” (Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, año I, no. 3, octubre de 1944, pp. 24-30). [En esta versión del texto no se incluye esta nota, sin embargo, sí aparece en la versión incompleta publicada por la revista Credo, Cátedra de Estudios Cubanos del ISA, La Habana, octubre de 1994, pp. 5-8. (N. del E. del sitio web)].
[36] “La última era imaginaria […] es la posibilidad infinita, que entre nosotros la acompaña José Martí. Entre las mejores cosas de la Revolución cubana, reaccionando contra la era de la locura que fue la etapa de la disipación, de la falsa riqueza, está el haber traído de nuevo el espíritu de pobreza irradiante, del pobre sobreabundante por los dones del espíritu. // […] La Revolución cubana significa que todos los conjuros negativos han sido decapitados. […] Comenzamos a vivir nuestros hechizos y el reinado de la imagen se entreabre en un tiempo absoluto. Cuando el pueblo está habitado por una imagen viviente, el Estado alcanza su figura. El hombre que muere en la imagen, gana la sobreabundancia de la resurrección. Martí, como el hechizado Hernando de Soto, ha sido enterrado y desenterrado, hasta que ha ganado su paz”. [José Lezama Lima: “A partir de la poesía” (1960), La cantidad hechizada (1970), La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014, pp. 59-61].
“Nuestro pueblo de Dios había contemplado los veinte años de ausencia y el punto en la muerte, ley de José Martí, como si las extensiones de la ausencia se contrajesen en un remolino para la recepción del caballero, que posee en los bordes finos del tafetán de su levita de cobre insular, el imán de Apolonio de Tiana, que hace nacer el árbol en cualquier región del hechizo, y la máquina de huesos y espejos para las variantes de nuestra luz, y el viejo, gran madurador de la energía nuestra, Máximo Gómez, entrando en la ciudad, rodeado de pequeñas plantas y de ángeles que alzan sus papalotes sobre una escala de azoteas de mamey. Pero Martí tocó la tierra, la besó, creó una nueva causalidad, como todos los grandes poetas. Y fue el preludio de la era poética entre nosotros, que ahora nuestro pueblo comienza a vivir, era inmensamente afirmativa, cenital, creadora. Encuentro del anillo, del círculo absoluto. El héroe entra en la ciudad”. (Imagen y posibilidad, ob. cit., pp. 103-104).
[37] Gastón Baquero: “Canta la alondra en las puertas del cielo”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, primavera de 1944, año I, no. 1, pp. 9-11.
[38] Mariano Rodríguez Álvarez (1912-1990).
[39] Virgilio Piñera Llera (1912-1979).
[40] Eliseo Diego: “El sitio en que tan bien se está”, En la Calzada de Jesús del Monte, La Habana, Ediciones Orígenes, 1949, pp. 93-102; Obra poética, compilación de Josefina de Diego y prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Ediciones Unión/Editorial Letras Cubanas, 2001, pp. 51-57.
[41] Octavio Smith (1921-1987).
[42] P. Ángel Gaztelu Gorriti (1914-2003).
[43] Fina García Marruz: “Carta a César Vallejo”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, octubre de 1944, año I, no. 3, pp. 31-33.
[44] Eliseo Diego: “Dedicatoria”, En la Calzada de Jesús del Monte, ob. cit., p. 8; Obra poética, ob. cit., p. 18.
[45] Alfredo Lozano Peiruga (1913-1997).
[46] Cintio Vitier: Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad cubana (1975), México, Siglo Veintiuno Editores, 2002, p. 33.
[47] José Lezama Lima: “Secularidad de José Martí”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1953, año X, no. 33, pp. 3-4.
[48] María Zambrano: “La Cuba secreta”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, invierno de 1948, año V, no. 20, pp. 3-9.
[49] María Zambrano: “Carta a Cintio Vitier”, Ferney-Voltaire 9 de marzo 1979, La Cuba secreta y otros ensayos, edición e introducción de Jorge Luis Arcos, Madrid, Ediciones Endymion, 1996, p. 276.
[50] Véase Cintio Vitier: “‘Giros aceptados’” (1968), Obras 11. Estudios y ensayos, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014, pp. 173-174.
[51] Véase Eliseo Diego: “[Allá adentro están cosiendo la bandera]”, Cuba, La Habana, octubre de 1968, núm. especial, no. 78, [pp. 10-11].
[52] José Lezama Lima: “Orígenes”, ob. cit., p. 7.

