Ferney-Voltaire 9 de marzo 1979
Querido Cintio Vitier
Sí —recibo en este momento su “De Peña Pobre”[2] que ya había recibido de la editorial—. Sí, es cierto, que Mnemosyne,[3] Madre divina de las Musas presidió todo aquel período nuestro y usted lo comprendió así. “Madre de la esperanza” en mí, sin duda, y en todos. “Madre del temor —del temblor, gloso— de la ciencia, del amor y de la Santa esperanza”. Por una vez el español dice y suena más apropiadamente que el latín.
Y así lo que yo les daba era lo que en mí ardía, la llamita de la resurrección ya, que no hubiera ardido en mí con tanta inocencia si ustedes no la hubiesen abrigado, abrigando la mía por abrigarla ya en el fondo de su ser individual y de su historia o modo de vivirla, la historia prometida, la única cierta, la única que pudo arrancarnos del paraíso preparado ya para ello.
Su novelar es muy ceñido y apretado, tiende a lo inextenso. Sí, seguirá, está siguiendo ya. Es el presente que se le abre.* El “more” geométrico[4] y el zumo de la vida, de la viña iba a escribir y ¿por qué no?, de la Viña, de la Granada, del amor. Eso es.
La presencia, asistencia constante de Cintio y de Fina era [5] para mí garantía y gozo, memoria de esperanza, “Logos spermatikos”. No era la única, claro, pero sí la más bella.[6]
¿Qué es de Agustín Pi? De María Fernández[7] no hay modo de que yo sepa. Para mí, en mí aquel tiempo es campo de resurrección.
Les quiero
* Se me abre a mí el presente en mi imposible vivir. Creo que sea ese el fruto de la llama del haber ardido: que en vez de que el presente se eche encima se abra en la imposibilidad de vivir.
¡Cuánto me gustaría que Uds. publicaran aquel Curso o algún otro, aunque no fueren completos! Se me ha ocurrido —abierto— ahora, en este instante.[8]
Saludos a María Luisa,[9] de la que tardo en saber, a José Triana,[10] a Chantal,[11] que no llegué a ver, y a la sacra Ceiba[12] —y al yagrumo[13] y al viento que hace el Mar Verde, Verde y transparente, y al Cielo…
Tomado de María Zambrano: La Cuba secreta y otros ensayos, edición e introducción de Jorge Luis Arcos, Madrid, Ediciones Endymion, 1996, pp. 276-277.
Notas: (Menos la primera, las demás corresponden al E. del sitio web):
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Las cartas 5, 6, 7 y 8 de este epistolario fueron publicadas en la revista Unión, La Habana, abril-junio de 1995, precedidas por la nota de Jorge Luis Arcos, “Cartas de una sibila”. Sus originales son propiedad de Cintio Vitier y Fina García Marruz.
[2] Cintio Vitier: De Peña Pobre: memoria y novela, 1ra ed., México, Siglo XXI, 1978.
[3] Véase Cintio Vitier: “Nemosine” (datos para una poética)”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, invierno de 1948, año V, no. 20, p. 29-41; “Mnemósyne”, Poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial de Letras Cubanas, 1997, pp. 63-76.
[4] Expresión que significa “a la manera de los geómetras”, “al modo geométrico” o siguiendo el “orden de los geómetras”.
[5] Expresión que significa “palabra seminal”. “[…] Lo estelar, aquello que los taoístas denominaban el cielo silencioso, necesitaba de las trasmutaciones en las entrañas del hombre, el horno de sus entrañas, sus secretas e íntimas metamorfosis en relación con las cuales existió tal vez el misterioso ojo pineal, el extinto espejo interior reconstruido por los griegos como ser, como el pascaliano moi haissable, como el unificado yo de los alejandrinos, que después adquirirá su expresión más alta en el agustiniano logos spermatikos, la participación de cada palabra en el verbo universal, participación que atesoraba una respiración, que une lo visible con lo invisible, una digestión metamorfósica y un procesional espermático, que trueca el germen en el verbo universal, complementaria hambre protoplasmática que engendra la participación de cada palabra en una infinita posibilidad reconocible”. [José Lezama Lima: “Confluencias” (1968), Obras completas. La cantidad hechizada (1970), La Habana, Letras Cubanas, 2010, p. 318].
[6] Véase Cintio Vitier: De Peña Pobre (trilogía), Obras 5. Narrativa, prólogo de Francisco López Sacha, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2002, pp. 51-54.
[7] María Fernández (¿-?). Trabajó en el servicio doméstico en la casa de María y Araceli Zambrano durante su estancia en La Habana. María le dedicó dos ensayos: “La mujer en la España de Galdós” (Revista Cubana, La Habana, enero-marzo de 1943, pp. 74-97) y “Para una historia de la piedad” (Lyceum, La Habana, febrero de 1949, pp. 6-13). En una carta a Lezama Lima, la autora de El pensamiento vivo de Séneca (1944), le escribe: “Te voy a pedir, amigo, que me busques a María Fernández —pensar que varias veces ella me dijo: ‘Eres tú, María, la flor del desierto’ y si la vez, a ella sí se lo dices. […] Y si la encuentras, dile que Ara y yo la tenemos presente siempre, que la queremos siempre y que yo recurro a ella también en mi pensamiento, pues que me dijo cosas de las más iluminantes que yo haya escuchado dirigidas a mí. Y que nunca olvidaremos. Que no me atrevo a pedirle que nos escriba”. (María Zambrano: “Carta a José Lezama Lima”, La Piéce 18 de agosto [1967], La Cuba secreta y otros ensayos, edición e introducción de Jorge Luis Arcos, Madrid, Ediciones Endymion, 1996, pp. 221-222).
[8] Véase Cintio Vitier: “Lecciones de María Zambrano”, Litoral, Málaga, 1983, no. 124-125, pp.
195-207. Incluye: “De un curso de María Zambrano” (1945).
[9] María Luisa Bautista (1918-1981), viuda de José Lezama Lima. Véase María Zambrano: “Cartas a María Luisa Bautista” (1976-1979), La Cuba secreta y otros ensayos, ob. cit., pp. 236-255.
[10] José Triana (1931-1918). Dramaturgo, poeta y traductor cubano, autor de la reconocida obra teatral La noche de los asesinos (La Habana, 1965).
[11] Chantal Dumaine, esposa de José Triana.
[12] Ceiba pentandra (L.) Gaertn. En el ensayo “Martí, camino de su muerte”, María Zambrano refiere: “En un repliegue del campo cubano le esperaba la muerte, la suya, esa que solo alcanzan los limpios y humildes de corazón. Y él describe este lugar donde cayera: “…el bello estribo, de copudo verdor, donde, con un ancho recodo al frente se encuentran los dos ríos: el Contramaestre entra allí al Cauto … allí arboleda oscura, y una gran ceiba”.
Y junto a la ceiba, ese árbol que pudiera ser la más pura expresión de la tierra y del cielo de Cuba que parece tocar con su copa, habría de caer para levantarse en una doble existencia: allí donde ya no hay más lluvia que sufrir y aquí, como un desvelado guardián de su pueblo, pura voz para ser oída en el silencio”. (La Cuba secreta y otros ensayos, ob. cit., p. 145).
[13] Yagrumo o yagruma. Cecropia peltata L.

