Verso Amigo
1
el acanto de tus sienes redoradas
¡Qué joven era aquel frío
de los otoños primeros!
Y sus versos ¡qué flecheros
del ciervo que no va herido!
¡Cómo era claro el estío
y las letras relucientes!
¡Cómo hablaba la vehemente
alondra, la poesía,
que empezaba en una huida
y acababa en un gran puente!
2
en el coral de un arenal divino.
Una vez llevé ese verso
junto a las marinas olas
y no eran ellas más solas
y no era su azul más terso.
¡Qué infinitud en el anverso,
de esas medidas corolas,
de esas eles como olas
que no se estrellan, perdidas,
en el coral recogidas
de las eternales horas!
3
y el extraño silbo se mantiene.
Poesía, extraño silbo.
Silbo que algún bosque evocas.
Puro son: nadie te toca.
Huyes, como sorprendido.
Dijérase que se ha ido
pero uno sabe que está
en algún sitio, que va
detrás, o que fue primero.
Se sabe de su alto enero
que fue, que es, que será.
4
yerto en su luz de oscuro desafío.
Guiña el diamante los ojos
como faro en negra noche.
No acaba de irse su coche.
Tramonta el ocaso rojo.
Espinas de luz, abrojo
del fulgor, van sus reales
olas salpicando sales.
Reta, se esconde, si escojo
como el de Delfos, su ojo
que habla, oculta, hace señales.
5
el mínimo paladeo de nombrarte.
Abeja, gota de miel
de nombrarte y no tenerte,
mejor que verte y no verte
el rostro del nombre fiel.
Aguijón sí —que no hiel—,
espada fina, si en flores
andas, ve y de los olores
aprende la lejanía
mudar por la miel que fía
a la lengua sus loores.
6
hasta en el mar creciendo tu corona
Ciervo el estío, si dobla
la cabeza es hermosura.
No lo toca la espesura.
Su imagen no lo redobla.
El espejo que no copia
lo traslada a los espacios
y lo lleva hasta el palacio
en que su nombre es oído
si entra hasta su umbral, vencido.
Mengua y crece: luz, topacio.
7
Tu sombra hará la eternidad más breve.
Amigo, usted trabajó
en una cárcel cubana
llamada —como se llama
toda cárcel— “El Castillo
del Príncipe”. De su anillo,
de ese encierro teresiano
del alma, su docta mano
vióse tocada. Y ya sabe
lo que hay que saber del Ave.
8
dulce verano de pinta y festoneo
(Con Alberto Olaya)
El “simpathos” habanero
de Alberto, que nos advierte
con su erotismo ligero
profundizado en la muerte
lo curvo, lo que es cual sierpe
de coral, el rosetón
descascarado, el balcón
con tablitas, el turquí,
y el caramelo de pi-
ña a la luz del Malecón.
9
(Recado a José Cemí)
El amanecer que vierte
luz de nada y renacido,
la lechuga y el rocío
celeste, el son de la muerte
que entre lo leve se advierte,
la ausencia que desmesura
su hechizo, y otra figura
crea en la sombra, la pura
aquiescencia de las Madres,
el sueño, cómo se abre
en la sombra, lo que augura.
1966
Tomado de Habana del centro (1997), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. II, pp. 294-297.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Véase la dedicatoria de José Lezama Lima a Fina García Marruz y Cintio Vitier, en el libro Órbita de José Lezama Lima, Armando Álvarez Bravo, comp., Ediciones UNEAC, La Habana, 1966. (La amistad que se prueba, estudio introductorio, transcripción, notas, cronología y bibliografía de Amauri Gutiérrez Coto, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2010, pp. 99-100).
[2] José Lezama Lima: Enemigo rumor, La Habana, Úcar, García y Cía., 1941.

