¿De qué, silencio, eres tú silencio? ¿De qué voz, qué clamor, que quién responde? Abismo del azul, ¿qué hacemos en tu seno, hijos de la palabra como somos?”.
¿Qué tienes que ver, di, con nosotros? ¿Cómo si eres ajeno, así nos tientas? ¿Habría sed de no haber agua cierta? ¿O quien vistióme de piedad los ojos?
¿Puedo poseer, pequeña, don inmenso que faltase a los cielos y a las aguas? Y él ¿podría morir, sobreviviendo
menor que él, todo el fulgor del cielo, quedar la tierna luz indiferente al fuego que, irradiando, ha suscitado?