Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899)
Orador y político español, presidente de la I Republica (1873-1874). Militó dentro de un republicanismo moderado y demócrata próximo al liberalismo individualista. Se graduó de doctor en filosofía en 1853. Reveló sus notables facultades oratorias en 1854, en un mitin celebrado a raíz del pronunciamiento de Vicálvaro. Colaboró en El Tribuno, La Soberanía Nacional y La Discusión, hasta que en 1863 fundó La Democracia, de orientación antimonárquica. Fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
Ganó gran prestigio como catedrático de Historia Filosófica y Crítica de España en la Universidad Central de Madrid, y fue combatido por los políticos de extrema derecha, quienes lo calificaban de heterodoxo y panteísta; sin embargo, fue un gran admirador de Isabel la Católica, de Carlos i y de Felipe ii. Se enfrentó a Francisco Pi y Margall y combatió las ideas federalistas y socialistas en nombre del republicanismo individualista, teoría que expuso en su Fórmula del progreso (1867). Fue suspendido de su cátedra por denunciar una maniobra económica en favor de Isabel ii.
Al ser sofocada la llamada Revolución del 22 de junio, en 1866, fue condenado a muerte en consejo de guerra como uno de los principales miembros de la conspiración, pero logró escapar a París, donde vivió hasta el derrocamiento de la dinastía reinante en España, en 1868. Al regresar a su país desarrolló una activa campaña en pro del establecimiento de la República, aunque siempre en oposición a la tendencia federalista, mayoritaria entre los republicanos.
Fue elegido representante de Zaragoza en las Cortes, cargo en el cual acreció su fama de orador elocuentísimo, y se opuso a que el trono de España fuera concedido a Amadeo de Saboya. Al abdicar este y ser reorganizado el primer ministerio republicano, ocupó la cartera de Estado. Asumió la presidencia de la República cuando Nicolás Salmerón renunció a ella. Entonces suspendió las Cortes y estableció una verdadera dictadura. Logró solucionar el incidente diplomático que la matanza de los expedicionarios del Virginius ocasionó entre España y Estados Unidos.
Con el fin de sofocar las constantes insurrecciones cantonales inspiradas en el federalismo, entregó los mandos militares a generales que gozaban de prestigio en el ejército, pero cuyas ideas reaccionarias anunciaban ya el fin de la República. Tras su renuncia a la presidencia, el 3 de enero de 1874, como consecuencia de una derrota parlamentaria, el capitán general de Madrid, Manuel Pavía, disolvió las Cortes.
Al ser restaurada la monarquía con Alfonso xii, Castelar volvió al parlamento como diputado, y sus ideas se fueron revelando cada vez más conservadoras. Fundó el Partido Posibilista con el fin de democratizar la monarquía, y cuando consideró logrado esto, lo disolvió, tras lo cual muchos de sus principales colaboradores pasaron a servir directamente al rey. Desde 1888 vivió retirado de la política, pero apoyando fervientemente la política colonial del Gobierno español frente a las ansias de libertad de los patriotas cubanos. De José Martí escribía en 1897, que “era […] un fanático sublime […] dueño de un verdadero talismán, del sentimiento, desinteresadísimo y sincero […]”.[1] Su significación en la historia de España fue plenamente expresada en la dedicatoria de la corona que el Centro del Ejército envió a sus funerales: “Al restaurador de la disciplina”.
Véanse la gacetilla “La Iberia” y el artículo “Castelar y La Iberia”, publicados en la Revista Universal, de México, el 5 y 10 de junio de 1875, OCEC, tt. 4 y 1, pp. 173 y 262-263, respectivamente. De su calidad como escritor decía Martí que, “Castelar […] cose la púrpura con hilo de algodón, y se pone los siglos de gorro de dormir”.[2]
[Tomado de OCEC, t. 1, p. 290 y Pedro Araya: “Notas explicativas”, EUP (1891-1892), p. 1578. (Nota modificada por el E. del sitio web)].
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Emilio Castelar: “Murmuraciones europeas”, La Ilustración Artística, año XVI, Barcelona, 29 de marzo de 1897, no. 796, p. 210; en Archivo José Martí, a cargo de Félix Lizaso, p. 31.
[2] JM: “Prosa de próceres”, OC, t. 15, p. 184.

