“El libro te da inmovilidad y te da silencio”

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Lorenzo Lunar me anunció, el mismo día de mi llegada a Madrid, que íbamos a ir una librería cercana a su casa que, con toda seguridad me iba a gustar. Llegamos a las 10. El local, cerrado. Un aviso, escrito en una hoja de cuaderno, pegado a la puerta:

     Horario Librería

     Lunes a Viernes:

     10:45 a 13:30 h. (el 10:45 estaba repisado con tinta azul. Antes decía, con tinta negra, 10:30)

     17:30 a 20 h.

     Sábados:

     10:45 a 14 h.

   Dimos una vuelta y nos tomamos algo. Empezamos la imposible tarea de ponernos al día después de un tiempo largo de no vernos. Regresamos y entramos. Una librería llena de libros usados. Muy ordenada y clasificada. Pero no había nadie. El librero no estaba. Al rato, un hombre delgado con un acento imposible de identificar, entró y nos saludó rápidamente. Estaba tomándose un café con un amigo afuera. Ese fue un buen presagio. Un librero que no está en su librería tiene que ser un personaje. Y efectivamente lo era. Fui tres veces. La segunda, solo. Y las tres veces salí cargado de libros. Algunos que ni sabía existían ni que quería tenerlos. Fue leyendo y descifrando mis gustos. Y ocurrió siempre algo, para mí, inaudito: trataba siempre de que los libros se ajustaran a mi presupuesto. Me rebajaba hasta donde yo podía. Eso nunca me había pasado. Era como si quisiera que uno se llevara los libros hallados. Se trataba de que no se rompiera el hechizo. Empezamos a conversar. Un personaje que despierta, fuera de extrañeza y simpatía, curiosidad. Sabe todo lo que tiene y se mueve sigilosamente por entre los estantes que habitan su librería: Dodo Libros (Calle Valle Hermoso, número 35). Muy cerca de Quevedo.

   “Mi nombre es Daniel Bolado. Soy mexicano. Hace (no lo sé, no lo he pensado) treinta años estoy viajando.

   Esta librería se llama Dodo Libros, como el pájaro extinto. Es un poco un juego. Un recuerdo infantil. El Dodo salía en Alicia en el país de las maravillas, entre otros, y también en los libros que teníamos en la infancia de animales que se habían extinguido. El Dodo era muy representativo. Se me quedó un poco grabado. Se hablaba mucho, cuando yo abrí la librería, de que los libros van a dejar de existir, viene el ebook, y yo me reí un poco. Le voy a poner de nombre Dodo Libros, ya verás que esto va a seguir. Y afortunadamente ya tiene más de diez años la librería.

   No me considero librero sino simplemente vivo de esto. Para mí la idea de librero es otra.

   Hay gente que entra a trabajar en librerías, a la que ni siquiera le gusta leer. Por decirlo de alguna manera. El librero sabía de papeles, un poco de cómo arreglar los libros, cómo cuidarlos, y actualmente son ese tipo de cosas que uno ni siquiera… En mi caso, cuido lo mínimo los libros. Compro una cola y lo pego un poco para que no vaya más el estropicio. En realidad, no controlo mucho de lo que son los materiales y de cómo se puede cuidar un libro. Eso es la idea que yo tenía de librero antes. Actualmente yo no sé si exista alguno…

   Vivo de los libros porque se me daba fácil, en el sentido de que tengo buena memoria, controlo de editoriales, de autores; he leído toda mi vida, tengo el hábito de leer. Entonces se me da. De hecho, no me gusta el comercio. Tengo cierta manía al comercio. La única manera de que yo lo aguante es a través de los libros. Siempre he dicho que los libros es algo que hace que te evadas de dónde tú estás, en el buen sentido. Me evade del comercio. Por eso he llegado a esto. Un poquito por que empecé a vivir en pareja. Ganaba poco dinero escribiendo, haciendo otro tipo de cosas y mi pareja, digamos, ganaba un dinero cada mes, bastante más, y dije tengo que hacer algo. Decidí poner una librería. No le doy mayor importancia. Y además soy autor. Eso es algo que hay que tener en cuenta.

   He hecho muchas cosas. Como cualquiera que haya viajado mucho y estado en diferentes países. He hecho de todo absolutamente. Por ejemplo, algunas cosas, digamos exóticas: he sido pastor de ovejas y cabras en Galilea, he dado clases de español a niños pequeños en Atenas, en el Pireo en concreto. He sido jardinero en la sierra de Madrid. He cuidado una deficiente mental con la que tenía que estar varias horas en un jardín.

   Escribo poesía y cuentos, fundamentalmente. Lo que yo escribo son textos híbridos. No sé hacer otra cosa. Mezclo lo que sería la prosa con el verso.  

   Un libro es de los objetos más bellos que ha hecho el ser humano. Fundamentalmente porque, no solo porque permite incrementar el conocimiento y por la imaginación, tiene dos facetas muy claras y muy elementales: el libro te da inmovilidad y te da silencio. Sobre todo, en esta época donde hay tanto movimiento y tanto ruido, creo que es un objeto muy valioso. Casi más que antes, sabes… Normalmente digo que yo hago apología de la lectura porque le gente cuando se pone a leer, independientemente del valor de lo que lea, incluso aunque sea publicidad, se queda en su sitio y calladito. Y eso, en este mundo, es bastante importante. Incluso, si tú pones la radio o la televisión estás haciendo ruido. Si estás hablando, estás haciendo ruido. Ahora mismo estoy haciendo ruido. Es una manera de no olvidarnos de la importancia que tienen la inmovilidad y el silencio. Es algo que se empieza a olvidar mucho. Por ejemplo, acá en España (llevo varios años viviendo aquí) he detectado que le dan más importancia al ruido que al silencio. El ruido lo asocian a la diversión. El silencio, al aburrimiento.

   Tengo WhatsApp, pero no contesto el móvil. Es uno de aquellos objetos que se han vuelto paradójicos. El teléfono normalmente servía para comunicarse con la gente. Ahora, lo utilizo más para bloquear las llamadas. Justamente para lo contrario. Para que no me llamen. Porque, lo sabemos, hay mucha publicidad, te están hablando y molestando constantemente. Es un objeto que se ha vuelto tan ruidoso como un partido de fútbol. O como una gran ciudad. Es parte de la ciudad. No solamente los coches hacen ruido. Los teléfonos y los que los usamos. No te dan descanso. Aunque no lo crea la gente eso da agotamiento. Yo lo noto mucho porque soy una persona que sufre de dolores de cabeza. Sobre todo, con el ruido. Desde niño. Me duele tres o cuatro veces por semana. Se me incrementan con tanto ruido. Por eso me he ido a vivir al campo. Casi llegando a Ávila. Más de 50 kilómetros. Siempre digo bromeando (pero tiene algo de verdad) que me gusta más vivir rodeado de árboles que de personas. Somos demasiados.

   Acá llegan los libros. Te ofrecen mucho. De hecho, lo más importante de una librería de segunda mano, así lo veo yo, es saber rechazar libros más que seleccionar libros. Porque te ofrecen tal cantidad que tienes que rechazar casi el noventa y tantos por ciento. Hay demasiados libros. Demasiada basura. Eso entra también dentro del ruido, porque no los utiliza nadie. Los libros se regalan muchas veces más que lo que se leen. No estoy criticando esa costumbre porque, de hecho, pones la tentación ahí cerca. Es un beneficio. Tienes que saber qué rechazar, en mí caso no tengo problemas, porque he sido un lector muy variado de muchos temas. Leo sobre todo ensayo y poesía. También me gusta mucho la narrativa. Voy rápido. Aunque no la haya leído, conozco al autor, la editorial, tengo un par de referencias. Por WhatsApp me envían las fotos y los pido. Me quedo con los que me interesan.

   En casa tengo biblioteca. Soy muy austero. No me gusta tener cosas. También los libros pesan. Veo un objeto y veo peso. Soy muy desarraigado. He vivido en varios países y desde niño iba de aquí para allá. Mi pareja que me dice:

   -Sí, pero te gustan los libros y tener muchos libros.

   Pero es diferente querer vivir rodeado de libros que querer tener los libros. Porque cuando yo tengo libros y pasa un amigo o pasa familia, le regaló los libros que quiera. No tengo ningún problema. Me gusta vivir rodeado de libros porque puedo elegir, puedo seleccionar. Soy un lector que lee varios libros a la vez. No uno. Y abandono mucho los libros también. Cuando ya tienes cierto criterio me parece una costumbre muy sana, espiritualmente hablando. No te tienes que empeñar en terminar los libros. Tienes que saber qué libros te sirven y de cuáles puedes asimilar cosas. Entonces, dedícate a ello. El conocimiento a cualquiera nos sobrepasa y el tiempo es limitado. Aprovéchalo para disfrutar, para aprender, para sacar algún tipo de beneficio individual (que se refleja en lo colectivo, también). Tengo muchos libros. Unos cuatro mil o cinco mil en casa. No lo sé… No los cuento. Los voy moviendo constantemente. Salvo alguna parte de la biblioteca que mi pareja no quiere que se mueva. Leo un libro y lo saco. No releo casi nunca. Son contados los que he releído. Tres o cinco… Eso no quiere decir que no vaya a releer con el tiempo. Ahora mismo no lo hago. Mi curiosidad me desborda tanto que no me da tiempo. Y sé que la relectura es importante muchas veces. Es una nueva lectura y aprendes nuevas cosas. Lees de otra manera y desde otra perspectiva. Lo sé perfectamente. Pero tengo tantos libros pendientes y tantas tentaciones que cometo ese “error” y me voy al siguiente”.

   Le compré su último libro publicado: Leyendas topográficas (Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2023). Le pedí que me lo dedicara. Me dijo que no le gustaba.

   -Escríbeme eso entonces, Daniel.

   Lo hizo, resignado, con un lápiz que casi no encuentra: “Para Álvaro que sabe que no me gusta dedicar Con un saludo de colega Daniel (texto inspirado en su dictado)”.

   Perfecto. No podía ser de otra manera con un librero/poeta así.

   Lo abrí en la página 23:

   “y algunos hasta maldicen la lluvia

    que no los deja ser como son y quieren construir una casa,

    pero en esta gran llanura sólo hay tierra menuda

    y no hay otro abrigo que la lluvia”.

 

Valle Hermoso, Madrid, 9 de julio de 2026