Restos de Don Miguel de Cervantes

Pues bien: es cierto: agonizó Miguel
y sus deudos lloraron y sus deudas
grande escándalo hicieron de tan viudas
y entre tanto giraban las Cabrillas
ocultaron sus restos en un foso
disimulante al fin de la blasfemia
de oler peor que el mal sudor del vivo
y así fuéronse a casa y no tuvieron
ni mandas por consuelo y renegaron
porque el jubón no estaba como anuncian
y las calzas de válgame y no diga
pero se remediaron y año nuevo
y olla va y uña viene y Don Miguel
si lo vieron pues ya no lo recuerdan
y en tanto todo el tiempo en el desván
habla que habla se las pasa en vilo
sin darse cuenta de que pasa nada
siempre en lo suyo en su rincón de siempre
con los ratones escuchando atentos
esa voz sola que es su voz tan solo
y a la rendija de una tabla y otra
como a escondidas de sus propias mañas
una oreja de fuego enorme y quieta.

Eliseo Diego

Tomado de Inventario de asombros (1982), Obra poética, compilación de Josefina de Diego, prólogo de Enrique Díaz, La Habana, Ediciones UNIÓN/Editorial Letras Cubanas, 2001, p. 401.

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