Ahora sé, todo o nada, lo que el mago en la noche de números buscaba, lo que Estéfano en páginas temblaba, lo que en todo hay que hacer y en nada hago.
Ahora estoy en la casa de la imago —Trocadero que en vida se nombraba Uno, con Seis y Dos, órfica aldaba— donde invisiblemente me rehago.
Ahora doy lo que oscuro se ofrecía: pasteles de azafrán, Ícaro, oro que la habanera Dánae pedía…
Ahora ustedes disfrutan mi tesoro mientras yo saboreo la alegría de no ser, de no estar, trocado todo.
Tomado de Poemas de mayo y junio (1988), Obras 10. Poesía 3, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2011, p. 87.