A Camilo Torres

Cuando mi prójimo no tenga nada contra mí,
cuando haya realizado la Revolución,
volveré a ofrecer la Misa si Dios me lo permite.

La lucha es larga, comencemos ya…

El cáliz de tu sangre fue vertido,
y tu cara,
que aun luchando cuerpo a cuerpo con el odio
tenía las facciones del amor y la justicia,
fue golpeada en el polvo.

Sí, padre, larga
es la lucha, como el tiempo
que va de las palabras del Introito
a la reconciliación con el hermano innumerable,
el que guarda contra todos
los que no nacimos de la matriz del hambre,
la secular ofensa;
                                 larga
como el sudor de sangre de los Cristos ofendidos
y golpeados;
                        larga
como tu agonía del altar a la montaña.

Y tu montaña
es la del Sermón que nunca acaba.

Pero ¿esa es tu mano,
la que empuña agrandada el fusil de la guerrilla?
¿La misma
que alzó la hostia?
                                   ¡Padre, cómo
pudiste!

Y para empezar,
apoyado en las brasas vivas de Mateo,
y de Juan,
y de Pablo,
(y hasta del Buey Mudo de Sicilia),
y de Juan el Pontífice que alabado sea,
mirándote en el rostro golpeado del Cristo indígena,
mestizo, colectivo,
de la Tercera Iglesia que vio Joaquín de Fiore
flotar sobre las aguas de la profecía,
entregaste tu sangre por tu prójimo en la tierra de Colombia:
Columba, país
de la Paloma!

Porque tu terrible fusil estaba hecho
de amor,
y si heriste fue con herida trágica de amor, y si mataste
fue para crear un cadáver de amor vivo.
Entenderte no es fácil, padre mío
de la guerrilla americana, pero
te entendió Polo Quimbaya el campesino, y con él
toda la “pobrecía” de tu patria.

Cristo
recoja tu cuerpo y bese tus heridas
y mezcle su sangre con tu sangre
para ser alzada con el holocausto inmenso
de la Revolución, en la Primera Misa
del aplacamiento y de la plenitud coral
de América Ofendida!  

                                           Así sea.
                                                                         23 de noviembre de 1968

                                  Cintio Vitier


Tomado de La fecha al pie (1968-1975), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, pp. 289-290.