A Bella

La vida vuelve. Ay, maltrecha,
rota, humillada,
con los ojos llenos de lágrimas, un rictus
de imborrable amargura en las mejillas,
radiante como una niña,
viril como un joven inocente
lleno de ímpetu, de ilusión, de sueños,
la vida vuelve, a cada instante, vuelve
para morir, para morder el polvo,
para sentir el yugo en la cerviz,
la vergüenza en el rostro abofeteado,
la angustia de la trampa en que ha caído,
vuelve para cantar como una virgen,
para hacer una casa, cuidar a un niño,
sostener una casual conversación,
mirar un árbol, abrir la risa, el deseo,
como un hombre que quiere abrazar a una mujer
que es la gloria instantánea de su vida,
la vida vuelve, ay, herida,
calada de frío hasta los huesos, muerta,
para nacer muerta como una absurda llama,
para hacer algo, una tarea incomprensible,
un trabajo fabuloso en el taller,
en la oficina, en la mañana que se abre
como el dragón de luz de la costumbre,
para ser devorada y devorar, la vida vuelve
para ver el amor,
para estar vivos y estar muertos,
Dios,
para vivir.

1º de julio de 1963

Cintio Vitier

Tomado de Testimonios (1953-1968), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2011, p. 170.