Caoba. Swietenia mahagoni (L.) Jacq. Árbol maderable, ornamental, medicinal y ritual, pertenece a la familia botánica Meliaceae. Se conoce con los nombres comunes de caoba, caoba antillana, caoba de Cuba, caoba dominicana, acajou, mahogany, etc. Es natural del sur de Florida, sus cayos adyacentes, Bahamas, Cuba, Jamaica, Haití y República Dominicana. Ha sido introducida y se ha naturalizado en varias islas del Caribe insular. Aunque existen otras especies de caobas de géneros diferentes, la calidad de su madera es inferior a la de S. mahagoni.

     La caoba antillana forma parte principalmente de los bosques semicaducifolios sobre suelos calizos, aunque también se encuentra en los arcillosos con escaso drenaje, sujetos a inundaciones no muy prolongadas. En general, puede encontrarse en casi todos los suelos de Cuba, con excepción de los extremos lateríticos y arenosos. Crece desde el nivel mar hasta los 800 m. de altitud. Los árboles de S. mahagoni son de tamaño grande, pueden alcanzar más de 20 m. de altura y sobrepasar los 2 m. de diámetro, aunque en nuestros bosques vírgenes crecían ejemplares centenarios que excedían en mucho estas dimensiones. Se han reportado caobas de 10 m. de circunferencia y más de 3 m. de diámetro.

     Los árboles de caoba antillana son de fuste corto y ramificado si crecen aislados, pero cuando se desarrollan con otros árboles a su alrededor son rectos y su fuste tiene mayor altitud. La floración, en Cuba, se produce durante los meses de marzo a junio. Las flores son apreciadas como melíferas. Los frutos dehiscentes, en forma de cápsulas leñosas, piriformes, de color castaño oscuro, miden entre 8 y 10 cm. de largo y de 4 a 6 cm. de diámetro. La recolección de los frutos se realiza de febrero a marzo. Las semillas están provistas de alas membranosas, son de color castaño claro y miden entre 5 y 7 cm. y 1,3 cm. de ancho, aproximadamente. La reproducción natural es escasa, en las condiciones naturales del bosque, sin embargo, la capacidad germinativa de las semillas recién colectadas es alta, generalmente fluctúa entre 80 y 90 %.

     La caoba cubana es el más reconocido internacionalmente de los árboles maderables de nuestra Isla.[1] Es probablemente, la madera más apreciada para realizar labores de ebanistería en el mundo. Se exportaba a Europa y a EE. UU. desde hace cuatro siglos. Hoy su población ha disminuido considerablemente, sobre todo, en la zona occidental del país. La madera es de color rojizo claro u oscura, variando con la edad del árbol, el tipo de suelo donde crece y la parte de la planta que se utiliza (ramas, tronco, raíz). Tiene escaso olor, sabor amargo, textura fina y grano recto. Posee alta dureza y es muy resistente; es de peso mediano y toma un fino pulimento. Resulta fácil de trabajar. Se utiliza, sobre todo, para la fabricación de muebles finos, cofres, abrecartas, estantería, decorados de interior, enchapes, tallas y esculturas, instrumentos musicales, agrícolas y científicos de alta precisión, carpintería y ebanistería de lujo. Es muy duradera en contacto con el suelo y resistente al ataque de los insectos.

     En la Catedral de Santo Domingo se conservan objetos hechos con madera de caoba que tienen más de cuatro siglos de existencia. También se usó profusamente en la construcción de El Escorial, de los barcos de la Armada Real Española y en el mobiliario de numerosos palacios europeos.

     Como planta medicinal, la corteza se emplea como anticatarral. Se le reconocen también propiedades febrífugas, antidisentéricas y astringentes.

     La corteza y el aserrín de la madera en remojo y hervida en agua, tiñen de color caoba o carmelita rojizo.

     La flor de la caoba antillana es la Flor nacional de la República Dominicana.[2]


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] “La caoba cubana ha ganado su enorme reputación no solo por sus cualidades decorativas: color, figura, lustre y capacidad para el pulimento, sino también por sus cualidades mecánicas, incluyendo dureza relativa, alta estabilidad en forma y volumen y su inmunidad al ataque de los insectos, por lo que resultaría injusto aplicar el nombre de caoba a otras maderas, simplemente semejantes en coloración y apariencia general”. [Alberto J. Fors: Maderas cubanas (1965), La Habana, Editorial Científico-Técnica, 2019, p. 46].

[2] Bibliografía: Juan Tomás Roig: Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos, 4ta edic., La Habana, Editorial Científico-Técnica, 2014, pp. 230-232; Alberto J. Fors: Maderas cubanas (1965), La Habana, Editorial Científico-Técnica, 2019, pp. 45-47; A. Betancourt Barroso: Silvicultura especial de árboles maderables tropicales (1983), La Habana, Editorial Científico-Técnica, 1999, pp. 323-332; Johannes Bisse: Árboles de Cuba, La Habana, Editorial científico-Técnica, 1988, p. 218; Marcos A. Vázquez Dávila: Plantas útiles, La Habana, Instituto de Ecología y Sistemática, 2003, p. 98; y Julio Ismael Martínez Betancourt: Plantas de uso artesanal de Cuba, s/f, pp. 42 y 224.