Aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Novela escrita por Miguel de Cervantes y Saavedra entre 1605 y 1615. Es universalmente conocida y está considerada la obra maestra de la literatura española. José Martí afirmaba, “el Quijote es lo que es, pintura sabia y dolorosa de la vida del hombre”.[1] A su vez, Enrique José Varona invitaba a su lectura argumentando que “el Quijote es uno de los libros más llanos que se han compuesto: claro como río sereno y caudaloso de ideas, sin confusión; de estilo añejo, como el buen vino, pero no anticuado; que habla del tiempo viejo, pero no de un tiempo tan separado de nosotros que el alma de sus personajes nos parezca extraña y distante de la nuestra”.[2] [Tomado de OCEC, t. 19, p. 328. (Nota modificada por el E. del sitio web)].

     “El Quijote, sin que se lo oculte la vertiginosa sucesión de peripecias, realistas y de ilusión, es un libro crítico. Hay allí alta crítica del acontecer humano; yo diría que una crítica de la vida, no por modo filosófico, para establecer teorías, sino a base de esa tradición de amor que Europa ha salvado a través de fallas y desastres”. (Medardo Vitier: “Estimación del Quijote”, Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, La Habana, abril-junio de 1952, p. 130).

     “Es el Quijote la obra de una desconsoladora experiencia, el noble producto de una vida fracasada en otros empeños más efímeros, el libro melancólico de un viejo, en quien ni los infortunios ni los sufrimientos pudieron apagar la generosidad del alma, ni el amor a los sacrificios bellos y desinteresados. Detrás del gran burlón de los quijotes, está don Quijote mismo, defendiendo su causa con sublime elocuencia, en discursos que solo pueden salir del corazón. Detrás del censor de las locuras españolas, está el español arrogante y lleno de alientos, irguiéndose, no obstante, el peso de los años y las desdichas, para soltar la pluma y tomar otra vez la espada que ciñó airoso en los tercios de Figueroa o empuñó tinta en sangre en la gran jornada de Lepanto. Hay en todo el libro un constante dualismo, un contraste extraño y único en la historia literaria, entre lo que Cervantes creía y lo que sentía, entre lo que realizaba despiadadamente su juicio y lo que sus sentimientos le arrastraban a escribir en las sentencias inspiradas y majestuosas de su héroe”. (José de Armas y Cárdenas [Justo de Lara]: “El Quijote y su tiempo”, Lunes de Revolución, La Habana, 8 de agosto de 1960, no. 71, p. 4).

     “Hoy por hoy el Quijote es un ejemplo vivo, porque al leerlo desfila ante nuestra vista, la miseria del pobre, la soberbia del rico, la mansedumbre de Sancho, la imagen de la opresión en los corchetes de la Santa Hermandad, y por sobre todo eso, el supremo ideal de la justicia humana. Si a ello se añade […] que le libro se deja leer sin esfuerzo, que hay en sus páginas para todos los gustos, que el eco de sus aventuras —trágicas o cómicas— nos ensanchan el corazón y nos hacen afirmar los valores vitales, será cuestión de preguntarnos unos a otros: ¿Ya leyó el Quijote?” (Virgilio Piñera: “¿Ya leyó el Quijote?”, Lunes de Revolución, La Habana, 8 de agosto de 1960, no. 71, p. 8).

     “Cervantes, con el Quijote, instala la dimensión imaginaria dentro del hombre, con todas sus implicaciones terribles o magníficas, destructoras o poéticas, novedosas o inventivas, haciendo de ese nuevo yo un medio de indagación y conocimiento del hombre, de acuerdo con una visión de la realidad que pone en ella todo y más aún de lo que en ella se busca. […] // No tuvo España mejor embajador, a lo largo de los siglos, que don Quijote de la Mancha. […] Pronto conocido en toda Europa, don Quijote cruzó el océano para mostrarse a todo lo largo y ancho del Nuevo Mundo. Y, por encima de luchas y vicisitudes, sobrevolando los antagonismos históricos, siguió transitando sin trabas, por las tierras de América. Bolívar lo evocaba a menudo en los últimos días de su prodigiosa existencia. Y José Martí, el espíritu más universal y enciclopédico de todo el siglo XIX americano, tenía a su creador por uno de los caracteres más dignos y bellos de la historia”. (Alejo Carpentier: “Cervantes en el alba de hoy”, Alcalá de Henares, 4 de abril de 1978 (Premio “Miguel de Cervantes y Saavedra”), Ensayos, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984, pp. 229-230).

     “No busquemos más lejos que en nosotros mismos los originales eternos de sus dos maravillosas figuras; aquí están, en el fondo de toda conciencia, pugnando siempre y siempre unidos, contradiciéndose incesantemente e incesantemente de acuerdo, viendo a la par el doble aspecto de las cosas y engañándose a la par seducidos por el deseo. Los admirables diálogos del caballero y el escudero han resonado con voz más o menos queda en todo corazón, pues siempre ha habido una quimera hermosa que alguna vez y en alguna forma seduzca al de temperamento más frío y positivista; y alguna vez y de algún modo la experiencia descarnada ha posado su mano glacial sobre las sienes del más ardoroso perseguidor de la belleza ideada”. (Enrique José Varona: “Cervantes” (1883), Enrique José Varona: su pensamiento representativo, introducción y selección de Medardo Vitier, La Habana, Editorial Lex, 2da edic., 1949, p. 141).


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] JM: “En los Estados Unidos. Clubs y libros”, La Nación, Buenos Aires, 12 de marzo de 1890, OC, t. 13, p. 460.

[2] Enrique José Varona: “Cómo debe leerse el Quijote” (1905), en Medardo Vitier: Enrique José Varona: su pensamiento representativo, La Habana, Editorial Lex, 2da edic., 1949, p. 91.