Juan el Bautista
Es una de las figuras más relevantes del Nuevo Testamento y del cristianismo primitivo, venerado como profeta y precursor de Jesucristo. Nacido a finales del siglo i a.C. en Ein Kerem, cerca de Jerusalén, era hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, lo que lo situaba en el seno de una familia sacerdotal. Su nacimiento fue anunciado de manera milagrosa por el arcángel Gabriel y es celebrado por la Iglesia el 24 de junio.
La figura de Juan el Bautista trasciende los evangelios, siendo también mencionada por el historiador judío Flavio Josefo en sus Antigüedades judías, quien lo describe como “un hombre bueno” que exhortaba a los judíos a llevar una vida justa. A diferencia de las versiones bíblicas que centran su mensaje en el arrepentimiento para el perdón de los pecados —simbolizado por su bautismo en el Jordán—, Josefo enfatiza su llamado a la purificación del cuerpo como reflejo de una justicia previa del alma.
Su estilo de vida era profundamente ascético. Habitaba en el desierto de Judea, vestía un manto de pelo de camello ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Este carácter rústico y su predicación incisiva le granjearon una enorme popularidad, atrayendo a multitudes deseosas de escuchar su mensaje de conversión. Su papel era el de preparar el camino para el Mesías. Aunque bautizó a Jesús, Juan siempre se refirió a él como “el que viene después de mí”, declarando que él no era digno de desatarle la correa de sus sandalias.
Su enfrentamiento con el poder político le costó la vida. Juan denunció públicamente al tetrarca Herodes Antipas por haberse casado con Herodías, la esposa de su hermano, lo que las autoridades consideraron una injerencia peligrosa. La tradición evangélica narra que fue encarcelado y decapitado en la fortaleza de Maqueronte por orden de Herodes, a instancias de Salomé, la hija de Herodías. Su ejecución es considerada un acto de martirio, y la Iglesia conmemora este suceso el 29 de agosto.
Venerado tanto en el cristianismo como en el islam —denominado profeta Yahya en el Corán—, Juan el Bautista representa el punto de conexión entre el profetismo del Antiguo Testamento y el anuncio del Nuevo, siendo considerado el último de los profetas de la Antigua Alianza.

