DIEZ AÑOS EN ORÍGENES. ADVERTENCIA

Diez años de existencia, mostrando el respeto a cada estación, en soterrada raíz y fruto visible, son una buena medida de lo cubano. Andamos siempre bordeando ese contorno temporal y, o bien se toca insuficiente, o se rebasa en estéril sobrevivencia. Quisiéramos mantenernos en el fiel que marcó su nacimiento, su indeclinable fatalidad, su alegre necesidad. Sin tocar insuficiencia o sobreañadido. Haciendo en su primera lograda unidad, diez años en su desarrollo y la extraña, misteriosa unidad de su forma poética, la misma esforzada concurrencia que fue necesaria para sus orígenes. Fue un pequeño nacimiento, que llegó a diseñar sus deseos en la dignidad de una forma, sus propias indecisiones en un ahondamiento de lo primigenio y caótico. Lejos de haber anclado en seducciones y facilidades, arribamos a los diez años de su existencia, y es el único festival que nos ha parecido digno de su cumplimiento, enfrentándonos con nuevas dificultades nacientes y otras que se esbozan con ondulante y rajado capricho demoníaco.

Si andamos diez años con vuestra indiferencia, no nos regalen ahora, se lo suplicamos, el fruto fétido de su admiración. Les damos las gracias, pero preferimos decisivamente vuestra indiferencia. La indiferencia nos fue muy útil, con la admiración no sabríamos qué hacer. A todos nos confundiría, pues nada más nocivo que una admiración viciada de raíz. Estáis incapacitados vitalmente para admirar. Representáis el nihil admirari, escudo de las más viejas decadencias. Habéis hecho la casa con material deleznable, plomada para el simio y piedra de infiernillo. Y si se pasean enloquecidos dentro de sus muros, ya no podrán admirar al perro que les roza moviendo su cola incomprensible.[1]

Al cumplimentar esos primeros diez años de ORÍGENES, podemos ofrecer el primer método para operar en nuestra circunstancia: el rasguño en la piedra. Pero en esa hendidura podrá deslizarse, tal vez, el soplo del Espíritu, ordenando el posible nacimiento de una nueva modulación. Después, otra vez el silencio.

ADVERTENCIA

Por su propia decisión, y con carácter irrevocable, el señor José Rodríguez Feo ha dejado de pertenecer a la revista ORÍGENES. El motivo alegado era su inconformidad con la publicación del artículo del señor Juan Ramón Jiménez, insertado en el número anterior.[2] Reunidos con el señor José Lezama Lima, en su carácter de editor director, los señores Ángel Gaztelu, Fina García Marruz, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Julián Orbón, Octavio Smith, Lorenzo García Vega, pareciéndoles correctísima la publicación del texto de Juan Ramón Jiménez, ya que se trataba de una figura histórica, por muchos motivos respetable, y en extremo responsable en sus opiniones, estando, desde luego, las personas aludidas en libertad de contestar, si lo tenían a bien, desde las mismas páginas de ORÍGENES. Eso era lo correcto y eso fue lo que se hizo. Lamentando la decisión del señor José Rodríguez Feo, nos vemos obligados a cumplimentarla, al mismo tiempo que ORÍGENES continúa su marcha y su destino.

[José Lezama Lima]

Tomado de Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1954, año XI, no. 35, pp. 65-66.