Carta de José Lezama Lima a Cintio Vitier

y a Fina García Marruz

La Habana.
Abril y 1976

Queridos míos:

Si mi cuento,[2] les produjo alegría, igual alegría me recorrió como electricidad cuando leí sus dos preciosas cartas.[3] En esa gran biblioteca donde ustedes aparecen como los Kornack o tripulantes de elefantes,[4] disparan flechas cuya finalidad es producir el nacimiento de nuevos mundos, de planetas y planetoides que zumban como trompos. Así Uds. tienen la magia de llevarlo siempre a una juventud, en la que penetran más y más a lo largo de los años. Y todo pueden rejuvenecerlo, embellecerlo, rodearlo de un misterio sin asustarnos, nos lleva a acercarnos al monstruosillo y sentirlo como si hubieran surgido bondades y escamas nuevas, como esos árboles de piedras preciosas, de los que se habla en Las mil y una noches. Yo siento, lo que verán mucho mejor otras generaciones, la vivencia del surgimiento de Uds. en ese acuario. Ahí, por grutas, por galerías subterráneas, por laberintos y jardines sumergidos, volverán a reconstruirlos a Uds. como si por haber guardado la piel, los ojos y los dientes, pudieran siempre vivir de nuevo.

No solamente la alegría de Uds. ha sido mi alegría, sino que me ha enseñado a tener una victoria frente al tiempo. Nuestra amistad ha sido un misterio tan diáfano, como esos ángeles que en algunas pinturas gustan de presentarse en un rayo de luz.[5] Para remedar a Fina voy a terminar con una décima “Lo que no te nombra”.

Buscando la tesitura
de una fiesta que no llega,
se presiente por la altura
una diosa que nos pega
al juzgar la criatura.
Borra el pájaro el borrón
y se acerca de rondón
a un montón de breve sombra.
Si es lo que no te nombra
es la estrella que se escombra.[6]

     En nuestros tiempos desorbitados hay tantos poetas que no gustan de la poesía, pero Uds. por el contrario, están en la poesía misma de los demás, la que cuidan como horticultores. En Uds. hay innegablemente una caridad, para mí un don de la gracia, su acercamiento a la poesía de los otros. Han comprendido que la poesía que hacemos y la que hacen los demás, es una totalidad. Y la escritura es tan misteriosa que podemos asemejarla a una larga línea que recorre el hielo y el fuego, creando la temperatura propia de la poesía.

     Los quiere siempre un poco más,

José Lezama Lima

Tomado de La amistad que se prueba, estudio introductorio, transcripción, notas, cronología y bibliografía de Amauri Gutiérrez Coto, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2010, pp. 115-116. (Cartas cruzadas entre José Lezama Lima, Fina García Marruz, Medardo Vitier y Cintio Vitier).


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Carta manuscrita en la que agradece a Cintio Vitier y Fina García Marruz haberle copiado el texto de su cuento “Fugados” y las cartas de elogio enviadas por ambos.

[2] Sobre este cuento su autor ha dicho: “Ahora A. empezará a agobiarte con cuentos míos. A mí me han dado una lata horrible. Ya se los he mandado. Son ‘Fugados’ (publicado en Grafos en 1936, como ves hace 40 años que se publicó, yo tenía 25 años). ‘Juego de decapitaciones’, publicado en Orígenes. ‘El patio morado’, publicado en Espuela de Plata. Dan una lata insoportable estos peticionarios editorialistas”. (José Lezama Lima: Cartas (1939-1976), Madrid, Ediciones Orígenes, 1979, p. 287).

[3] Véase Fina García Marruz y Cintio Vitier: “Carta a José Lezama Lima” y Cintio Vitier: “Carta a José Lezama Lima”, La amistad que se prueba, estudio introductorio, transcripción, notas, cronología y bibliografía de Amauri Gutiérrez Coto, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2010, pp. 110-114 y 114-115, respectivamente.

[4] Se refiere a la Biblioteca Nacional José Martí donde trabajaban entonces Cintio Vitier y Fina García Marruz.

[5] “Amo entrañable a mis detractores, así que imagine mi cariño y gratitud para quienes compartieron el vivir con esta mole de toses que no frena el hablar. Desde los años mozos y hasta hoy vengo estimando unas personas que perviven algo así como encadenadas en mi subconsciente, porque entre ellos hay nexos y porque los conocí casi en grupo y durante sus respectivos romances, que duran hasta nuestros días. Eliseo Diego y Cintio Vitier en perpetua luna de miel con Bella y Fina García-Marruz. Amistad repujada en el cobre cobrizo de una mina inagotable, hecha de exquisiteces y maravillas. De ellos siempre he podido esperar casi cualquier cosa estupenda o insólita, desde una flor recibida a una dada, hasta una rapsodia de Mozart oída a ocho orejas en la trampa térmica de los alacranes. El humo diviniza la imagen de Eliseo en su discurso inaugural de En la calzada de Jesús del Monte, cuando el incienso opulento y sobrio hace escaladas y la espiral definitiva de esa lectura queda adherida a la hidra matriz de la poesía. Cintio ha sido un perenne viajero de la esperanza, un golondrinero estanciado y sedentario que hecha a volar pájaros con el dorso púrpura de su lengua. Es el soñador urdiendo en la filigrana, acarreando polen en el entresijo florecido del monte. Su fe no se detiene ni hace caso a los límites, porque es un risueño promisor y una criatura confeccionada de sucesivos candores. Incluso sus bravuras estuvieron siempre untadas del rocío vespertino de quien no guarda rencor ni para las alimañas. Bella era y es bella en el buen sentido de la palabra bella, una pasajera con pañuelo en la barandilla y un adiós y beso listos para cuando llegue la primavera: su endiablada bondad es capaz de roer todos los barrotes. Fina cierra este desfile de amores, tocando el tambor de la ternura. Aunque, por supuesto, en las antípodas de su calavera, es el temperamento ardiente que nadie pueda imaginar: su caldo fue aderezado con noble perejil, ruedas de limón, jengibre iconoclasta, kilogramos de dulzura, la suavidad culinaria del lápiz labial y una pimienta de exportación, contenida y explosiva. Sus páginas escritas producen el arrobamiento de quien lee auténticas y cercanas ondas expansivas, decoradas con los colores de sus banderas”. [José Lezama Lima: Para leer debajo de un sicomoro (1998), entrevistas de Félix Guerra a José Lezama Lima, prólogo de Roberto Manzano e ilustraciones de Amilkar Feria, La Habana, Sureditores, 2013, pp. 104-105. (N. del E. del sitio web)].

[6] Está décima fue incluida en la edición póstuma de Fragmentos a su imán y la fechó su autor en diciembre de 1972. (José Lezama Lima: “Lo que no te nombra”, Poesía completa, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985, pp. 488-489).