19 de abril / 76.
Querido Lezama:
Alabada sea la tozudez hispánica, que nos ha llevado al conocimiento y copia de su precioso cuento “Fugados”. Fina y yo lo hemos recorrido juntos con fruición y gratitud, porque es un cuento esencial suyo y nuestro, el cuento habanero que faltaba del malecón, del contrapunto del malecón y del colegio, de la pequeña e inmensa aventura adolescente que se bifurca en dos posibilidades: una corta y fáctica, la que muere en el cine y su pobre jaula; otra que sigue el ciclo infinito de las olas, la novela de las algas y la circulación de la sangre presa en el granate,[2] heráldicamente anunciada por las gotas de lluvia en el escudo de la joyería.[3] Cuántas cosas, ahí, que nos encantan y que hemos vivido o soñado, que son nuestras, de nuestras familias, como esa tía que parece amanecer montada en una vaca y esa epifanía del café con leche,[4] y luego el espacio espiritual del malecón que se abre para mostrarnos la destinada aventura, la que nos corresponde. En 1936 yo tenía la edad de Luis Keeler[5] y me pasaban esas cosas u otras equivalentes. Cuarenta años después todos tenemos la misma edad para ir juntos con usted al misterioso malecón inagotable y dormirnos en las gracias
Tomado de La amistad que se prueba, estudio introductorio, transcripción, notas, cronología y bibliografía de Amauri Gutiérrez Coto, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2010, pp. 114-115. (Cartas cruzadas entre José Lezama Lima, Fina García Marruz, Medardo Vitier y Cintio Vitier).
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] No se ha podido consultar el original de este documento, pues parece haberse extraviado. El propósito de esta epístola es comentar el cuento “Fugados” de José Lezama Lima. Véase la carta de Fina y Cintio a Lezama y la respuesta de Lezama a las mismas. (Nota modificada ligeramente por el E. del sitio web).
[2] “… como circula la sangre por el granate”. (José Lezama Lima: “Fugados”, Cuentos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1987, p. 20).
[3] “La última gota se demoraba en el escudo de la joyería…”. (Ibíd., p. 11).
[4] “La contemplación del café con leche mañanero produce una voluptuosidad dividida, que se convierte en poca cosa cuando los garzones van penetrando en las academias”. (Ibíd., p. 12).
[5] Personaje del cuento “Fugados”.

