Comienza ahora la etapa poética cubana, cenital, creadora inmensamente afirmativa. Nuestra tierra fue besada por Martí, eso quiere decir, que nuestra tierra tiene el aliento, le ha sido insuflado un soplo, tiene aire transfigurativo. Cantar como el gallo, el señor alboso, el que anuncia. Aquella tierra transfigurada entra ahora en el misterio de su porvenir. Qué gracia, qué fuerza en Maceo, el reemplazo de Dios mediante por Dios delante. Tener la imagen, la tierra insuflada o creadora, la anunciación del porvenir americano, obligan a hablar a Dios. Volvemos a los períodos mitológicos, Dios delante del hombre, en sus cosechas y en sus hijos, en su conversación y en la mesa de todos los días.
De cierta manera, el positivismo y el ciencismo, habían traído ese pesimismo causalista, donde la historia carecía de símbolos y del tuétano de sus ensalmos. Pero ahora, por ese retomar de nuestra era mitológica, sabemos que hay un Martí que hizo en vida y el mismo que engendró después de muerto, “Tengo miedo de morirme sin haber sufrido bastante”,[3] nos dice. Sufrió mucho Martí, ascendió purificado por la escala del dolor,[4] dice Rubén Darío. Después de muerto, tiene que haber sufrido aún más. Germinativo en la tierra que transfiguró, ahora es una imagen fecundante, como el Hércules preñador de su vejez.
Comenzaban así a hervir los prodigios, desde la suerte del Almirante misterioso, que sorprende en las cabelleras de las indias, como una seda de caballo. Aquí lo sutil se hace fuerte, lo ahilado viste como una resistencia acerada, refugiándose en la convocatoria para lo secular eterno. Sorprende después, un perro grande, pero sin habla, que lleva en su boca una madera, donde el Almirante jura que ve letras. La imantación de lo desconocido es, por el costado americano, más inmediata y deseosa. Lo desconocido es casi nuestra única tradición. Apenas una situación o palabras se nos convierten en desconocidas, nos punzan y arrebatan. La atracción de vencer las columnas de la limitación o las leyes del contorno, está en nuestros orígenes, carece como si el misterioso Almirante, siguiese desde el puente nocturno, el traspaso entre la sexta y la séptima morada, donde ya no hay puertas, según la mística teresiana,[5] y ganase como la regalía de la aventura en el misterio. Sorprende además, la diferencia extrema en el pequeño círculo mágico. Un árbol que tiene ramas como cañas y otra rama que tiene lentiscos. Los peces tienen forma de callos azules, amarillos, colorados. Toda esa riqueza de formas produce espera y descanso. En medio de esa diversidad, el hombre se nutre como de una espera, que tiene algo del arco y de la flecha.
Con esos hechizos acumulados en su centro, la revolución cubana ha vuelto sobre el poder de irradiación que hay en la pobreza. El siglo xix nuestro, fue creador desde su pobreza. Desde los espejuelos modestos de Varela hasta la levita franciscana de las oraciones solemnes de Martí, todos nuestros hombres esenciales fueron maestros pobres. Después, el mono de Hollywood, con sueldazo de quinientos pesos semanales, fue el final apetecido de los cubanos negativos, no creadores. Claro, que hubo hombres ricos en el siglo xix, que participaron de la integración nacional. Pero comenzaron por quemar su riqueza, por morirse en el destierro, por dar en toda la extensión de sus campiñas una campanada que volvía a la pobreza más esencial, a perderse en el bosque, a lo errante, a la lejanía, a comenzar de nuevo en una forma primigenia y desnuda. Sentirse más pobre es penetrar en lo desconocido, donde la certeza consejera se extinguió, donde el hallazgo de una luz o de una fulmínea intuición, se paga con la muerte y la desolación primera. Ser más pobre es estar más rodeado por el milagro, es precisar el animismo de cada forma, es la espera, hasta que se hace creadora la distancia entre las cosas. Las inmensas lentitudes de la extensión, que se hace creadora por la ley del árbol, es sorprendida por el estilo de la pobreza en una fulguración, donde la realidad y la imagen están perennemente a la altura de la mirada del hombre pobre. La suerte que se echa sobre los pobres, visto por quien más tenía que ver, gana de antemano el número sagrado y las batallas con la tumultuosa prole plutónica.
La vigilia y la agudeza del pobre lo llevan a una posibilidad infinita. Como tantas veces, esta frase mía me vuelve a rondar: lo imposible al actuar sobre lo posible, engendra un potens, que es lo posible moviéndose en la infinitud. Ahora se ha adquirido ese potens, esa posibilidad, por el cubano. Toda imagen tiene ahora la altitud y la fuerza de su posibilidad. Todos los posibles atraviesan la puerta de los hechizos. Todos los hechizos ovillan esa posibilidad, como una energía que en un instante es un germen. La tierra transfigurada recibe ese germen y lo hincha al extremo de sus posibilidades.[6] Son así ahora alegres nuestros campesinos, al sentirse muy adentro en la melodía de nuestro destino.
La Revolución Cubana significa que todos los conjuros negativos han sido decapitados. El anillo caído en el estanque, como en las antiguas mitologías, ha sido reencontrado. El héroe entró en la ciudad. Comenzamos a vivir nuestros hechizos y el reinado de la imagen se entreabre en un tiempo absoluto. Cuando el pueblo está habitado por una imagen viviente, el estado alcanza su figura, pues la plenitud de un estado es la coincidencia de imagen y figura. El hombre que muere en la imagen, gana la sobreabundancia de la resurrección. Martí, como el hechizado Hernando de Soto,[7] ha sido enterrado y desenterrado, hasta que ha ganado su paz.[8] El estilo de la pobreza, las inauditas posibilidades de la pobreza, han vuelto entre nosotros a alcanzar su plenitud eficiente. La Revolución Cubana no es otra cosa que la creación del verídico estado cubano. Albricias, aquí revolución es creación. No revolución dentro de un estado anterior, que nunca existió, sino creación de un nuevo ordenamiento estatal, justo y sobreabundante.
Tomado de Lezama disperso, prólogo, compilación y notas de Ciro Bianchi Ross, La Habana, Ediciones UNIÓN, 2009, pp. 187-191.
Notas: Véase Abreviaturas y siglas [1] [1] Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, mayo-agosto, 1988, no. 2, pp. 44-46. Lezama incorporaría fragmentos de este texto en su ensayo “A partir de la poesía”, La cantidad hechizada, La Habana, Ediciones Unión, 1970, pp. 33-51, y también en “Lectura”, Imagen y posibilidad, edición de Ciro Bianchi Ross, La Habana, Letras Cubanas, 1981, pp. 94-112. El original mecanuscrito se encuentra en el archivo de J. L. L. en la Biblioteca Nacional. [2] “Tuvimo en Inagua y al fin jallamo un barco que nos puso cerca de la costa de Cuba, pa los lao de Baracoa… El barco nos dejó en la mar y bía una marejá terrible… Una noche oscura… No se vía na… Martí tenía la brújula del bote y el general el timón. Un golpe de agua le arrancó el timón… y también se llevó el agua una cosa que el general traía en un bulto… el mar taba terrible. La noche taba negra… no víamo na… Y entonces vimo unas luce lejo… y creíamo que era tropa española; pero eran pescadores… Y luchábamos con el mar que nos quería tragá… y no nos quería dejá llegar a tierra de Cuba… y al fin, así… de viaje veo unos farallones y pego un brinco y me trepo y seguío le doy el brazo y subo a Martí, dipué al general Gome… y dipué lo otro… Y el general Gome saltó de la roca a la playa; y cuando vido la tierra firme, de viaje besó la tierra y cantó como gallo!… cantó como gallo, eso dígalo uté… // Y yo, cuando lo oí que cantó como gallo, me dije: ¡No salvamo!… Yo creía que taba hecho to lo que veníamo a hacé… Y Martí taba muy contento…”. (Marcos del Rosario, en Emilio Rodríguez Demorizi: Martí en Santo Domingo, La Habana, Úcar García, SA, 1953, pp. 422-425). [3] “¡Tengo miedo de morir antes de haber sufrido bastante!” (JM: “Cuaderno de apuntes no. 6” [1881], OC, t. 21, p. 191). “Tengo miedo de morir antes de haber sufrido bastante.—”. (JM: Fragmentos, OC, t. 22, p. 244). [4] “En comunión con Dios vivía el hombre de corazón suave e inmenso; aquel hombre que aborreció el mal y el dolor, aquel amable león de pecho columbino, que pudiendo desjarretar, aplastar, herir, morder, desgarrar, fue siempre seda y miel hasta con sus enemigos. Y estaba en comunión con Dios habiendo ascendido hasta él por la más firme y segura de las escalas, la escala del Dolor. La piedad tenía en él un templo […]”. [Rubén Darío: “José Martí” (La Nación, Buenos Aires, 1º de junio de 1895), Antología crítica de José Martí, recopilación, introducción y notas de Manuel Pedro González, Universidad de Oriente, Publicaciones de la Editorial Cultura T. G. S. A., México, D. F., 1960, p. 4]. [5] Referencia a Santa Teresa de Jesús (1515-1582). [6] “lo imposible al actuar sobre lo posible engendra un potens, que es lo posible en la infinidad. // […] Lo imposible al actuar sobre lo posible engendra un posible en la infinidad. […] el icárico intento de lo imposible es la única seguridad que se puede alcanzar”. [JLL: “A partir de la poesía” (1960), La cantidad hechizada (1970), La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014, pp. 61 y 64, respectivamente. En carta a Miguel F. Viondi, fechada en Nueva York, el 24 de abril de 1880, Martí le escribía: —“Lo imposible, es posible.—Los locos, somos cuerdos”. [OCEC, t. 6, p. 205). (N. del E. del sitio web)]. [7] Hernando de Soto y García de Paredes (1500-1542). [8] Véase Fina García Marruz: “Nosotros, los pobres. En torno a los varios entierros de Martí”, Honda. Revista de la Sociedad Cultural José Martí, La Habana, 2010, no. 29, pp. 29-31; Walter Marcial Martínez Rodríguez: “La ‘autopsia’ de Martí. Estudio crítico de los informes de exhumación de los restos del Apóstol”, Honda. Revista de la Sociedad Cultural José Martí, La Habana, 2011, no. 31, pp. 46-51; Francisco Ibarra Martínez: Los cinco entierros de José Martí, La Habana, Palacio de Convenciones, [s.a.]; y Ercilio Vento Canosa: La cruz de caguairán, Matanzas, Ediciones Matanzas, 2013.

