Osmany me habló de un hombre que vendía libros en su barrio. En la calle. Había comprado cosas interesantes. Como es obvio, le pedí que me llevara. Acordamos encontrarnos en Calzada, entre C y D. En el parque Villalón. No pude llegar a las 2 en punto. En estos tiempos de bloqueo petrolero conseguir una máquina es una odisea casi imposible. Pasó un jeep que iba por 23. Ahí me subí. Llegué 7 minutos después.
Caminamos, junto a una amiga suya, Aimucha, hasta un edificio cercano. Un apartamento en el tercer piso. Repleto de libros. El librero, locuaz y amable. Nos dejó buscar y escarbar. “Ése está buscando oro”, le escuché decir a mis espaldas. Y oro encontré: Enigma para un domingo, de Ignacio Cárdenas Acuña, Roque Dalton La radicalización de las vanguardias, de Luis Alvarenga, Toussaint Louverture, de Aimé Césaire, Contrarrevolución y revuelta, de Herbert Marcuse y Vivo más feliz en la tormenta Cartas a amigas y compañeras, de Rosa Luxemburgo.
Y no pude dejar de proponerle hacer una entrevista para escribir esta crónica:
“Soy Orlando Cruz Capote y tengo setenta y tres años. Yo soy investigador histórico y filosófico, también. Di clases e hice los dos doctorados. Me gradué en la escuela de historia, aquí en el 76. Y me hice doctor en la Unión Soviética. Cuatro años. Del 85 al 89.
Aquí se hicieron muy buenas publicaciones al principio de la revolución. Abundantes. Hasta las que pensaron que no iban a salir, salieron. El Instituto Cubano hizo buenas publicaciones. Busqué mucho. Cerca de donde yo vivo había dos librerías. El Canelo, en Reina y, Cuba Científica, en I y 25. Eran muy buenos los libros y baratos. Yo, como soy un curioso y me gusta tener en mi casa los libros para poder trabajar más, iba allí. Los otros en la biblioteca. Yo me especialicé en historia del movimiento obrero comunista de Cuba y de América Latina. Como es lógico, tenía que partir de un contexto porque ese movimiento se ha insertado en la propia historia del país. Yo trabajé largamente y después me trasladé para relaciones internacionales. La tesis mía de doctorado fue La III Internacional y la revolución del treinta y tres en Cuba. Tengo publicados varios libros. Sesenta entre libros y artículos en revistas. Tengo la orden Carlos J. Finlay la Juan Tomás Rué, que son dos premios por investigación y novedad en las publicaciones.
Con la crisis que hay ahora aquí… Yo me jubilé, tengo un buen retiro, pero con el reordenamiento que hubo con la economía y el dinero, no tenía posibilidades de vivir. Además, me dio la catarata y mis setenta y tres años, decidí que debía vender algunos libros para poder completar el dinero que me hace falta para poder hacer las compras.
Yo los vendo en la calle. En la acera abro un huequito ahí. No es venta oficial. No creo que sea un delito, pero bueno… nadie me molesta. Los libros no tienen problema. Yo soy historiador, no soy librero. Este es un oficio. Es una especialidad. Tengo mucho libro. A mí el libro siempre me ha interesado, las editoriales y todo lo que tiene que ver con su edición. Ahora trato de sacarle el quilo para poderlo vender. El primer libro que vendí en la calle fue un diccionario inglés-español muy bueno. Y libros de literatura. De ciencia ficción y de horror y misterio. Edgar Allan Poe, Agatha Christie… Tengo una buena colección de eso. También de historia y de política.
Yo pensaba que iba a coger nostalgia, porque los libros que yo vendo, los leí. Es lógico. En la escuela de historia de la Universidad de La Habana se daba literatura. Fui un muchacho que iba a la Biblioteca Nacional a traer libros. Todos los clásicos de aventuras me los leí de jovencito por iniciativa propia. Siempre me interesó mucho la literatura. Tan es así, que pedí, como tercera opción, literatura. Casi todos los libros, antes de venderlos, yo los leo. Porque los tenía de consulta. El libro de consulta no se lee completo. Leer El Capital completo, vaya, es una barbaridad. Yo lo leo por capítulos, cuando me interesa. Ya lo vendí. Y las obras completas de Lenin también. Soy muy hábil buscando. La facultad de buscar una información necesita habilidad. A veces no hay que leerlo completo. En la facultad un profesor uruguayo, Sergio Benvenutto, me enseñó a leer rápido. Cuando aquello no había fotocopias. Eran esténciles. Aquello era terrible de leer. Te comía la vista.
Un libro, para mí, es oro. Tú te conviertes en el autor, te pones en el papel del escritor y, si eres bueno haciendo crítica, le haces casi una edición al libro. ¿No? Yo como soy virgo y curioso me gusta a veces criticar demasiado. También es el conocimiento del tiempo que llevo. Cincuenta años trabajando eso.
Tengo varios libros que no vendería. El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, los libros de poesía, porque yo soy lector de poesía. Y escritor de poesía. Me casé cuatro veces, de la última no me he divorciado, muchas novias, eso es normal… La poesía es un momento más arriba de la prosa. Hay escritores que escriben en prosa y hacen poesía. Martí era un hombre que escribía en prosa y hacía poesía. Me gusta la metáfora, el aparato que lleva la poesía es distinto al de la prosa. El ensayo también es distinto porque una biografía lleva los datos, el ensayo tu subjetivad, las ideas tuyas. Yo me imagino las dificultades que pasan los traductores de poesía al pasar de un idioma a otro. A veces el sentido cambia completo. Tengo varios poetas favoritos: Rimbaud, el maldito. Neruda, clásico, no me puede faltar. José María de Heredia y José Martí, de Cuba. Aunque a él no lo tengo entre los clásicos de la poesía, vea usted las cosas de la vida. Están Eliseo Diego, Fina García Marruz, Cintio Vitier. Hay unos cuantos clásicos. Lezama Lima… Acá hay un reguero de poesía tremendo. Tan eso que he participado en concursos y no me he ganado nada. El hecho es participar y meter la nariz ahí.
Con poemas he conquistado muchachas, ¡como que no! A la antigua es más efectivo que a la moderna. En la antigua, tú lo escribes y a la primera oportunidad se lo entregas. Aunque no le hayas hecho nada esa es ya el bombazo de entrada. Hay que ser romántico, ¿no? Eso no lo dije yo, lo dijo Rubén Darío: “¿Quién que es, no es romántico?”.

