San Lorenzo de El Escorial. Monasterio español fundado por Felipe II en 1563 para conmemorar la batalla de San Quintín. Fue construido durante 22 años por los arquitectos Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera y Francisco de Mora, según el plan del monarca, quien solía residir allí al final de su vida.[1] El monumental edificio es un conjunto arquitectónico en forma de parrilla, en recuerdo de San Lorenzo, quien fue martirizado y muerto con ese instrumento. En el centro del conjunto se levanta la iglesia. Posee una colección de cuadros y tapices, y una biblioteca.

[Tomado de OCEC, t. 17, p. 447. (Nota modificada por el E. del sitio web)].

     Otros textos relacionados:

  • Alejo Carpentier: “El Escorial, museo de milagros”, Carteles, 8 de septiembre de 1935, Crónicas, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1985, t. II, pp. 196-200.
  • Eliseo Diego: “Felipe II”, Clavileño: Cuaderno mensual de poesía, números 1-7, La Habana, 1942-1943, edición de Amauri F. Gutiérrez Coto, Junta de Andalucía, Editorial Renacimiento, 2009, pp. 84 y 127-128.

 


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] En El Escorial “se muestra petrificada un alma toda voluntad, todo esfuerzo, exento de ideas y de sensibilidad”. (José Ortega y Gasset, citado por José Lezama Lima en “La muerte de José Ortega Gasset”, Orígenes. Revista de Arte y Literatura, La Habana, 1956, año XIII, no. 40, p. 77).

“[…] la grandeza, la cualidad inherente a todo lo definidamente español, estaba presente en grado sumo en la piedra majestuosa y sobrecogedora de El Escorial y aún más en la persona de aquel monarca, a la orilla de cuya inmutabilidad venían a apagarse los ecos de las catástrofes del reino”. [Octavio Smith (1948), citado en Clavileño: Cuaderno mensual de poesía, números 1-7, La Habana, 1942-1943, edición de Amauri F. Gutiérrez Coto, Junta de Andalucía, Editorial Renacimiento, 2009, p. 127].

“Por eso el Escorial es tuyo, / y es mío, y es de todos, y es de nadie, / porque todos lo estamos manteniendo / en una sola noche blanca, / monumento del no, palacio / nupcial del imposible. / Y haberlo visto ahora nos parece / una experiencia que no acaba, / como si algo en este mundo fuera todo / lo que tenemos para traspasar dormidos / para salir a la graciosa cetrería / de nuestra posesión, a la intemperie / de los astros y el alma”. [Cintio Vitier: “El Escorial”, Vísperas (1938-1953), Obras 8. Poesía 1, compilación, prólogo y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2007, p. 288].