ILUMINACIONES 4:

CINTIO Y FINA HABLAN DE AGUSTÍN PI

...continuación 4

Fina García Marruz: Me presentaba como una musa algo loca por la literatura. Se burlaba de eso y a mí me hacía mucha gracia. Él acababa de llegar al central Merceditas, no hacía más que unas horas que no nos había visto y nos decía al final: “Escríbanme, por favor”. Ahí estaba ese cariño entrañable y lo que nosotros éramos para él, algo muy especial. Nos quería entrañablemente como nosotros a él.

Cintio Vitier: No se pueden olvidar los “cadáveres exquisitos” de “El Turco Sentado”, que son extraordinarios.

Fina García Marruz: Hay muchos, hay muchos poemas escritos entre todos. También jugábamos a la palabra inventada, como también hacían los surrealistas, de lo cual después me enteré. Los jóvenes de entonces en toda Hispanoamérica hacíamos las mismas cosas.

Cintio Vitier: Estos los inventamos nosotros por nuestra cuenta.

Fina García Marruz: Sí, recortábamos palabras de un periódico.

Cintio Vitier: Inventamos versos.

Fina García Marruz: Algunos maravillosos. Recortábamos las palabras de un periódico, las mezclábamos, las poníamos juntas y formábamos un poema.

Cintio Vitier: Para todo esto Agustín tenía una gran receptividad y un sympathos, como diría Lezama, tan ilocalizable como concentrado. ¿Te dije que Agustín nos hizo conocer el tango?

Fina García Marruz: Ah, sí, en casa de Bella. Francisco Petrone bailó un tango con mi hermana, que bailaba muy bien y lo hizo a las mil maravillas, sin haberlo hecho nunca antes. Agustín llegó a tener mucha más amistad con Eliseo y Bella que con nosotros. Iba más de visita allá. Agustín nos visitaba a todos, pero a la casa de Bella era visita diaria. Todavía en casa de Eliseo hay cartas de Agustín en las que le dice a Bella: “Sobra Eliseo, mi novia”, jugando siempre.

     Pensando en Agustín más de una vez he recordado un cuento de Hans Christian Andersen que le gustaba mucho a Eliseo, “El soldado y la viejecita”, creo que se llamaba así. La viejecita era un hada que fingía que estaba en una situación muy mala, muy mala, para saber si el soldado era una persona descuidada o si era realmente compasiva. Agustín también era misterioso y me recuerda lo que en ese cuento el hada decía: “¡Oh!, mi querido Agustín, todo se ha perdido al fin. El saco ya está raído, el bastón está perdido, ¡oh!, mi querido Agustín”.

     A veces hablo con él y me acuerdo de eso y pienso y siempre me digo lo mismo: “¡Ah, mi querido Agustín, nada se ha perdido al fin!, ¡nada se ha perdido al fin!” Porque el recuerdo que él nos deja es realmente inolvidable, para toda la vida, para toda la vida: “Querido Agustín, nada se ha perdido al fin”.

Cintio Vitier: Él era muy sencillo.

Fina García Marruz: Ya todo lo de nuestra familia origenista está expresado en el “¡Ah, que tú escapes!” de Lezama, en la imposibilidad de definir lo inapresable, que también está en Varela, en lo de “lo más exacto, es lo que no puede definirse”.[11]

Cuando Cintio se sintió un poco en la obligación de decir que “Él era sencillo”, pues, aunque Eliseo jugaba con él poniéndole nombretes de “Sutilín” y “Profundol”, es juzgamiento también: lo “sencillo” —como sabía Martí—, es la sede de lo más profundo e insondable.

Era “sencillo”, como dice Cintio, pero era difícil y ¡rehusaba tanto que hablaran de él! Por eso creo que lo último que podíamos decirle a Agustín es: ¡perdónanos este homenaje![12]

Tomado de Rosa Miriam Elizalde: “Iluminaciones 4: Diálogo en vísperas del 110 aniversario de la caída en combate de José Martí”, entrevista realizada a Fina García Marruz y Cintio Vitier el 5 de febrero de 2008, www.lajiribilla.cu (24-09-2021).


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[11] “El objeto no se puede definir cuando es muy simple, o cuando es muy complicado, y hemos hecho un análisis prolijo de sus propiedades. En el primer caso la imposibilidad proviene de que toda definición explica o desenvuelve las diversas partes de un objeto por signos más claros; y como es imposible que una idea muy simple tenga estas partes que desenvolver, y admita mayor claridad en sus signos, no puede practicarse la definición. En el segundo caso, la multitud de propiedades bien conocidas, necesitan un número igual de signos, y algún tiempo para repetirlos, todo lo cual no conviene con la brevedad que se pretende observar en las definiciones, y por tanto el que habla se halla implicado para responder a una pregunta, y no puede definir el objeto según la costumbre escolástica. Pero advirtamos que si el objeto es simple, no tiene tantas relaciones que distraigan nuestro espíritu, y su idea es más exacta, y si el objeto es complicado, mientras más detenido sea nuestro análisis, que es decir, mientras más le conozcamos, más difícil es la definición; luego debemos deducir que la idea que no puede definirse es la más exacta”. [Félix Varela: “Capítulo XV. Parte IV. V. Obstáculos de nuestros conocimientos. Definiciones”, Miscelánea filosófica (1819), Obras, compilación y notas de Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta y Mercedes García Rodríguez, La Habana, Ediciones Imagen Contemporánea, 2001, 3 vol., vol. I, p. 405. Las cursivas son del E. del sitio web)].

[12] Véase Fina García Marruz: “Agustín”, Habana del centro (1997), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. II, pp. 54-55.