NUESTRA AMÉRICA [1]

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifiquen al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas,[2] y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo,[3] que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos:[4] las armas del juicio, que vencen a las otras.[5] Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedras.[6]

     No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final,[7] a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen, han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quiere[n] que le[s] llamen el pueblo ladrón,[8] devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor, no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades: ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.[9]

   A los sietemesinos[10] solo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra, son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles,[11]o vayan a Tortoni, de sorbetes.[12] ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, bribones, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre? ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios,[13] y va de menos a más, estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios,[14] y va de más a menos! ¡Estos delicados, que son hombres, y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el Washington[15] que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos “increíbles”[16] del honor, que 1o arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres!

   ¿Ni en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América,[17] levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal,[18] porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irredimible[19]a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal[20] famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton[21] no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyès[22] no se desestanca la sangre cuajada de la raza india.[23] A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.[24]

   Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural.[25] Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie,[26] sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recabar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder: y han caído, en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno, y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

     En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude, y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yankees o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta,—sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías.[27] La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los Incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes[28] de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.[29] Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.[30]


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] “Si Europa fuera el cerebro, nuestra América sería el corazón”. (Hasta el cielo. Por José Peón Contreras”, Revista Universal, México, 15 de enero de 1876, OCEC, t. 3, p. 158). Esta es la primera ocasión, posiblemente, que José Martí utiliza la expresión “nuestra América”. En su obra se recogen tres artículos con ese título. Fueron publicados en El Partido Liberal, de México, el [27 de septiembre de 1889] (OC, t. 7, pp. 349-353); en La Revista Ilustrada de Nueva York y en El Partido Liberal, de México, el 1ro y 30 de enero de 1891 (Nuestra América. Edición crítica, prólogo y notas de Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2006, pp. 35-69); y en Patria, en Nueva York, el 4 de febrero de 1895, no. 147, p. 1 (no aparece en OC). El apelativo “nuestra América” se localiza en más de cien textos martianos y “América nuestra” en la carta a Pío Víquez, [San José de Costa Rica, 8 de julio de 1893], EJM, t. III, p. 370. Martí utilizó también en centenares de ocasiones, con propósitos similares, otras expresiones más o menos equivalentes: “nuestras tierras de América”, “nuestros países de América”, “nuestras tierras americanas”, “nuestras tierras nuevas”, “nuestros pueblos americanos”, “nuestros países americanos”, “nuestros pueblos suramericanos”, “nuestros países hispanoamericanos”, “nuestros pueblos queridos de América”, “tierras de mi Madre América”, “nuestra Madre América”, “nuestras repúblicas dolorosas de América”, “la virgen madre América”, “mi gran madre América”, “mi inmensa madre América”, “la gran madre América”, etc. (N. del E. del sitio web).

[2] “Los gigantes que llevan siete leguas en las botas”: Alusión a un personaje fabuloso de cuentos para niños (como Pulgarcito, de Charles Perrault), utilizado aquí para simbolizar la desproporción y el peligro de los países más poderosos (cuyo desarrollo es “siete veces” más rápido) en sus relaciones con los más pequeños y débiles. Ya en “Meñique” en La Edad de Oro (julio de 1889), Martí había ilustrado para los niños de nuestra América, mediante el cuento de Laboulaye, la tesis de que “el saber vale más que la fuerza”. (La Edad de Oro. Edición facsimilar, ensayo y notas de Maia Barreda Sánchez, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2013, pp. 7-16). En su última carta a Manuel A. Mercado (Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895) consagrará políticamente, a partir del relato bíblico (1 Samuel 17), la imagen del pastorcillo David como vencedor del gigante Goliat. (TEC, pp. 73-76).

[3] “La pelea de los cometas en el cielo”: En su artículo El hombre antiguo de América y sus artes primitivas” (La América, Nueva York, abril de 1884) Martí se refirió a una creencia indígena, la de “los cometas orgullosos, que paseaban por entre el sol dormido y la montaña inmóvil el espíritu de las estrellas”. [OCEC, t. 19, p. 138. Según Arístides Rojas, gran amigo venezolano de Martí: “Los macusíes, en la (…) región de Orinoco, llaman al cometa copeeseima que quiere decir nube orgullosa; y también wocinopsa, que equivale a un sol castigando las luces que lo siguen”, mientras “el sol dormido”, entre otros idiomas americanos, según Humboldt, es la luna (“sol de noche”, “sol que duerme”), y “la montaña inmóvil” para los quechuas era Sirio, al que consideraban centro del Universo. (Cintio Vitier: “Una fuente venezolana de José Martí” (1973), Temas martianos. Segunda serie (1982), La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2011, pp. 81-108). Toda la metáfora de los cometas que en su pelea “van por el aire dormidos” (es decir, irresponsables) “engullendo mundos”, debe relacionarse con el siguiente pasaje de la crónica titulada “Congreso Internacional de Washington” (La Nación, Buenos Aires, 20 de diciembre de 1889): “¿A qué ir de aliados, en lo mejor de la juventud, en la batalla que los Estados Unidos se preparan a librar con el resto del mundo? ¿Por qué han pelear sobre las repúblicas de América sus batallas con Europa, y ensayar en pueblos libres su sistema de colonización?” (OC, t. 6, p. 57).

[4] “los varones de Juan de Castellanos”: Alude a las Elegías de varones ilustres de Indias (1589), escritas por Juan de Castellanos (1522-1607) en Nueva Granada, composición de 150 000 endecasílabos, cuyo influjo en algunos pasajes de nuestro Espejo de paciencia (1608), de Silvestre de Balboa Troya y Quesada, ha sido señalado por la crítica. [En el artículo “Nuestro Yara, publicado en Patria, Nueva York, 15 de septiembre de 1894, no. 129, pp. 2-3 (OC, t. 5, pp. 54-55), Martí transcribe esta estrofa: “No comían guisados con canela, / ni confites, ni dulces canelones: / su más cierto dormir era la vela, / las duras armas eran sus colchones”. (Nota modificada por el E. del sitio web)].

[5]  José de la Luz y Caballero, el 3 de mayo de 1845 afirmaba: “La palabra es más poderosa que el cañón”. [Aforismos (545), Obras, ensayo introductorio (“José de la Luz y Caballero. Las raíces de una cubanidad pensada”), compilación y notas de Alicia Conde Rodríguez, La Habana, Ediciones Imagen Contemporánea, 2001, 5 vol., vol. I, p. 251. (N. del E. del sitio web)].

[6]  Nótese la similitud temática con “Las ideas son las riendas de las piedras”. [JM: “Dos damas norteamericanas”, La América, Nueva York, junio de 1883, OCEC, t. 18, pp. 65-66. (N. del E. del sitio web)].

[7] “la bandera mística del juicio final”: Entre otros pasajes bíblicos, puede referirse al siguiente de Isaías (18,3): “Vosotros, todos los moradores del mundo y habitante de la tierra, cuando se levante bandera en los montes, mirad; y cuando se toque trompeta, escuchad”.

[8] “que les llamen el pueblo ladrón”: En OC, t. 6, p. 15: “que les llame el pueblo ladrones”, modificación que cambia el sentido.

[9] “como la plata en las raíces de los Andes”: Otro símil telúrico le sirvió a Martí para expresar una idea semejante en su carta a Federico Henríquez y Carvajal fechada en Montecristi, el 25 de marzo de 1895: “Hagamos por sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera, de fuego andino”. (TEC, p. 25).

[10] “A los sietemesinos solo les faltará el valor”. En La Opinión Nacional, Martí señalaba: “París, fatigado ya de llamar gomosos a sus elegantes ha inventado un nuevo nombre para designarlos: ahora los llama gratin. […] el elegante desocupado y pulido, que obedece con femenil mansedumbre todas las exigencias de la moda, y se estrecha el talle, se riza el cabello, se acarmina orejas y labios, y posee un título, abono en los teatros y caballeriza. […] Nuestros hermanos de España son los que han dado a estos lindos galanes su nombre verdadero: los llaman sietemesinos”. (“[Sietemesinos]”, “Sección constante”, La Opinión Nacional, Caracas, 15 de noviembre de 1881, OCEC, t. 12, p. 40). En El Economista Americano (Nueva York, octubre de 1888), volvía a referirse a este asunto: “Los muchachos de la calle silban por estos Estados Unidos a esa especie infeliz de la humanidad que llaman en España sietemesino, y en Francia gomoso, y dude en inglés, y en todas partes es causa justísima de risa […] Pero donde los llaman como deben es en Uruguay: les llaman fetos”. [“Los dudes”, OCEC, t. 30, p. 120. (N. del E. del sitio web)].

[11]  “vayan al Prado, de faroles”: Se refiere al Paseo del Prado, en Madrid. En cuanto a “ir de faroles” “farolear”, según el Diccionario de la lengua española, significa “fachendear” (“Hacer ostentación vanidosa o jactanciosa”) o “papelonear (“Ostentar vanamente autoridad o valimiento”). De acuerdo con el Diccionario general de americanismos de Francisco J. Santamaría (México, Edit. Pedro Robredo, 1942), en México se llama “farol” a un “sujeto de poca miga que presume de personaje y se da mucha importancia”. En el Léxico mayor de Cuba (La Habana, Lex, 1958), de Esteban Rodríguez Herrera, se registran “farol” como “embuste o mentira exagerada, con todas las características de un engaño”; “farolear”: “tirar o echar faroles o mentiras”, “fanfarronear”; y “farolero”: “persona amiga de tirar o echar faroles”.

[12] “vayan a Tortoni, de sorbetes”: Por el sentido contextual, no parece referirse a “sorbetes” como refrescos congelados en forma cónica, sino a su acepción mexicana: “sombrero de seda, de copa alta”, o “sombrero de pelo, chistera” (Diccionario general de americanismos, ed. cit.). Tortoni era un famoso restaurante parisién.

[13] “nuestra América, que ha de salvarse con sus indios”: En “Arte aborigen” (La América, Nueva York, enero de 1884), escribió Martí: “O se hace andar al indio, o su peso impedirá la marcha”. (OCEC, t. 19, p. 47). En “Autores americanos aborígenes” (La América, abril de 1884): “¿No se ve cómo del mismo golpe que paralizó al indio, se paralizó a América? Y hasta que no se haga andar al indio,—no comenzará a andar bien la América”. (OCEC, t. 19, p. 121). Y en “Libros nuevos” (El Economista Americano, Nueva York, agosto de 1887): “[…] los pueblos de indios, como casi todos los de América, con ellos han de andar, o andarán poco contra ellos”. (OCEC, t. 26, p. 148). (Nota modificada ligeramente por el E. del sitio web).

[14] “la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios”. Véanse las crónicas “Los indios en los Estados Unidos” y “El problema indio en los Estados Unidos”, publicadas en La Nación, Buenos Aires, el 4 de diciembre de 1885 y el 18 de febrero de 1886. (OCEC, t. 23, pp. 23-30 y 75-80, respectivamente). Consúltense, además, “Congreso de Americanistas”, La Opinión Nacional, Caracas, el 15 de octubre de 1881 (OCEC, t. 10, p. 83); “Los indios, los soldados y los agentes del gobierno en el territorio indio”, La Nación, Buenos Aires, 3 de octubre de 1885 (OCEC, t. 22, p. 218); y “Escenas de la vida del Oeste”, El Partido Liberal, Nueva York, 12 de agosto de 1886 (OCEC, t. 24, pp. 120-121). (Nota modificada por el E. del sitio web).

[15] “Washington”: Sobre George Washington (1732-1799), uno de los fundadores, libertador y primer presidente de los Estados Unidos, escribió Martí en varias ocasiones, señaladamente en su crónica “El centenario americano”, publicada en La Nación, de Buenos Aires, el 21 y 22 de junio de 1889. (OCEC, t. 32, pp. 131-144 y 145-155, respectivamente).

[16] ¡Estos ‘increíbles’ del honor (…!)”: Durante la Revolución Francesa, bajo el Directorio, se llamó “increíbles” (“incroyables”) a los jóvenes de la oposición realista caracterizados por su gran afectación en el vestir, los modales y el habla, de la que suprimían las erres. El apodo les vino de la afectación con que repetían: “c’est incroyable, ma paole d’bonneu”. A partir del origen anecdótico de la frase, es muy aguda la aplicación que de ella hace Martí.

[17] “nuestras repúblicas dolorosas de América”: En el discurso conocido por “Madre América”, ante los delegados a la Primera Conferencia Internacional Americana, el 19 de diciembre de 1889, había dicho: “Pero por grande que esta tierra sea, y por ungida que esté para los hombres libres la América en que nació Lincoln, para nosotros, en el secreto de nuestro pecho, sin que nadie ose tachárnoslo ni nos lo pueda tener a mal, es más grande, porque es la nuestra y porque ha sido más infeliz, la América en que nació Juárez”. (OC, t. 6, p. 134. La cursiva es de CV).

[18] “Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal”: En su carta a Ricardo Rodríguez Otero, fechada en Nueva York, el 10 de mayo de 1888, Martí dijo de la patria: “Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”. (OCEC, t. 29, p. 211). El 26 de noviembre de 1891, en el Liceo Cubano de Tampa, Martí vuelve a proclamar: “De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella”. (“Con todos, y para el bien de todos”, OC, t. 4, p. 269). (Nota modificada ligeramente por el E. del sitio web)].

[19] “irredimible”: En El Partido Liberal y en OC, t. 6, p. 16: “irremediable”.

[20] “gamonal”: Según el Diccionario, “cacique”, y en su segunda acepción: “Persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos o administrativos”.

[En unas curiosas anotaciones semánticas que aparecen en un pequeño cuaderno de apuntes, Martí escribe: “Gamonal.—Colombia. // Cacique, agente principal de elecciones en los pueblos”. (OC, t. 8, p. 123). En varias ocasiones usó este término en sus Escenas norteamericanas y en la novela Amistad funesta, en concordancia con las acepciones antes expuestas. (N. del E. del sitio web]).

[21] “Hamilton”: Alexander Hamilton (1757-1804), nacido en la isla antillana de Nevis, estadista norteamericano, uno de los principales colaboradores de Washington. En su crónica sobre “Las fiestas de la Constitución en Philadelphia”, aparecida en El Partido Liberal, de México, el 13 de noviembre de 1887, Martí hace de él un retrato mínimo: “Allí el impetuoso Hamilton en quien la elegancia contenía el valor y la gracia el genio, sagaz, incansable, de talentos múltiples; cauto en obrar y hablar; hijo de escocés y francesa; precoz, como nacido en zona cálida; fundador de la hacienda; hombre de arriba, de brillo y de pompa; acusado de desear la monarquía; no limpio de culpa; muerto luego de un balazo”. (OCEC, t. 26, pp. 208-209).

[22] “Sieyès”: Emmanuel-Joseph Sieyès (1748-1836), abate y político francés, famoso como teórico de la Revolución Francesa, fundador del club de los Jacobinos, miembro de la Constituyente, de la Convención, del Consejo de los Quinientos, director y cónsul. En vísperas de la Revolución publicó un célebre escrito sobre El Tercer Estado.

[23] “no se desestanca la sangre cuajada de la raza india”: En el discurso pronunciado en el Club del Comercio de Caracas, el 21 de marzo de 1881, Martí había dicho: “hay que devolver al concierto humano interrumpido la voz americana, que se heló en hora triste en la garganta de Netzahualcóyotl y Chilam; hay que deshelar, con el calor de amor, montañas de hombres”. ([“Fragmentos del discurso pronunciado en el Club del Comercio. Primera y segunda versiones”], OCEC, t. 8, pp. 26 y 41-42).

[24] En su “Discurso de Angostura” (15 de febrero de 1819), síntesis de su ideario, Bolívar había dicho: ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de Inglaterra? Pues aún es más difícil adaptar en Venezuela las leyes del Norte de América. ¿No dice el Espíritu de las Leyes que estas deben ser propias para el pueblo que se hacen: que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra; que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos; referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!”. (Doctrina del Libertador, Biblioteca Ayacucho 1, 1976, p. 108; Cuadernos de Cultura Latinoamericana, no. 30, México, UNAM, 1978, p. 13).

Por otra parte, Julio Antonio Mella comentó la sentencia final de este párrafo: “El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”, con las siguientes palabras: “Puede ser. Pero donde no hay equilibrio, donde no hay ‘elementos naturales’ —no lo es nunca el rico capitalista aburguesado y opresor, o su amo, el imperialismo— donde no hay gobierno, donde no hay nada, es necesario eliminar los elementos no ‘naturales’”. (Véase “Glosas al pensamiento de José Martí”, Siete enfoques marxistas sobre José Martí, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editora Política, 1985, p. 9).

[25] JM: “El poeta Walt Whitman”, El Partido Liberal, México, 17 de mayo de 1887, OCEC, t. 25, p. 278; “Gran exposición de ganado”, La Nación, Buenos Aires, 2 de julio de 1887, OCEC, t. 25, p. 339; “Antonio Bachiller y Morales”, El Avisador Hispanoamericano, Nueva York, 24 de enero de 1889, OCEC, t. 31, p. 85; “En los Estados Unidos. El gabinete de Harrison. Bocetos ministeriales”, La Nación, Buenos Aires, 17 de abril de 1889, OCEC, t. 31, p. 163; “En los Estados Unidos. El 4 de julio”, La Nación, Buenos Aires, 16 de agosto de 1889, OC, t. 12, p. 263; “En los Estados Unidos. Clubs y libros”, La Nación, Buenos Aires, 12 de marzo de 1890, OC, t. 13, p. 459; “Carta al general Máximo Gómez”, Nueva York, 3 de noviembre de 1894, EJM, t. IV, p. 317; “Las escuelas de San Carlos”, “En casa”, Patria, Nueva York, 10 de noviembre de 1894, no. 136, p. 3 (OC, t. 5, p. 150); y “El colegio de Estrada Palma”, “En casa”, Patria, Nueva York, 8 de septiembre de 1894, no. 128, p. 3 (OC, t. 5, p. 435).

Véase, además, Fina García Marruz: “El hombre natural martiano”, El amor como energía revolucionaria en José Martí (1973-1974), Albur, órgano de los estudiantes del Instituto Superior de Arte, núm. especial, La Habana, mayo de 1992, pp. 87-99; y María Fernanda Pampín: “Los diarios de Martí y el hombre natural”, Temas. Cultura. Ideología. Sociedad, La Habana, no. 57, enero-marzo de 2009. (N. del E. del sitio web).

[26] “No hay batalla entre la civilización y la barbarie”: Refutación, aquí explícita, pero implícita en todo el texto, de la tesis mantenida por Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) en su obra más famosa: Facundo o Civilización contra Barbarie (1845), historia del caudillo riojano y alegato contra el tirano Rosas. No obstante, su discrepancia, en su crónica “Un libro del Norte sobre instituciones españolas en los Estados que fueron de México”, publicada también por El Partido Liberal, el 25 de noviembre de 1891, y abundando en criterios expuestos en Nuestra América, escribió Martí: “Saberse de memoria a Taine no vale tanto, para gobernar el territorio de Tepic, como conocer hombre a hombre y costumbre a costumbre el territorio. Ni con galos ni con celtas tenemos que hacer en nuestra América, sino con criollos y con indios. Lo que Sarmiento, el primero, hizo en la Argentina con su libro fundador, su famoso ‘Civilización y Barbarie’, lo hacía Justo Sierra hace un año en México. Es necesario conocernos para gobernarnos” (OC, t. 7, p. 59).  Por su parte Sarmiento —no sin disentir, como era previsible, de la actitud cada vez más crítica de Martí ante el “modelo norteamericano”—, pidiéndole a Paul Groussac la traducción de la crónica martiana sobre la inauguración de la Estatua de la Libertad en Nueva York, había escrito en La Nación, de Buenos Aires, el 4 de enero de 1887: “En español nada hay que se parezca a la salida de bramidos de Martí, y después de Víctor Hugo nada presenta la Francia de esta resonancia de metal”, y añadió: “Deseo que le llegue a Martí este homenaje de mi admiración por su talento descriptivo y su estilo de Goya”. [D. F. Sarmiento: “La libertad iluminando al mundo” (La Nación, Buenos Aires, 4 de enero de 1887), Obras, Buenos Aires, Imprenta y Litografía Mariano Moreno, 1900, t. XLVI, pp. 173-176]. Llegó el homenaje a Martí, quien el 7 de abril de 1887 escribió a Fermín Valdés-Domínguez: “Olvidaba decirte que te mando lo que un hombre famoso de la América del Sur, Sarmiento, el verdadero fundador de la República Argentina, y hombre de reputación europea, sobre ser innovador pujante, acaba de escribir de mí. No me conoce, y aun sospechaba por mis opiniones sobre los Estados Unidos, no tan favorables como las suyas, que no era muy mi amigo. Y ve las cosas que se ha puesto a escribir”. (OCEC, t. 25, p. 372). No obstante, el mutuo respeto y admiración que se profesaron, las concepciones que tuvieron Sarmiento y Martí acerca de la “civilización”, la “barbarie”, las razas indígenas y el papel de los Estados Unidos en el desarrollo futuro de “nuestra América”, resultan inconciliables.

[27] En La Nación, de Buenos Aires, el 24 de julio de 1885, Martí escribe: “Nuestro problema es nuestro, y no podemos conformar sus soluciones a las de los problemas de nadie. Somos pueblo original: un pueblo, desde los yaquis hasta los patagones. // […] Somos el producto de todas las civilizaciones humanas, puesto a vivir, con malestar y náuseas consiguientes, en una civilización rudimentaria, el choque es enorme; y nuestra tarea es equilibrar los elementos. La literatura debe afinarnos y entretenernos, no ser nuestra ocupación favorita y exclusiva: nuestra ocupación favorita ha de ser el estudio, ¡hondo y de prisa! de nuestras condiciones peculiares de vida”. [“Cartas de Martí. Decoration Day”, OCEC, t. 22, pp. 128-129. (N. del E. del sitio web)].

[28] “arcontes”: Magistrados a los que se confirió el gobierno de Atenas y otras ciudades en la antigua Grecia.

[29] “pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”: Jean Lamore observa: “Es interesante notar el punto de vista similar de José Carlos Mariátegui, que escribía en “Aniversario y balance” (Ideología y política, Lima, 1969): “No deseamos ciertamente que el socialismo en América sea una copia o un calco. Debe ser una creación heroica. Debemos dar vida, con nuestra propia realidad, con nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano”. (Véase José Martí: La guerre de Cuba entre le destin de l’Amerique Latine, Aubier Montaigne, París, 1973, nota 18, trad. por CV, p. 273).

[30] “que en nuestras dolorosas repúblicas americanas”: Nótese, en esta recapitulación, la musicalidad del tema que vuelve como un ritornello.