Justo Sierra Méndez (1848-1912)

Escritor y educador mexicano, hermano de Santiago Sierra Méndez.  Nació en Campeche y murió en Madrid. Hijo del abogado de igual nombre, que inició en Yucatán el periodismo literario y la novela histórica romántica. Realizó una múltiple labor como cuentista, poeta, periodista, sociólogo, historiador, orador, pedagogo y crítico. Formó a dos generaciones, que lo llamaron Maestro.

     Se inició en la literatura en 1868, estimulado por Ignacio M. Altamirano, quien en su revista El Renacimiento publicó “El ángel del porvenir” y otros relatos suyos que posteriormente recogió en Cuentos románticos (1896). Penetrado por el liberalismo reformista, se inició en el periodismo al lado de Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, Francisco Pimentel, en El Monitor Republicano (1868). Colaboró también en El Domingo, El Siglo xix, La Tribuna, La Libertad, El Federalista y El Mundo Ilustrado. Sus crónicas de viaje, publicadas en periódicos y revistas, las recogió en los libros, En tierra yanki y En la Europa latina. Ensayó el teatro con la tragedia Piedad. Poeta romántico en sus inicios, seguidor de Víctor Hugo y Gaspar Núñez de Arce, compañero de Manuel Acuña, fue derivando hacia un parnasianismo de corte más clásico, influido por Leconte de Lisle y José María Heredia —primo del poeta cubano del mismo nombre—, de quien tradujo algunos de los sonetos de Los trofeos. Eco de esta época es “Funeral bucólico”.

     Fue compañero de Manuel Gutiérrez Nájera en la Revista Azul, donde escribió poemas de filiación modernista que influyeron en los poetas más jóvenes. Escribió también en la Revista Moderna. Fue diputado al Congreso y magistrado de la Suprema Corte de Justicia. En su madurez se dedicó preferentemente a la historia y a la educación. Entre sus obras más significativas se cuentan Evolución política del pueblo mexicano y Juárez, su obra y su tiempo. Su labor de pedagogo la realizó como profesor de historia de la Escuela Nacional Preparatoria, y después como ministro de Instrucción Pública del presidente Porfirio Díaz, de 1905 a 1911. Organizó la enseñanza desde los primeros hasta los últimos niveles; amplió la labor de Gabino Barreda y la pedagogía positivista al dar también valor a la intuición en el conocimiento. Su obra pedagógica culminó en la fundación de la Universidad Nacional Autónoma de México (1910), en cuya inauguración pronunció un discurso del cual se ha dicho que revela la evolución de su oratoria hacia formas más sobrias y ceñidas.

     Al triunfo de la Revolución, el presidente Francisco Madero lo nombró ministro plenipotenciario de México en España (1912). Murió ese mismo año en Madrid. Fue enterrado en México y sus cenizas reposan en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Su Historia general ha servido de texto en las escuelas de su país, cuya Universidad recabó para él en el año de su centenario, el título de Maestro de América. Dedicó un sentido soneto a la muerte de José Martí, a quien trató en sus dos estancias en México. Sus Obras completas en quince volúmenes fueron publicadas en 1948, por la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo la dirección de Agustín Yáñez.

     Véase el estudio de María Eugenia Mudrovcic: “Imaginación finisecular: el rol de Justo Sierra en el México porfirista”, El sol en la nieve: Julián del Casal (1863-1893), Luisa Campuzano (coord.), La Habana, Editorial Casa de las Américas, 1999, pp. 257-263.

(Tomado de OCEC, t. 2, pp. 313-314).