Nicanor Bolet Peraza[2] es de la patria de aquel Páez épico que esperó en vano la orden de atravesar la mar, y con sus llaneros indomables arrojar de Cuba la tiranía; Bolet Peraza es de aquella Venezuela que se encendió de entusiasmo cuando los cubanos acudieron a pedirle socorro para la libertad, que le dio jefes valerosos y soldados leales. ¿Por qué entonces ha de extrañarse que su elegante revista sea una voz de simpatía para la tierra que enclavada en el centro del continente es como su corazón que late y siente por todos los de su sangre, y que le servirá mañana de centinela y salvaguarda?
El último número de Las Tres Américas es prueba de esa fraternidad continental que ha de tener su vínculo más seguro y decidido en la futura República de Cuba. Brillan en sus páginas la colaboración del distinguido escritor, amado de todos los hispanoamericanos, Ricardo Palma,[3] y los más cariñosos recuerdos de su reciente viaje son para Cuba, la cuna de Joaquín Palma, “el caballeroso poeta que ha resuelto vivir y morir lejos de su patria, mientras esta no sea una nacionalidad en la comunión de los pueblos americanos”, de Pedro Santacilia y Rafael María Merchán, “también voluntariamente proscritos, el primero en México, el otro en Bogotá”. Así habla Palma en sus impresiones literarias; así afirma de nuevo la gallarda ayuda, la noble simpatía de los compatriotas de los Prados,[4] de aquel Perú que no nos dejó solos en la hora de nuestra agonía; que nos dio dinero, cápsulas y afecto; que nos proclamó ciudadanos y hermanos, que saludó nuestra bandera:
A poco de dar Céspedes, en Yara, el grito de independencia, gobierno y pueblo peruanos dieron palmaria prueba de sus simpatías por tan noble causa, con el hecho de reconocer el primero la beligerancia de los cubanos, y el segundo en enviar a los patriotas de la Gran Antilla nada mezquino óbolo de dinero. El injustificable fusilamiento del poeta Juan Clemente Zenea arrancó indignado lamento a la juventud de mi país, y cúpome en suerte escribir, por entonces, un artículo, que alguien supo popularizar. ¿Qué mucho, pues que los literatos autonomistas, a mi paso por la Habana, me tratasen con e1 afecto que se dispensa a los que, por la idea y el sentimiento, están ligados a la misma comunión? De la autonomía a la independencia no hay gran trecho de camino. Por algo se empieza. C’est le premier pas qui cont”.
¿Y qué podría expresar con más sobriedad y energía la condenación de la tendencia suicida y materialista de la anexión que este párrafo candente?
Hay en Cuba un partido, pequeño es cierto; pero que hace activo trabajo de zapa:—el anexionista. Antes de convenir los cubanos en que la estrella solitaria se confunda con la constelación de estrellas, deben preferir su manera de ser actual. Yugo por yugo, yo, cubano, al de España me atendría, que tal resignación no implica desesperar del mañana. El anexionismo mata hasta la esperanza. Pueblo que aspira a la libertad, a tener vida propia y dejarse de vivir mendigando derechos, se hace simpático para los que disfrutamos de aquellos bienes; pero la simpatía se convertiría en desdén si ese pueblo se lanzara a la lucha solo por cambiar de dueño.
Los cubanos que mendigan ya son muy pocos, los cubanos que cambiarían de dueños son más escasos aún; los cubanos aspiramos a la libertad, a la vida propia, los cubanos no tardaremos, desinteresada y sublime alma cubana, a volverte a pedir!
El hijo de Cuba puede pedir. Cuando se pide para la dignificación humana no es deshonra. Es justo y agradable dar cuando el que pide se ha desprendido él mismo de cuanto pudiera por enriquecer o mejorar a sus semejantes. El cubano agradecido ha intentado pagar con su laboriosidad y virtud la deuda de hospitalidad que contrajo durante diez años de cruento destierro.
En las mismas Tres Américas, con un fino grabado que revela la magna obra, se cuenta del muelle de acero de 4,000 pies que engrandece hoy a Barranquilla, y que se debe al jefe expedicionario dichoso, el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros. ¡Triste suerte la de un pueblo como el cubano que ve alejarse sus hijos fuera del suelo natal, y llevar a feliz término empresas colosales. Así habla el periódico de esta, debida a un cubano que peleó por su patria, y que es buena muestra de la rara capacidad del antillano de reunir y combinar la exuberancia de la fantasía con la exactitud y habilidad práctica:
Esta construcción es una de las mis atrevidas que en la América del Sur se hayan realizado, y no es poca gloria para nuestra raza, el que sea un hispanoamericano quien presente resuelto en la práctica un problema de ingeniatura que había preocupado a entendimientos muy ilustrados en ciencia.
Como sucede casi siempre con las obras que exceden por su magnitud a la ordinaria concepción de las gentes, este muelle tuvo profetas pesimistas, que auguraban su ruina para cuando llegase la estación de los grandes vientos. Y sucedió que vinieron los grandes vientos y borrascas, y este inmenso cien pies de acero, con sus millares de garras enclavadas en el fondo del océano, se mantuvo inmóvil. Una vez más el hombre ha dominado la naturaleza en América.
Gloria a Cisneros.
Y el espíritu todo de Las Tres Américas se revela en la sinceridad con que alaba el libro humilde que hace “justicia a los bravos cubanos que murieron por la causa de la Patria”: y ese es el espíritu de nuestra América.
Patria, Nueva York, 4 de febrero de 1895, no. 147, pp. 1-2. (No aparece en la edición de las Obras completas).
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Existen dos artículos más con ese título. Fueron publicados en El Partido Liberal, de México, el [27 de septiembre de 1889] (OC, t. 7, pp. 349-353); y en La Revista Ilustrada de Nueva York, el 1ro de enero de 1891 (Nuestra América. Edición crítica, prólogo y notas de Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2006, pp. 35-69). La primera ocasión en que José Martí utiliza la expresión “nuestra América” es en el artículo “Hasta el cielo. Por José Peón Contreras” (Revista Universal, México, 15 de enero de 1876, OCEC, t. 3, p. 158). El apelativo “nuestra América” se localiza en más de cien textos martianos y “América nuestra” en la carta a Pío Víquez, [San José de Costa Rica, 8 de julio de 1893], EJM, t. III, p. 370. Martí utilizó también en centenares de ocasiones, con propósitos similares, otras expresiones más o menos equivalentes: “nuestras tierras de América”, “nuestros países de América”, “nuestras tierras americanas”, “nuestras tierras nuevas”, “nuestros pueblos americanos”, “nuestros países americanos”, “nuestros pueblos suramericanos”, “nuestros países hispanoamericanos”, “nuestros pueblos queridos de América”, “tierras de mi Madre América”, “nuestra Madre América”, “nuestras repúblicas dolorosas de América”, “la virgen madre América”, “mi gran madre América”, “mi inmensa madre América”, “la gran madre América”, etc.
[2] Nicanor Bolet Peraza (1838-1906).
[3] Manuel Ricardo Palma Carrillo; más conocido como Ricardo Palma (1833-1919).
[4] Se refiere a los hermanos peruanos Leoncio Prado Gutiérrez (1853-1883), Justo Prado Gutiérrez y José Santos Grocio Prado Linares (1857-1880), quienes combatieron contra el colonialismo español en las filas del Ejército Libertador Cubano.

