A JOSÉ DOLORES POYO

[Newport][1] 18 de agosto de 1892

Mi amigo muy querido:

Bienvenida sea esta carta de la queja,[2] porque por ella le puedo decir a Vd. lo que no había querido decirle por no parecerle lisonjero o pegajoso. Toda la ternura y verdad de su alma he adivinado en sus relaciones generosísimas conmigo; sentía que era como de padre y hermano a la vez el cariño orgulloso con que me velaba: pagaba yo dulce y silenciosamente, confiado en que Vd. me lo adivinaba también, el delicado afecto de un corazón amoroso que pone en el cariño a que se decide, toda la belleza que niega con razón el interés o la vanidad que afean a los hombres. Y fue mi orgullo en todo mi viaje, sin decírselo siquiera en un apretón de manos, ver cómo me crecía alrededor el cariño de Vd. A otros recordaré por esta o aquella virtud; a Vd. no lo recuerdo solo por lo centinela de su prudencia, por la hermosura y el peso de su palabra, por la realidad y valentía de sus convicciones, por la magnífica rebeldía de su alma criolla, que de la menor sombra se encabrita, y echa abajo al jinete, y sacude soberbias las crines, sino por la capacidad de amar, única que hace al hombre grande y feliz, por su patriotismo y callado regocijo en ver de cerca a un hijo de su tierra que no nació para la mentira ni la vanidad, sino para ponerse de yerba de los que padecen;[3] por el tesoro de ternura que veía manar a mis ojos de un corazón fiero[4] y ofendido que solo se rinde a la virtud. Y yo, como un muchacho, de la contentura de que me creyese digno de tanto afecto. No mande en mí como un cubano a otro, con el derecho de los que aman lo mismo, y temen lo mismo; no mire en mí siquiera el hombre útil en el instante pasajero, a la patria que se ha de servir, con el poder de cada cual, de los que por cualquier razón la sirven; míreme, aparte de la patria, como un amigo que le leyó la verdad de las entrañas, que conoció la pureza y dolor de su gloriosa vida, la finísima semilla de la fuerza áspera, y que guardará de Vd. siempre la poesía y consuelo de un afecto de hermano. Y ahora, mándeme mi pañuelo, o regáñeme, como sabía yo sonriéndome que me había de regañar, por haberle devuelto del tesoro público lo que adelantó Vd. para el tesoro público y no veía manera de retener por acá: ¡fueran fáciles, y cortos, los viajes: para ir una mañanita a pedirle el almuerzo de su casa!

Y ya sabe, por el derecho que me da su carta quejosa, quien es Vd. para mí, por hombre entero y delicado amigo, y con qué fuerza y gratitud lo quiere

su

                                                                                                     José Martí

[OC, t. 2, pp. 127-128].

Tomado de José Martí: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Plá, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. III, pp. 188-189.


Notas:[5]

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Véase Guillermo de Zéndegui: “Newport”, Ámbito de Martí, La Habana, P. Fernández y Cía., 1954, pp. 139-141.

[2] No se conserva la carta de Dolores Poyo a la que hace referencia Martí.

[3] “Yo soy la yerba de mi tierra, a que me muerda y me pise”. (JM: “Carta a Gonzalo de Quesada y Aróstegui”, [Cabo Haitiano], 6 de febrero de 1895, EJM, t. V, p. 62). En igual sentido, se refirió a sí mismo, por el desinterés absoluto en el ejercicio del deber, a que él sería alfombra para que lo pisaran. También escribió:

“En mí, no pienso: tendré que poner de lado enteramente mi persona, para lograr tal vez, con la supresión de ella, alguna forma menos odiosa e imprudente, ya la doy por muerta. En todo lo de mi persona cederé […]”. (JM: “Carta a Tomás Estrada Palma”, Montecristi, 16 de marzo [de 1895], EJM, t. V, p. 105).

“Yo soy un comino. Haré lo que mi patria me mande” (JM: “Carta a Gonzalo de Quesada y Benjamín J. Guerra”, [Montecristi, 25 de marzo de 1895], EJM, t. V, p. 124).

[4] Como ha señalado la poetisa y ensayista Fina García Marruz es usual en Martí, tanto en prosa como en verso, el uso del adjetivo “fiero”, “en el sentido de vehemente, no de feroz”. Véase “Venezuela en Martí” (1981), Temas martianos. Tercera serie, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2011, p. 102.

[5] Todas las notas corresponden al editor del sitio web.