Gracián y Martí
“Miremos sus retratos. Si el mejor de Martí tenía que ser el que nos lo muestra de pie, pues de pie decía él que vivía, como si viniera de su profundidad ya unido y resuelto para el oscuro y fiero premio, el único de Gracián que se conoce —el del colegio de los jesuitas de Calatayud— nos lo debía mostrar sentado, un poco ladeada la cabeza de médico o confesor, nariz de sensitivo, el oído presto a coger en el aire una sutil noticia que los demás no advierten, todo él más dispuesto a trocar lo que oye en consejo que lo que mira en acto”.

