Gustavo Baz Arrazola (1852-1904)
Escritor mexicano. Colaboró en los principales periódicos políticos y literarios de México, desde 1870. En el debate que tuvo lugar en el Liceo Hidalgo el 5 de abril de 1875, defendió la filosofía positivista.[1] Fue diputado en 1876 y en 1886. En 1880 fue agregado de la Legación mexicana en Francia y posteriormente primer secretario y encargado de Negocios en dicha Legación. Dejó Vida de Benito Juárez (1874), un tomo de Poesías (1874), Notas estéticas. Fragmentos de un diario de viaje a Italia (1888) y algunas obras de teatro. Entre estas últimas se encuentran Fernanda, estrenada en 1874, Celos de mujer y Conspiración de México, estrenada por la compañía de Guasp en 1876.
José Martí elogió su oratoria,[2] su labor de boletinista[3] y en una carta a Mercado, fechada en [Nueva York], el 14 de septiembre de 1888, se refirió con encomio a un libro suyo sobre México.[4]
[Tomado de OCEC, t. 2, pp. 307-308. (Nota modificada ligeramente por el E. del sitio web)].
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Véase “Debate en el Liceo Hidalgo” (reseña periodística), Revista Universal, México, 8 de abril de 1875, OCEC, t. 3, pp. 237-242.
[2] JM: “Boletín. El Liceo Hidalgo” y “Boletín. Monumento a Hidalgo”, Revista Universal, México, 11 y 13 de mayo de 1875, OCEC, t. 2, pp. 37 y 42.
[3] “Luce el Eco boletines nuevos, y ya ha comenzado a decir en ellos estimables cosas Gustavo Baz. Tiene el joven escritor talento propio, costumbre de estudiar, y trato útil con los ilustres manejadores de nuestra habla. Hace gallarda profesión de boletinista; y tiene oportunas frases a propósito de la naturaleza de los boletines. […]
Es Gustavo Baz buena promesa para los días futuros de la patria: claro en el estilo, juicioso en el pensar, franco en la forma, en buena voluntad tan abundante como en años aún escaso: es ley que se feliciten sus lectores porque al sensato criterio de Agoytia haya sucedido la pluma fácil y gallarda del boletinista nuevo”. (JM: “Boletín. Los indios”, Revista Universal, México, 14 de septiembre de 1875, OCEC, t. 2, pp. 181-182).
[4] “El libro de Gustavo se lee sin levantar los ojos; pero México es todavía mucho más bello. Por todo el libro corre como una vena de tristeza, que ha de ser también característica del hombre, y ya me pareció notársela en medio de los esfuerzos y astucias de su juventud. La persona del autor, cuando se enseña demasiado, daña al libro; pero allí está la persona con medida, y como debe estar, puesto que es a la vez una obra de descripciones e impresiones. Solo que yo no concibo libro sobre México que no deje delante de los ojos al cerrarse una montaña azul, y un ramo de flores. Si yo escribiese sobre México, no me parecería que escribía, sino que hacía un ramo. Yo he visto muchas tierras, y más de una americana, ¿pero dónde el color y la grandeza natural que en ella? El hombre rebelde, el indio pintoresco, la atmósfera serena, la naturaleza maravillosa. Yo podría hacer sobre México una epopeya nueva, aunque dicen que ya no se puede hacer, si me fuera dado por unos cuantos años emanciparme de la fatiga del mundo. Estrofas como peñascos luminosos. El hombre, a pesar de las perversiones y apetitos comunes a la especie, completa en México la naturaleza. Y eso es lo que tiene de mejor el libro de Gustavo: que el hombre mexicano aparece bien en él, no arcaico y canijo, sino impetuoso y libre”. (José Martí: Correspondencia a Manuel Mercado, compilación y notas de Marisela Pino y Pedro Pablo Rodríguez, introducción de Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2003, p. 286).

