UNA CARTA DE JUANA BORRERO SOBRE MARTÍ
“¿Se conocieron realmente Juana y Martí?”, nos preguntábamos en el prólogo a sus Poesías.[1] La única alusión a este encuentro la había hecho Dulce María Borrero[2] en el ensayo que escribió sobre su hermana, “Evocación de Juana Borrero”,[3] del que tomamos los datos que expusimos en dicho prólogo y que ahora pedimos excusas por reproducir, para ahorrarnos repeticiones:
“En la primavera del 92 recibe Borrero carta de Benjamín Guerra, Gonzalo de Quesada y Manuel Barranco de la Junta Revolucionaria de Nueva York, que le hacen decidir un viaje repentino al Norte. Menudean las visitas a la casona del río: Varona, Sanguily, Villanova, Don Gabriel del Castillo. La velada familiar se extiende hasta altas horas de la noche. Los preparativos van tocando a su fin. La madre[4] revisa los armarios, vigila la salud de Juana que se ha decidido acompañe a su padre. Las clases de pintura de la niña disimularían el objetivo real del viaje. El día de la partida ‘el padre va enfundado en su levita inglesa, negra y pulcra —como un ataúd en el paño forrado de su forro—, la niña va de mariposa de raso en la trenza flotante, sombrero alón y falda marinera a la rodilla’. Martí ha preparado una velada de recibimiento para presentarlos a la colonia cubana de Nueva York. Juana recita las estrofas de su composición patriótica ‘¡Esperad!’.[5] Borrero regala a Martí algunas de las obras pictóricas de Juana. Mercedes Borrero[6] nos ha contado incluso que Martí había hecho una acuarela basada en uno de sus dibujos de paisaje, por cierto, el mismo a que se refiere Casal en su estampa de Bustos y Rimas.[7]
“De esta velada ofrecida por Martí, que tantos recuerdos imborrables dejaría en la niña, no quedó al parecer constancia escrita alguna. Revisando los años 92-93 de Patria, la sección En casa, de Martí, no hallamos referencia alguna a esta velada del Chickering Hall. Algunos martianos han llegado a dudar de que se hubiera producido. Por otra parte, el poema ‘Himno de vida’[8] aparece en Grupo de familia[9] como hecho en Nueva York en 1891. En este caso el viaje habría que situarlo un año antes.[10] Recordemos que el 92 es año clave en la vida de Martí, que va varias veces de Nueva York a Cayo Hueso, a Tampa, a Filadelfia, proclama el Partido Revolucionario Cubano, funda Patria se entrevista con Gómez en Santo Domingo,[11] pero también que él hallaba tiempo para todo en medio del vértigo de sus actividades. Tenemos no solo el testimonio de las Borrero sino la certeza de esa entrevista de su padre con Quesada y Guerra que hace de todo punto imposible que no se produjera este encuentro con Martí. Cuesta trabajo creer que Martí, que estaba al tanto de las idas y venidas del miembro más humilde de la familia cubana de Nueva York, que no dejó de registrar el menor acontecimiento que en ella se produjo: la enfermedad de un niño, una conferencia, una boda, fuera a pasar por alto la llegada de un hombre como Borrero que era un contacto con los elementos revolucionarios de Puerto Príncipe,[12] y que tenía que serle simpático por su dedicación a Cuba, su condición de ex-combatiente del 68, de escritor y poeta, pero sobre todo por poseer lo que acaso más admiraba y valoraba Martí sobre todas las cosas: un ‘carácter’[13] cien veces probado. Si a esto añadimos la circunstancia de que iba acompañado de su hija Juana, poetisa y pintora precoz y ardiente amiga de la causa cubana, siendo cualquiera de esos tres títulos por sí solos suficientes para interesar a Martí, crece la imposibilidad de que no preparase esa velada a la niña e incluso le dedicara uno de sus famosos discursos. Es posible que Martí no quisiera dejar constancia en su periódico de ese único viaje de Borrero que a todas luces tenía el fin de establecer contacto con el Partido Revolucionario de Nueva York. De todos modos, no podemos explicarnos las escasas referencias de Martí a Borrero en su Epistolario. Solo se refiere a él largamente en carta a Manuel Barranco, fechada en 1894, en que sugiere comisionar de nuevo ‘a ese noble Borrero’ para ‘mover a la gente llana del Príncipe, que en el campo es toda nuestra, y en la ciudad no ha sido tal vez tan llamada como es justo y conveniente que lo sea’. ‘Alísteme —le dice— a ese hermano en la verdad’”.[14] —Y añadíamos: “Es lástima que las circunstancias en parte sigilosas del viaje —pues Borrero debía regresar a Cuba y no podía ser destacada su participación en las veladas patrióticas de la emigración— impidan hoy conocer las palabras que Martí pronunció entonces”.
No creímos posible que Martí alcanzase a ver las Rimas[15] de Juana o el pequeño libro que reunía composiciones de la familia Borrero, Grupo de familia, aparecidos los dos en 1895, habiendo él partido de Nueva York en enero. Sin embargo, hay una nota suya sin fecha en que dice que tenía sobre su mesa “el tomito de los Borrero” y “no se le quería ir de ahí”.[16] Es probable que el propio Borrero enseñase a Martí estos originales —como ya lo había hecho con Casal— y también que Martí, que conocía cuanto libro, periódico o revista se publicaba en Cuba, hubiese leído la semblanza de Juana hecha por Casal en La Habana Literaria[17] donde aparecían algunos de sus mejores sonetos. Conjeturamos qué juicios le habrían merecido a él, que alentaba la muestra más incipiente de talento poético cubano, aquellos sonetos (o como ella dice burlonamente “sonetas”) elogiados por Varona y por Casal.
De todas estas conjeturas nos hubiera librado el oportuno conocimiento de una perdida carta de Juana Borrero que nos fue dada a conocer recientemente por su hermana Mercedes, ya publicados el citado tomo de sus Poesías y el Epistolario,[18] carta en que Juana le cuenta a su madre todos los pormenores de la velada que organizó la colonia cubana para recibirlos y se refiere a este encuentro con Martí en que efectivamente pronunció un discurso, dejando entrever, sin detenerse a precisarlos, los halagüeños juicios que hizo sobre ella. La carta confirma mi suposición de que el viaje se realizara en el 90 y no en el 92, pues ese es el año que aparece al pie de su firma, lo que a su vez explica la ausencia de referencias en Patria, que se fundaría, como el Partido mismo, dos años después. Escrita con letra y estilo todavía infantiles, aunque ya con pulso inequívocamente personal y preciso, Juana da cuenta a su madre, entre alguna confidencia cuya ingenua intimidad no quisiéramos violar reproduciendo el texto íntegro, de “una gran fiesta velada en el salón de recibo de esta casa en que vivimos”, adornada “con lujo y gusto”, que muy bien pudiera ser e1 Colegio[19] de Estrada Palma en Central Valley, donde sabemos que se daba cabida a patriotas cubanos de paso por los Estados Unidos.
Papá dio una conferencia, yo dije mis sonetas, [sic] Benjamín [Guerra] recitó una composición de papá, Isaac Carrillo y O. [O’Farrill] recitó sus dos preciosas composiciones —El último vals y la Bandera hecha girones— y Trujillo el director de el Porvenir[20] leyó un trabajo sobre los desterrados, o cosa así—. José Martí a lo último dijo algo sobre papá y sobre mí, y Castellanos[21] un pianista exquisito, ejecutó un trabajo muy difícil para piano. Este Castellanos es un joven muy distinguido y muy simpático. También recitó Mercedita Barranco una bonita composición, muy sentida como todo lo suyo.[22] Abrió la velada Barranco felicitando a los huéspedes por su llegada y continuó con algunas consideraciones sobre papá, y también sobre mí. Acabó [tachado] José Martí (un caballero muy simpático) cerró la velada con un discurso sobre Pujol, Papá y yo… y dijo tantas cosas de mí y tantos crímenes nuevos que yo no conocía, me echaba encima que yo no sabía donde meterme.
Es curiosa la mezcla de expresiones sin duda aprendidas del lenguaje de los mayores, de las crónicas o palabras con que se “presenta” a un concertista en una velada —“una composición muy sentida, como todo lo suyo” o “un pianista exquisito”—, y las expresiones, mucho más sencillas y cercanas a la espontaneidad de sus años, de la composición “bonita”, o del caballero de quien solo se sabe que es “simpático”, o que leyó un trabajo “sobre los desterrados, o cosa así”, como quien no ha seguido del todo el contenido de una presumiblemente larga exposición. Se ve que este “caballero muy simpático”, Martí, le impresionó acaso menos que Castellanos, al que encuentra además “distinguido”, o que el joven alemán que brindó su gabinete de medicina para albergar a algunos huéspedes “en caso de estrechez o falta de capacidad para tantas personas”. Y es muy natural que haya sido así. Incluso sus elogios, a los que llama como hubiera podido hacerlo un poeta decadentista que tuviese un poco de humor irónico, “crímenes nuevos”, se ve que resbalaron sobre su atención juguetona, provocándole, como es tan frecuente en los niños, más sensibles que nosotros al aspecto enorme o insólito de las cosas, cierta disimulona risa. El diecinueve prolongó la niñez hasta los albores mismos de la adolescencia (la descripción que hace Dulce María Borrero del traje que llevaba Juana es el de una niña) y ello unido al recogimiento de las costumbres, daba esta extraña mezcla de precocidad adolescente y rezago infantil. Juana, la autora de los sonetos impecables a “Apolo”[23] y a “Las hijas de Ran”,[24] la pintora precocísima,[25] cuenta ahora a su madre esas cosas que solo a ellas les interesan: que si desde que llegó no se le quita cierta pesadez sobre la frente, que si le han comprado unas ropillas íntimas bordadas, que si en el comedor no le sirven, como en casa, “el ave, el chocolate, la leche”.
Nosotras ocupamos el cuarto piso. Son dos habitaciones hermosas, y un cuartico [tachado] cuarto más chico donde hay una cama de alambre un lavabo y una peinadora de gabetas [sic] grandes, donde guardo yo mi ropa y mis pinturas. Pero yo no duermo allí, yo duermo con Margarita en una cama grande en el cuarto de Ana.
¡Con cuánta más proximidad habla de los objetos que de la ocasión excepcional de la velada y las palabras de Martí! Pero otra cosa hubiera sido impensable, tratándose de una atención que comenzaba a abrirse sobre el mundo, de esa edad en que todavía se prefiere “la cama grande” reservada a los mayores o la peinadora “de gavetas grandes” en que cabe tan bien todo.
…allí en un ángulo del cuarto, sobre una magnífica consola de mármol con patas doradas, fue colocada una inmensa palangana de porcelana de china llena de limonada helada, ¿qué te parece? a pesar de haberse repartido esquisitos [sic] helados. Te digo que me divertí muchísimo pero más me hubiera divertido si te hubiera [estado] dando un abrazo como el que te mando en este momento.
La “Virgen triste”[26] no tiene a menos decir que se ha divertido “muchísimo”; a la futura discípula de Casal, tan apegado a los exotismos orientalistas, todavía lo que más le llama la atención de “la inmensa palangana de porcelana china” es que está llena de limonada.
Linda, sencilla carta, que nos da la inesperada visión de un Martí todavía no deificado por la devoción adulta, un Martí visto a través de la pupila de una niña, que todavía no lo distingue mucho de los otros, pero a la que llega del hombre de La Edad de Oro la ligera y primaveral estampa de “un caballero muy simpático” que dice cosas tan hermosas y terribles de su papá y de ella que se quisiera salir corriendo, o si no se puede, oírlas y no oírlas, tapándose la boca con las manos, para que no noten los mayores la leve, sobresaltada risa.
Tomado del Anuario Martiano, La Habana, Consejo Nacional de Cultura, Sala Martí de la Biblioteca Nacional, 1972, no. 4, pp. 359-363.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Juana Borrero: Poesías, ensayo introductorio y compilación de Fina García Marruz, La Habana, Instituto de Lingüística y Literatura, 1966, pp. 24-25.
[2] Dulce María Borrero Pierra de Agüero (1883 –1945).
[3] Dulce María Borrero: “Evocación de Juana Borrero”, Revista cubana, La Habana, julio-diciembre de 1945, pp. 5-63. (Elizabeth Mirabal Llorens en “Juana Borrero en el país de las sombras”, dice abril de 1941).
[4] Consuelo Pierra de Agüero (1852-1906).
[5] Juana Borrero: Poesías, ob. cit., p. 68.
[6] Mercedes Borrero Pierra de Agüero (1892-1980).
[7] Julián del Casal: “Juana Borrero”, Bustos y Rimas, Habana, Imprenta La Moderna, 1893, pp. 75-91; Prosas, t. I, Edición del Centenario, Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1963, pp. 264-271. (JB: Poesías, ensayo introductorio y compilación de FGM, ob. cit., pp. 159-167; y Bustos y rimas. Prosa, compilación de Emilio de Armas, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1979, t. I).
[8] Juana Borrero: Poesías, ob. cit., p. 81.
[9] Grupo de familia. Poesías de los Borrero, prólogo de Aurelia Castillo de González, La Habana, Imprenta La Moderna, 1895.
[10] De acuerdo con Ibrahim Hidalgo Paz la velada celebrada en la casa de Manuel Barranco en homenaje a Esteban Borrero y a su hija tuvo lugar el 17 de julio de 1891. (José Martí. Cronología. 1853-1895, 4ta edic., aumentada y corregida, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2018, p. 115).
[11] Del 11 al 15 de septiembre de 1892, Martí visita al general Gómez en su país de origen; el 13, en carta oficial (EJM, t. III, pp. 207-210) le solicita, en nombre del Partido Revolucionario Cubano, que asuma el mando supremo de la guerra que se está organizando. (José Martí. Cronología. 1853-1895, ob. cit., p. 128).
[12] Se refiere a Camagüey por su antiguo nombre.
[13] En el artículo publicado en Bohemia, el 10 de junio de 1977, titulado “En el centenario de Juana Borrero”, Cintio Vitier considera a Esteba Borrero Echeverría como “uno de los caracteres más recios y de los talentos más polifacéticos de nuestro siglo XIX”.
[14] JM: “Carta a Manuel Barranco”, [Ocala, 14 de septiembre de 1893], EJM, t. III, pp. 407-408.
[15] Juana Borrero: Rimas, exergo del Conde Kostia (Aniceto Valdivia), La Habana, Establecimiento Tipográfico “La Constancia”, 1895, 31 p.
[16] “No se quiere ir de mi casa el tomito de Borrero. Allí está, pero las señoras, que lo supieron esconder, no saben hallarlo”. (JM: “Carta a Benjamín Guerra”, Jueves [Nueva York, 1891], EJM, t. II, p. 295.
[17] Julián del Casal: “Juana Borrero”, La Habana Literaria, t. III, año II, no. 13, La Habana, 13 de julio de 1892, pp. 4-8.
[18] Juana Borrero: Epistolario, recopilación y prólogo de Cintio Vitier, La Habana, Instituto de Literatura y Lingüística, 1966-67.
[19] Instituto Estrada Palma de enseñanza primaria y secundaria.
[20] El Porvenir.
[21] Miguel Castellanos. Véanse las dos breves notas que Martí escribió sobre “uno de los maestros más delicados y completos de1 arte del piano”. (“Nuestro Castellanos” y “Los discípulos de Castellanos”, Patria, Nueva York, 3 de febrero de 1894, no. 97, p. 3 (no aparece en la edición de las Obras completas) y 26 de enero de 1895, no. 146, p. 3; OC, t. 5, pp. 470-471.
[22] A raíz del fallecimiento de Juana Borrero le dedicó un bello poema, publicado en el periódico Patria.
[23] Juana Borrero: Poesías, ob. cit., p. 77.
[24] Ibíd., p. 79.
[25] Véase Elizabeth Mirabal Llorens: “Juana Borrero en el país de las sombras”, Los pintores escriben, prólogo de Mario Coyula, La Habana, Ediciones Boloña y Fundación Alejo Carpentier, 2012, pp. 179-210.
[26] Juana Borrero: Poesías, ob. cit., pp. 168-169.

