MOZART
Era cuando el trompeta
Alfredo ponía en casa todo el tiempo a Mozart,
en el gramófono, cuando
sonaba la aguja, chirrido agreste gris,
rompían las cuerdas graves o ligeras:
él guardaba mientras la trompeta
en la cajita féretro de niño,
daba vueltas al otro disco
con su gamuza redonda verde-gris.
Mozart Mozart el niño Mozart
primavereando inicios
vestidito de niño como no era
peluca polvo pantaloncito de siglo
dieciocho, recogido en lazo
el pelo atrás, y dentro, Mozart,
el niño Mozart, niño con nombre bautismal
goteándole la breve mano sabia
serafina en el bosque tintineando música,
follaje ligero en la mañana luz
carruaje alegre tropezando música
de seguir y seguir, rompiendo llantos lúgubres,
cóleras antediluvianas, diluvianas iras,
antes que se abriese la cripta, minease hondo,
cavase el grito hasta el silencio aullido
y cayese hecho trizas el humano hombro izquierdo,
antes antes oh antes, o por primera vez,
cuando la vida, y de puntillas, en el umbral,
los niños con gorro de dormir, quebróse
la pata el pajarito, lo supieron las violas,
una tristeza como de ángeles no supo nada
el telón, seguía volando ya sólo en la música,
atrás quedó la fiestecita regia,
el traje ajado, el clavicordio, el padre,
el teatrico lleno hasta no poder oír
lo que sigue tocando ya en la gloria
el niño Mozart.
1982
Tomado de Habana del centro (1997), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. II, pp. 50-51.

