EL JAMAIQUINO

     El jamaiquino remueve, en la olla de hierro, el machuquillo. “Yo no me he robado nada”.

     Las paredes, de suciedad solo, están mal trabadas y entra una ráfaga fría que quiere apagar el fuego y persigue las llamas entre las piedras renegridas. El jamaiquino lo alimenta de ramas secas. “Yo no me he robado nada”.

     El mar, gris, frío, otro mar de pronto, golpea agriamente en la arena. “Yo no sé nada”

—dice el jamaiquino—; “yo solo quiero irme”. Y se pone a soplar, sobre las hojas frescas del plátano, el machuquillo hirviente.

Eliseo Diego

Tomado de Divertimentos, dibujos de Roberto Diago, La Habana, Ediciones Orígenes, 1946, p. 79.